Homilias Católicas - Sermones, reflexiones, inspiraciones y meditaciones de los evangelios. 
Manifestaciones dominicales del Espíritu Santo desde el Sagrado Corazón de Jesús  Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único Evangelios Católicos, homilías - Mateo, Lucas, Marcos, Juan - Inspiraciones del Espíritu Santo

Año A  -  La Santísima Trinidad

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único Homilias Católicas - Sermones, reflexiones, inspiraciones y meditaciones de los evangelios - Inspiraciones del Espíritu Santo Juan 3:16-18

16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.
17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.
18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

Inspiración del Espíritu Santo - Desde el Sagrado Corazón de Jesús.

La Santísima Trinidad - Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único En el principio Dios creo los cielos y la tierra, también creó el hombre y la mujer en su imagen para su propia gloria.

Dios el Padre deseó esta creación, la cual fue traída a la existencia a través de mi palabra como Dios el Hijo, por el poder de nuestro Espíritu Santo. Esta es la primera manifestación de Dios como trinidad, un misterio que ha dejado perplejos a los hombres por miles de años.

Dios es espíritu puro. Dios es uno. Sin embargo este misterio no puede ser comprendido totalmente por los seres humanos hasta que se vuelvan uno con Dios en el Espíritu.

Toda la creación es el primer testigo persuasivo de la presencia de Dios el Padre, creador de todo lo que existe. Ninguno puede negar la existencia del creador, pero los hombres en vez de alabar a Dios por haberles traído a la existencia, pasan sus vidas ofendiéndole y negándose a sí mismos los derechos que Él les ha ofrecido como Sus hijos.

El pecado se ha vuelto una muralla entre Dios y los hombres, la oscuridad de la maldad hace que no llegue la luz de Dios a ellos.

Dios amó tanto al mundo que envió a su único Hijo, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna.

Yo vine al mundo para dar testimonio como la Palabra de Dios. Esta palabra es la emanación del espíritu que trae la claridad de la verdad; la luz que deshace la oscuridad, la pureza que quita los pecados, la vida de Dios dada a los hombres para que puedan obtener la vida eterna.

Yo no vine a condenar sino a salvar. Ustedes se condenan por sí mismos a la muerte eterna cuando viven en el pecado, pero Yo les ofrezco la vida eterna si creen en mí y me siguen.

Yo soy la verdad, y vine a dar testimonio de la verdad acerca de Dios. Aquellos que me reconocen, reconocen a Dios el Padre, y aquellos que viven en la verdad, viven en mí y en el Padre.

Vine al mundo para despertar a todos a las realidades de la conexión espiritual entre Dios y los hombres. Siendo creados en la imagen de Dios, ustedes son sus hijos, pero compartiendo el espíritu de Dios, ustedes deben de vivir una vida en Dios.

Cuando la maldad entra en el hombre, el Espíritu de Dios se tiene que ir. Entonces el espíritu maligno reina en el alma hasta que el arrepentimiento viene y le abre la puerta de nuevo a Dios para que entre y le purifique. Si los hombres no se arrepienten y cambian sus caminos malvados, están despreciando la verdad que les llama a vivir el camino que Dios ha dispuesto, en realidad, se están condenando a sí mismos.

Yo sufrí y morí para poder pagar por los pecados de toda la humanidad, para manifestar la misericordia de Dios que desea que todo el mundo sea salvado.

Como regalo de reconciliación entre Dios y los hombres, el Padre y Yo hemos enviado el Espíritu Santo al mundo para que les acompañe y les dé consejo, para que les purifique, les sane y les santifique.

El Espíritu Santo es el tercer testimonio de Dios en el mundo desde la creación; es el fuego de nuestro amor, que entra en el alma y da testimonio de nuestra presencia.

Bienaventurados son aquellos que anhelan el Espíritu Santo, ellos tendrán su recompensa por su buen deseo.

El fuego limpiará al mundo, el Espíritu Santo purificará con su santidad y la creación caída se levantará en la presencia del Señor.

Autor: José de Jesus y María

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