El Trabajo de Dios . Apostolado Católico    El Trabajo de Dios

EXAMEN DE CONCIENCIA
Traducido de: " Brother, save yourself "
by very Rev. James Alberione, S.S.P, S.T.D


[1]   Yo soy el Señor tu Dios. No tendrás dioses extraños.

[2]     No juraras el Santo nombre del Señor en vano.

[3]     Asistir a misa todos los Domingos y fiestas de guardar.

[4]     Honrar a Padre y Madre.

Honro y obedezco a mis padres?

[5]    No matarás.

[6]    No cometer adulterio

[7]    No hurtar.

[8]     No levantar falsos testimonios ni mentir

[9]     No desear la mujer del projimo

He consentido pensamientos impuros?

[10]     No desear los bienes ajenos.

Soy envidioso de las pertenencias de los demás?

 

Imprimatur:
+ Francis Cardinal Spellman
   Archbishop of New York
Nihil Obstat:
  John M.A. Fearns, S.T.D
  Censor Librorum

Si usted se da cuenta de que no está haciendo lo correcto, entonces arrepiéntace.
Venga al Señor con un corazón humilde y contrito.

Acto de contrición

*    *    *
Jesús instituyó el Sacerdocio el Jueves Santo después de la última cena, El también instituyó el Sacramento de Reconciliación o Penitencia en la tarde de la Resurrección cuando se le apareció a los Apóstoles y les dió el poder de perdonar los pecados. (también a los sacerdotes)

Juan 20:21-23
    21    Jesús les dijo otra vez: «La paz sea con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.»
    22    Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo.
    23    A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
 

Acerca de la confesión con el Sacerdote
Palabras de Jesús a la hermana Faustina Kowalska (Divina Misericordia)

Acto de Contrición

Señor mío Jesucristo

"Señor mío Jesucristo. Dios y Hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío. Por ser vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón haberte ofendido. Propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las ocasiones de ofenderte, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta.

Os ofrezco Señor mi vida, obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados. Así como os suplico, así confío en vuestra Divina Bondad y Misericordia Infinita. Me perdonareis por los méritos de vuestra Preciosa Sangre, Pasión y Muerte y me daréis vida y gracia para enmendarme y para perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Amen.

Amén".

Acerca de la Confesión con el Sacerdote


Palabras del Señor a la Hermana Faustina Kowalska de Polonia (beatificada)

Cuando tu vayas a la confesión, a esta fuente de  Misericordia; la Sangre y Agua que fluyó de my Corazón siempre fluye sobre tu alma... En el Tribunal de la Misericordia [El Sacramento de la Reconciliación] ... los milagros mas grandes toman lugar y se repiten  incesantemente ...Aquí la miseria del alma se encuentra con el Dios de Misericordia.
Vengan con fe a los pies de mi representativo... Yo mismo estoy esperandoles allí. Yo tan solo estoy escondido por el Sacerdote... Yo mísmo actúo en tu alma... Haz tu  confesión ante Mi.
La persona del Sacerdote es, para mi, solamente una  pantalla. Nunca analices que clase de Sacerdote es que Yo estoy usando; ábrele tu alma en la confesión como si lo hicieras conmigo, y Yo te llenaré con My Luz...
Así estuviera un alma como un cadáver descompuesto, de  tal manera que desde el punto de vista humano no hubiera esperanza de restauración y que todo ya estuviera perdido, no es así con Dios.
El milagro de la Divina Misericordia restaura esa alma en plenitud.... Desde esta fuente de Misericordia las almas atraen gracias solamente con la vasija de la confianza. Si su confianza es grande, no hay limite a mi generosidad.


Nuestro Señor ha enfatizado la necesidad de que nosotros vayamos a la confesión y de que le recibamos en la Sagrada Eucaristía para que podamos obtener los mas  grandes regalos de su Misericordia.

Como Católicos tenemos la fuente de Misericordia en el confesionario y en la Preciosa Sangre de la Eucaristía.

Proclamemos este mensaje.

Arriba

 

Redacción (Viernes, 06-04-2012, Gaudium Press) A continuación ofrecemos a nuestros lectores un modelo examen de conciencia de inspiración ignaciana, para aquellos que se preparan para una Confesión General.

Asimismo, el modelo a seguir puede ser usado para fortalecer la vida de piedad y para una mejor preparación para la confesión regular:

 

San Ignacio quiere que pidamos a Dios tres cosas:

• Interno conocimiento de mis pecados y aborrecimiento de ellos.

• Sentimiento del desorden de mis operaciones, para que las aborrezca y me enmiende y me ordene.

• Conocimiento del mundo para que lo aborrezca y aparte de mi las cosas mundanas.
Para todo esto servirá mucho el examen bien nuestra vida, no precisamente como quien hace examen para la confesión, sino para ver, además de nuestros pecados, el desorden que hay en todas nuestras acciones.

MODO DE HACER ESTE EXAMEN

Tienes que hacer desfilar delante de ti todo lo que compone la trama de tu vida: tu oficio o profesión con las ocupaciones que llevan consigo, tus obligaciones particulares, las personas con quienes tratas: amigos, sirvientes, supervisados, superiores... los sitios que frecuentas, en que empleas el domingo, cuáles son tus diversiones, tus peligros...

No te contentes con catalogar tus faltas. Procura averiguar cuál es, en la fortaleza de tu alma, el punto vulnerable por donde más fácilmente te puede derrotar el enemigo, la materia más frecuente de tus confesiones, el obstáculo mayor para tu santificación, aquel vicio, vencido el cual, todo lo demás quedaría allanado...

Procura darte cuenta de si avanzas o retrocedes..., si va decayendo el temple de tu espíritu..., si mejora tu carácter o va empeorando...

Para eso, no ti contentes con recorrer los puntos de este examen: lo esencial está en que contestes mentalmente a cada pregunta después de pensar un poco.

EXAMEN GENERAL DE CONCIENCIA PARA LA CONFESIÓN

1. Los Mandamientos

a. Los Diez Mandamientos de la Ley de Dios

1º AMAR A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS

1. ¿Sabes lo necesario para salvarte y cumplir tu deber? 
2. ¿Crees todo lo que enseña la Iglesia Católica? 
3. ¿Has pecado: sosteniendo ideas contrarias a ella (sobre el infierno, el Papa, la confesión, la libertad de cultos...) 
4. consintiendo en dudas contra la fe, o negando sus verdades; 
5. leyendo libres en contra de la religión; 
6. creyendo en supersticiones, adivinadoras, espiritistas? 
7. ¿Has pasado mucho tiempo sin rezar? 
8. ¿Te has desesperado o has hablado contra la Providencia? 
9. ¿Has criticado al Papa, los Obispos o Sacerdotes? 
10. ¿Te has confesado y has comulgado bien por lo menos una vez al año? 
11. ¿Has cometido sacrilegio: callándote pecados mortales en confesión a sabiendas y por vergüenza; 
12. comulgando en pecado mortal o sin estar en ayunas; 
13. recibiendo en pecado mortal algún otro sacramento (Confirmación, Matrimonio); 
14. profanando el templo, los objetos o las personas consagradas a Dios? 
15. ¿Has abusado de la bondad de Dios pensando: ya me confesare? 
16. ¿Te has avergonzado de ser católico: no atreviéndote a proceder como tal ante los demás; 
17. no queriendo mostrarte piadoso por respeto humano, 
18. dejándote arrastrar al mal por cobardía? 
19. ¿Perteneces a sociedades prohibidas? (comunismo, masonería, etc.)

2º NO JURAR SU SANTO NOMBRE EN VANO

1. ¿Has jurado con mentira o con duda? ¿Cuántas veces? 
2. ¿Has jurado vengarte? No te obliga y no debes cumplirlo. 
3. ¿Has jurado sin necesidad o por mala costumbre? 
4. ¿Has dicho blasfemias (contra Dios, la Hostia, la Virgen, los santos y las cosas sagradas)? ¿Cuántas veces? (Al ano, al mes, a la semana...) 
5. ¿Has dicho palabras irreverentes, chistes irreligiosos? 
6. ¿Has dejado de cumplir, pudiendo, algún voto que hiciste o alguna promesa grave? 
7. ¿Has maldecido o echado imprecaciones?

3º SANTIFICAR LAS FIESTAS

1. ¿Has perdido la Misa por tu culpa en domingo o día de fiesta? 
2. ¿Has llegado a ella después del Credo o te has marchado antes de la Comunión? 
3. ¿Te has distraído en Misa voluntariamente y has distraído también a los demás? 
4. ¿Has impedido a otros oír Misa? 
5. ¿Gastas todo el día de fiesta en diversiones? 
6. ¿Rezas mal, de prisa y por rutina? 
7. ¿Has trabajado en día de fiesta, en trabajos serviles más de dos o tres horas, sin necesidad? 
8. ¿Has hecho trabajar a otros?

4º HONRAR PADRE Y MADRE

HIJOS

1. ¿Has desobedecido a tus padres en cosas justas: 
2. no trabajando o no estudiando cuando y como te lo mandaban, 
3. llegando tarde a tus obligaciones, 
4. andando con malos compañeros, 
5. no apartándote de espectáculos y diversiones malas, 
6. no retirándote por la noche a la hora debida, 
7. no siguiendo sus consejos en lo referente a matrimonio, 
8. no cumpliendo su testamento y última voluntad? 
9. ¿Los has tratado con dureza y sin respeto, de palabra y de obra?: (Insultar, amenazar, maltratar...) 
10. ¿Has hecho llorar a tu madre? 
11. ¿Te has avergonzado de tus padres ante los demás? 
12. ¿Los socorres en sus necesidades? 
13. ¿Les ocultas parte de lo que ganas? 
14. Como subordinado: ¿has obedecido y respetado a tus superiores? (Profesores, jefes, abuelos, etc.). 
15. ¿Has trabajado todo lo que debías? 
16. ¿Has sido cómplice o encubridor de pecados de los superiores? 
17. ¿Eres fiel a ellos o has descubierto sus secretos y has contado chismes?

PADRES

18. ¿Procuras educar cristianamente a tus hijos: 
19. enseñándoles la doctrina cristiana, 
20. dándole ejemplo de buenas costumbres, 
21. corrigiéndolos y castigándolos cuando lo merecen (que leen, que hacen, que espectáculos y diversiones frecuentan) 
22. Vigilando para saber: adonde van, con quienes se juntan, 
23. preocupándote de que frecuenten los Sacramentos, lleven vida de piedad, se preparen un porvenir? 
24. ¿Te opones a la elección de estado de tus hijos? (Negándoles el permiso para entrar en religión o para casarse). 
25. ¿Los mimas demasiado y les concedes excesiva libertad e independencia? 
26. Respecto de tus hijas: ¿dejas que vistan mal? 
27. ¿Les permites ir solas con otros? (Coches, viajes...) 
28. ¿Les dejas tomar parte en diversiones malas? (Bailes, cines...) 
29. ¿Sabes los peligros que corren? (Al ir a trabajar a otra ciudad, durante el noviazgo, en la vida de universidad...)

30. Como superior: ¿vigilas por el cumplimiento de las leyes? (Salario justo, leyes sociales, obligaciones religiosas...) 
31. ¿Tratas a tus subordinados con soberbia? 
32. ¿Los tratas con injusticia? (En el repartir favores y cargas, atención a recomendaciones, postergando los negocios de los pobres, mandando cosas injustas...) 
33. ¿Has cumplido todas tus obligaciones con exactitud? (Como gobernador, alcalde, secretario, gerente, consejero, tutor, administrador...) 
34. ¿Evitas con entereza escándalos, robos, sobornos, venganzas, abusos, descuidos? ¿O los toleras con debilidad? 
35. ¿Te preocupas, con caridad cristiana, del bien de tus subordinados? (Evitar su perversión moral, procurar que cumplan sus deberes religiosos, Misa, confesión, etc.).

ESPOSOS

36. ¿Has maltratado a tu consorte de palabra o de obra? 
37. ¿Le has guardado la fidelidad que prometiste ante el altar? 
38. ¿Has conservado la paz y buena armonía, aun cediendo de tu derecho? ¿Le has dado algún disgusto grave? 
39. ¿Le has desautorizado delante de los hijos? 
40. ¿Le has desobedecido en cosa grave? 
41. ¿Has pasado varios días sin hablarle, disgustado? 
42. ¿Le entregas el dinero necesario para la macha de la casa? ¿O malgastas en vicios y vanidades? 
43. ¿Has impedido la obre de Dios en el matrimonio? 
44. ¿Te has ausentado mucho tiempo sin su consentimiento?

HERMANOS

45. ¿Tienes odio o aversión a tus hermanos? (Envidia...) 
46. ¿Has reñido con ellos seriamente? 
47. ¿Has estado varios días sin hablarles? 
48. ¿Has encubierto sus faltas a tus padres?

5º NO MATAR

1. ¿Has matado, herido o maltratado gravemente a otro? 
2. ¿Has desafiado o aceptado desafíos, o intervenido en ellos? 
3. ¿Has insultado o dañado de palabra a otros? 
4. ¿Tienes odio, rencor, aversión a alguna persona? 
5. ¿Perdonas al que te ofendió y pides perdón si tú ofendiste? 
6. ¿Has deseado mal al prójimo, o te has alegrado de la desgracia ajena? 
7. ¿Has dicho a tu prójimo injurias o maldiciones? 
8. ¿Tienes envidia o deseo de venganza? 
9. ¿Has hecho algo contra tu propia vida o tu salud? 
10. ¿Has abusado de la bebida hasta perder la razón? 
11. ¿Te has deseado a ti mismo la muerte? 
12. ¿Has pecado en lo referente al aborto? 
13. ¿Has escandalizado a otros: 
14. induciendo o enseñando a pecar: con malos ejemplos, conversaciones, libros, modo de vestir, posturas, diversiones..., 
15. induciendo a otros a jurar en falso, 
16. impidiendo asistir a Misa los domingos, 
17. dando ocasión o teniendo la culpa de que otros blasfemen? 
18. ¿Has hecho lo que estaba en tu mano para corregir y evitar los escándalos ajenos? (Por ejemplo, al oír blasfemar). 
19. ¿Te has burlado de otros o los has ridiculizado o criticado? 
20. ¿Remedias a los necesitados con tu caridad y tus limosnas?

6º NO FORNICAR, Y 9º NO DESEAR LA MUJER DE TU PRÓJIMO

Examina tus pensamientos, deseos, conversaciones, miradas lecturas y obras:

1. ¿Has consentido en pensamientos impuros, entreteniéndote advertidamente en ellos? ¿Cuántas veces? 
2. ¿Has tenido deseos deshonestos consentidos? ¿Cuántas veces? 
3. ¿Has sostenido conversaciones indecentes? (Cuentos, chistes o cantares obscenos...) ¿Cuántas veces? 
4. ¿Has mirado con mirada lujuriosa? (Objetos obscenos, imágenes, revistas, dibujos, películas...) ¿Cuántas veces? 
5. ¿Has leído algo deshonesto, pornográfico, o peligroso? 
6. ¿Has hecho algún acto impuro: ¿solo?, ¿acompañado?, ¿de distinto sexo?, ¿de qué estado?, ¿pariente? ¿Cuántas veces? 
7. ¿Te pones voluntariamente en peligro u ocasión próxima de pecar? (Ciertos bailes, espectáculos, personas, sitios, cines, televisión, novelas...) 
8. Si vas hacia el matrimonio, ¿cómo son tus relaciones: santas, puras, dignas, frívolas, peligrosas, por pasatiempo, con libertades, criminales? 
9. Si vives en el matrimonio: ¿abusas de él? ¿Impides su fruto? ¿Cuántas veces? 
10. ¿Luchas contra la fuerza de la pasión? ¿Procuras resistir a la tentación? ¿Acudes en ellas a Dios y a la Santísima Virgen? 
No olvides que, en esta materia, cualquier deleite carnal plenamente advertido y consentido es pecado grave. Únicamente por inadvertencia o por falta de consentimiento pleno dejara de haber pecado mortal en la materia directa de estos mandamientos. Las dudas en esta materia se deben consultar en particular con el confesor.

7º NO HURTAR, Y 10º NO CODICIAR LOS BIENES AJENOS

1. ¿Has robado algo ajeno en materia leve? 
2. ¿Has perjudicado gravemente a otros en sus bienes? (En su negocio, comercio, clientela, fortuna, hacienda...) 
3. ¿Has comprado o vendido con engaño? (En el peso, cantidad, calidad, medida, precio...) 
4. ¿Pagas lo justo (salarios, deudas, precios...), y cobras lo justo por tu trabajo? (Sueldos, ventas, negocios, prestamos...) 
5. ¿Has restituido, pudiendo, lo robado? 
6. ¿Has resarcido, pudiendo, el grave daño hecho? 
7. ¿Has comprado, a sabiendas, lo robado? 
8. ¿Has jugado cantidades grandes o que no son tuyas? 
9. ¿Has hecho trampas en el juego por ganar? 
10. ¿Has pasado billetes falsos? 
11. ¿Has sisado en las compras? 
12. ¿Derrochas el dinero en lujos y caprichos? 
13. ¿Te has dejado sobornar? ¿Aceptas dinero de negociantes o litigantes? 
14. ¿Retienes el dinero ajeno? (De legados, limosnas, pagos, jornales de obreros...) 
15. ¿Has cooperado de alguna manera a los robos ajenos? (Encubriéndolos, aconsejando, callando, ayudando, participando, no impidiendo...) 
16. ¿Sientes codicia excesiva, envidias a los ricos, y te quejas de Dios porque no te da más riquezas? 
17. ¿Has deseado robar al prójimo o perjudicarle en sus bienes? 
18. ¿Has tramado algo para apoderarte de lo ajeno? 
19. ¿Tratas de enriquecerte aprovechándote de la escasez o de la necesidad del prójimo? 
20. ¿Cumples con la justicia social, según tu posición? 
21. ¿Das limosnas proporcionadas a tus ingresos?

8º NO LEVANTAR FALSO TESTIMONIO NI MENTIR

1. ¿Has mentido con perjuicio grave para el prójimo? 
2. ¿Has murmurado? ¿De cosas de importancia? ¿También de dignidades eclesiásticas, autoridades políticas, superiores, etc.? 
3. ¿Has oído murmurar con gusto? 
4. ¿Has defendido la fama del prójimo, pudiendo? 
5. ¿Has descubierto sin causa faltas graves, aunque fueran verdaderas, de los otros? 
6. ¿Has levantado falso testimonio o calumniado? 
7. ¿Has juzgado mal del prójimo sin suficiente motivo? 
8. ¿Has revelado o descubierto secretos de importancia? 
9. ¿Has leído cartas ajenas, sabiendo que lo llevarían a mal? 
10. ¿Has querido enterarte de secretos, escuchando o de otro modo? 
11. ¿Has traído cuentos o chismes de unos a otros? 
12. ¿Has exagerado los defectos ajenos? 
13. ¿Has difamado o ridiculizado al prójimo? (De palabra, por escrito, por insinuaciones, infundiendo sospechas...) 
14. ¿Has restituido la fama pudiendo? 
15. ¿Has permitido murmurar cuando tenías obligación de impedirlo? 
16. ¿Has actuado de testigo falso?

b. Los Mandamientos de la Iglesia

1º OÍR MISA ENTERA TODOS LOS DOMINGOS Y FIESTAS DE GUARDAR 
¿Has dejado esos días de oír Misa sin causa suficiente?

2º CONFESAR, A LO MENOS, UNA VEZ AL ANO, O ANTES SI HAY PELIGRO DE MUERTE O SE HA DE COMULGAR 
¿Te has confesado bien por lo menos una vez al año? ¿Y en peligro de muerte?

3º COMULGAR POR PASCUA FLORIDA 
¿Cumpliste con Pascua todos los anos, comulgando bien a su tiempo? y si no, entonces, ¿comulgaste lo antes posible?

4º AYUNAR CUANDO LO MANDA LA SANTA MADRE IGLESIA 
¿Has ayunado los días señalados, pudiendo y no estando excusado? ¿Has guardado abstinencia, pudiendo?

5º PAGAR DIEZMOS Y PRIMICIAS A LA IGLESIA [Es decir, atender a las necesidades de la Iglesia, contribuyendo según las leyes y laudable costumbre de cada región - Canon 1502] 
¿Has dado para el culto lo que se acostumbre? ¿Eres generoso en sostener las obres buenas, de apostolado, Misiones, etc.?

2. Los pecados capitales

Soberbia. ¿Te dejas dominar de ella y fomentas sentimientos de vanidad y de orgullo? ¿Has saboreado deliberadamente los aplausos y alabanzas y has buscado eso con desorden? ¿Te contemplas con vanagloria? ¿Desprecias a los que te rodean? ¿Te envaneces por el puesto que ocupas?

Avaricia. ¿Piensas solo en los bienes de este mundo? ¿Sientes un ansia excesiva de enriquecerte por codicia? ¿Tienes demasiado apego al dinero?

Lujuria. ¿Buscas con afán y por sistema los refinamientos, placeres y comodidades? ¿Eres blando en tus costumbres, dejándote llevar de la carne en tus diversiones? ¿Abusas de la vida de bar, cine, baile?

Ira. ¿Te dejas llevar del genio y te enfadas con facilidad? ¿Soportas con paciencia las adversidades y molestias de los demás, y todo lo que te contraria?

Gula. ¿Procuras guardar orden y la debida moderación en el comer y en el beber? ¿Te dejas llevar de la bebida fácilmente? ¿Eres sensual y refinado con exceso?

Envidia. ¿Te domina la envidia y llevas a mal el que otros tengan más o sean mejores o más felices que tú? ¿Tienes anchura de corazón para saber alegrarte del bien ajeno tanto como del propio?

Pereza. ¿Has sido negligente y comodón en tus obligaciones? ¿Malgastas el tiempo en la ociosidad? ¿Te dejas de la pereza: al levantarte, en el trabajo, en tus descansos?

Patronos

1. ¿Tratas con caridad cristiana a tus obreros? 
2. ¿Los tratas como a esclavos o como a hermanos? 
3. ¿Les dejas tiempo conveniente para cumplir sus deberes religiosos? 
4. ¿Haces algo por el bien espiritual de tus obreros? 
5. ¿Les pagas el salario justo y conveniente? 
6. ¿Tienes en cuenta la doctrina social de la Iglesia en la organización de tu empresa? 
7. ¿Guardas con tus subordinados las leyes del Estado, las de la justicia y de la caridad? 
8. ¿Evitas cuanto puedes su perversión moral y los peligros de su alma? 
9. ¿Tienes cuidado especial por la formación cristiana y por la preservación de los aprendices? 
10. ¿Te das cuenta del estado de tu fábrica desde el punto de vista moral? ¿Conoces las condiciones de trabajo de los obreros? 
11. ¿Abusas de tu posición de la situación precaria del personal, de tu ascendiente sobre tus subalternos? 
12. ¿Tienes rectamente formada la conciencia profesional? 
13. ¿Te preocupa la moral en los negocios o prescindes por completo del aspecto moralidad? 
14. ¿Haces lo posible por mantenerte dentro de los justos límites al realizar los beneficios o te aprovechas de las circunstancias sin poner freno a la codicia? 
15. ¿Cumples con la justicia social, cooperando al remedio de las terribles circunstancias? 
16. ¿Derrochas criminalmente en lujo y ostentación? 
17. ¿Dedicas algún tiempo del día a tus deberes familiares o te dejas absorber por completo por tus negocios? 
18. ¿Guardas equidad en el reparto de cargos y provechos entre los supervisores, empleados y obreros? 
19. ¿Has permitido que se arreglen las cosas a capricho de los caciques que quieren aprovecharse? 
20. ¿Das a tus obreros ejemplo de patrono católico por tu piedad y tu moralidad?

Empleados

21. ¿Te hallas habitualmente bien dispuesto respecto de tus patronos? ¿Los miras sin aversión y sin odio? 
22. ¿Cumples fielmente con tu obligación de trabajar el tiempo debido? 
23. ¿Eres diligente en el trabajo y cuidas debidamente de las cosas de tus patronos? 
24. ¿Les haces daño en sus bienes con mala intención?
25. ¿Lo criticas con tus compañeros o amigos?
26. ¿Defiendes la honra de Dios sin dejarte llevar de miedo alguno? 
27. Conciencia profesional: ¿como la tengo formada y como actúo en el ejercicio de mi profesión? 
¿Doy el tiempo conveniente al trabajo? ¿A mi obligación? 
¿Se yo ver en mi trabajo la voluntad de Dios y lo tomo con espíritu cristiano y sobrenatural? 
¿Trabajo a conciencia, de lleno, con entusiasmo? 
¿Procuro solo cumplir y llenar el expediente? 
¿Sé buscar mi legítima satisfacción en el trabajo hecho con esmero y perfección? 
¿Tengo amor al trabajo o lo considero como una desgracia? 
¿Tengo conciencia clara de mis obligaciones? 
¿Tengo desarrollado el sentido de responsabilidad? 
¿Soy lento en el trabajo, remolón, flojo? 
¿Abuso de mi cargo, tomo lo que no es mío? 
¿Procuro hacer "cristiana" mi profesión, elevando mi trabajo a Dios por la intención y santificándolo por el esmero que ponga en hacerlo a conciencia? 
________________________________________

EXAMEN DEL TIEMPO

Cada día: hora fija para acostarme y hora fija para levantarme por la mañana. Comienzo del día: hora de empezar el trabajo (hechas las oraciones de la mañana) con puntualidad para hacerlo con exactitud.

Cada semana: hora de ir a misa, cristiano empleo de mi descanso.

Cada mes: retiro de perseverancia en el fruto de los Ejercicios: un día especial para mi conciencia y mi espíritu.

Cada año: actos anuales: vacaciones, Ejercicios en retiro, balance económico y espiritual del ano...

¿Aprovecho bien mi tiempo o lo pierdo?

¿Soy avaro del tiempo (que es más que oro) o lo despilfarro? (Conversaciones inútiles, ociosidad, languidez, disgregación de la atención, falta de plan de trabajo...

¿Lleno mi vida o la dejo pasar vacía e inútil?

¿Es para mí el tiempo un capital negociable que Dios pone en mis manos?

EXAMEN DE LAS OBLIGACIONES RELIGIOSAS

Instrucción religiosa: ¿está a nivel con mi cultura general y profana?

¿Conozco a fondo mi religión o he olvidado aun el catecismo?

¿He examinado el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica?

¿Qué tiempo dedico a la lectura de libros serios? (De formación, apologética, religiosos).

¿Como guardo las fiestas? ¿Me contento solo con la Misa pudiendo dedicar más tiempo a la piedad?

Oraciones de la mañana, con el ofrecimiento de obras.

Misa y comunión diarias: con qué preparación y con qué fruto espiritual que se note durante el día.

Mis oraciones: como las hago: por rutina, de prisa o con fervor, despacio, con esmero en rezar bien.

Meditación diaria, Rosario en familia, Visitas al Santísimo, Actos de la Congregación o Asociación.

Oraciones de la noche, con el examen de conciencia.

No demasiadas practicas piadosas, pero si sólidas y fundamentales.

¿Hago lo que puedo y debo, o podría hacer mucho más para cultivar mi piedad y cumplir mis obligaciones religiosas?

EXAMEN DE LAS MORTIFICACIONES

Sirven maravillosamente para forjar el carácter. 
Son una gimnasia, un entrenamiento, un deporte moral.

En el cuerpo: ¿Como aguanto el frío, el calor, el cansancio, las molestias pequeñas? ¿Domino mis sentidos: la vista, el oído (curiosidad)? ¿No podría practicar alguna penitencia conveniente?

En el entendimiento: ¿Soy terco o se doblegarme cuando debo?

En la imaginación: ¿La dejo fantasear o la domino con mana? ¿La excito con novelas y películas?

En la voluntad: ¿Se sufrir contrariedades y aguantar? ¿Se sonreír en la adversidad? ¿Me mantengo sereno en la desgracia?

En el corazón: ¿Freno mis vehemencias? ¿Controlo mis afectos: simpatías, manías, repugnancias, odios? ¿Vigilo mis ímpetus internos desconfiando del corazón ciego?

EXAMEN DE LA RIQUEZA

¿De dónde viene? (De ganancias justas o injustas, de fuente limpia o turbia).

¿En qué se va? ¿Doy lo necesario para lo necesario? ¿Doy lo conveniente para lo conveniente?

¿Gasto excesivamente en limosnas y obras buenas?

¿Qué dinero dejaré a mis hijos: ¿Saneado o amasado con lágrimas y arrebatado a otros?

¿Me sobra demasiado capital? ¿No podría emplear mejor mi dinero: con más orden, más cristianamente, más santamente?

EXAMEN DE LOS BIENES

Mi salud: ¿La cuido poco, o demasiado? ¿Soy aprensivo?

Tengo que repasar: mis comidas, bebidas, vestido, sueno, habitación...

Mi alegría: ¿Soy sanamente alegre? ¿Doy la importancia debida a un ambiente interior alegre, claro, risueño siempre?

¿Se combatir y reaccionar contra la fatal tristeza, engendradora del pesimismo derrotista?

Mi ciencia: ¿Cultivo mi inteligencia o la dejo atrofiarse lamentablemente? ¿Aumenta el depósito de mis conocimientos o vivo solo de rentas? ¿Me contento solo con una capa de barniz o busco un conocimiento profundo? ¿Me anima la curiosidad científica o me domina la curiosidad malsana? ¿Soy pedante y atrevido?

Mi fama: ¿Procuro merecer la buena fama con medios legítimos? ¿Soy ambicioso? ¿Me despreocupo con exceso de la opinión de los demás o soy su esclavo?

Estos bienes míos y otros: ¿Como los empleo? ¿Ordenadamente, según la voluntad de Dios? ¿No los podría usar de manera más útil y más virtuosa? ¿Como los podría ampliar? ¿Como los podría santificar?

¿Pienso en la cuenta que de todo ello he de dar a Dios?

EXAMEN DE LAS VIRTUDES

¿Qué cosas buenas tengo? ¿Reconozco en mí algunas virtudes? ¿Me doy cuenta de las que me son necesarias?

¿Cuáles son las que podría tener y no tengo?

Mi fe: ¿Es viva, apagada, muerta? ¿Instruida o ignorante? ¿Teórica o aplicada a toda mi vida?

Mi esperanza, mi ilusión, mis ideales: ¿Están todos en esta vida o en la otra?

Mi caridad: ¿Puedo decir con verdad que amo a Dios? ¿Solo cuando me salen bien las cosas? ¿Me ejercito en actos de amor de Dios?

Mi caridad con el prójimo: ¿Lo amo como a mí mismo? ¿Gozo haciendo el bien? ¿Me sacrifico por los demás? ¿Me gusta hacer favores? ¿O soy egoísta, interesado, replegado sobre mi mismo?

¿Tengo prudencia? ¿Procedo con reflexión, con calma, con ponderación? ¿O con demasiada prudencia?

¿Tengo justicia? ¿Doy a cada uno lo suyo, con rectitud, sin favoritismo, sin adulación?

¿Tengo fortaleza? ¿Soy ancho de corazón para comprender, valiente para empezar, magnánimo para ejecutar, constante para perseverar, entero para no cejar, tenaz para terminar? ¿O lo soy con exceso?

¿Tengo templanza? ¿Guardo moderación en las diversiones, templanza en los placeres?

¿Soy bondadoso, humilde, generoso, ecuánime?

EXAMEN DE LOS VICIOS

¿Cuál es el vicio que predomina en mí? ¿Qué costumbre mala tengo más arraigada? ¿Empiezo a tener algún vicio? ¿Lo descuido y lo voy dejando crecer? ¿Qué medios pongo para desarraigarlos? Los vicios principales son los siete pecados capitales.

Los peores vicios son la impureza, el juego y la embriaguez.

Los más fundamentales la soberbia y la pereza.

Los más comprometidos la codicia y la impureza.

Los más frecuentes...

Los medios para no caer en el vicio o salir de él son:

28. la oración y frecuencia de Sacramentos, 
29. la devoción a la Virgen, 
30. la constancia en luchar y resistir, 
31. el trabajo y ocupación continua, 
32. el huir de las ocasiones y peligros.

EXAMEN DE LOS PELIGROS

¿Tengo yo algunos peligros especiales de pecar? ¿Son inevitables o son voluntarios? ¿Qué podría hacer para alejar de mi el peligro si no puedo yo alejarme de él?

¿Qué cautelas tomo? ¿Cómo me fortalezco contra las tentaciones?

¿Huyo cuanto puedo de la ocasión de pecar?

¿Procuro hacerme imposible el pecado por falta de oportunidad?

¿Tengo conciencia da mi obligación de evitar los peligros de pecar?

Tengo que examinar: mis compañías, mis diversiones, cines, teatros, otros espectáculos, televisión, bailes, excursiones, fiestas de sociedad, noviazgo, vida de club, de bar...

En los peligros inevitables, cautela.

En los voluntarios el remedio es la huida.

EXAMEN DE LAS OMISIONES

Omisiones culpables, de cosas obligatorias. Omisiones inculpables, pero de obras buenas que podría haber hecho.

¿Qué ocasiones de hacer el bien tengo y dejo pasar?

¿No podría haber trabajado mas, estudiado más, mejor, con más método y actividad?

¿No podría haber hecho algún bien a los míos o a los extraños?

¿Me doy cuenta de mi responsabilidad por el bien que dejo de hacer? (Las miserias que puedo remediar, penas que puedo consolar, almas que puedo salvar.) ¿Me preocupa la idea de que nuestros actos nos siguen: somos víctimas de nuestro propio pasado y soy yo quien preparo mi propio porvenir feliz o desgraciado? ¿Dejo transcurrir mi vida estéril y voy acumulando omisiones, como cantidades negativas?

EXAMEN DE LAS DIVERSIONES

Las necesito y debo también santificarlas.

¿Qué tiempo doy a mis diversiones? ¿El conveniente o excesivo?

¿Qué clase de diversiones prefiero? ¿Las activas (deporte en sus mil formas) o las pasivas (tan fáciles como enervantes, sobre todo la televisión y el cine?

¿Qué orden puedo poner en mis diversiones? (Cantidad, clase, modo...)

Mis espectáculos: ¿abuso de ellos y de su facilidad y profusión?

Mis lecturas: ¿Leo solo novelas? ¿Como las leo? ¿Con que fin? ¿Sigo método en mi plan de lectura? ¿Tengo moderación? ¿Se interrumpir a tiempo?

EXAMEN DE AMISTADES Y REUNIONES

¿Las sé clasificar (pasajeras, amistosas, intimas, convenientes, inconvenientes...)?

¿Cómo las podría ordenar según Dios y santificarlas según su voluntad?

Mis conversaciones: ¿De qué hablo con más frecuencia? ¿Tengo temas tópicos o maniáticos? ¿Soy limpio y correcto al hablar? ¿Evito lo peligroso, lo poco caritativo, lo obsceno?


EXAMEN DE TODO

Mis amores y mis odios.

Mis libros y mis periódicos y mis revistas.

Mis canales y programas de televisión.

Mis debilidades y como las corrijo. (Respeto humano, flojedad, contemporización, inconstancia, volubilidad, vanidad, egoísmo, interés, descontento, alineamiento...)

Mis cosas; las de mi uso: mi habitación, mis muebles, mis utensilios, mis trajes y adornos...

Mis abusos y como los he de corregir. (Abusos en la comida, en la bebida, en el tabaco, en el juego, en los refinamientos, en el vestido, diversiones, lecturas y aficiones?

Mi celo y mi espíritu proselitista.

Todo lo bueno y malo que tenga.

Para confirmar y reforzar lo bueno.

Para podar y corregir lo malo.

Conocer toda mi vida y darme cuenta del estado de mi espíritu.

Conocer lo que hago y ver si puedo hacer mas y mejor.

Estudiar los medios que puedo emplear para evitar el vicio y el desorden, y para adelantar cada día mas en virtud y perfección.

FRUTOS DE ESTE EXAMEN

Lo que tienes que poner en claro es esto:

Primero, cuál es tu ocasión próxima de pecar mas peligrosa,

Segundo, cuál es tu defecto principal o tu pasión dominante,

Tercero, cuál es tu cualidad moral más aprovechable,

Cuarto, cuáles son los obstáculos especiales que tu encontraras para el servicio de Dios nuestro Señor,

Quinto, cuáles son los medios que vas a emplear para vencer esas dificultades particulares tuyas,

Sexto, qué virtud vas a cultivar con mayor interés, y

Séptimo, qué medios vas a utilizar para conseguirla.



EJEMPLOS DE VARIOS ESTADOS

Hasta ahora te he propuesto, amado cristiano, el camino que debes seguir y el modo de poderte levantar, si por desgracia cayeres, que es el sacramento de la Penitencia. Exige, sin embargo, este Sacramento mucha disposición para acercarse a él debidamente, porque, de otra suerte, en lugar de levantarte te hundirás más en la iniquidad, añadiendo a tus pecados el peso enorme del sacrilegio; y si así, mal confesado, te acercases a la sagrada Mesa, ¡ay de ti!, ¡qué otra nueva maldad cometerías! Te harías reo del Cuerpo y Sangre de Jesucristo, y te tragarías, como dice San Pablo, la condenación. A fin, pues, de apartarte de tan enorme delito, voy a referirte algunos ejemplos de varios estados, copiados de San Alfonso Ligorio en su libro titulado Instrucción al pueblo.

1er Ejemplo de un hombre que hacía malas confesiones, y después, cuando quiso confesarse debidamente, no pudo; porque bien lo expresa el mismo Dios cuando dice: Me buscaréis y no me hallaréis y moriréis en vuestro pecado. Dice San Ligorio que en los anales de los Padres Capuchinos se refiere de uno que era tenido por persona de virtud, pero se confesaba mal. Habiendo enfermado de gravedad, fue advertido para confesarse, e hizo llamar a cierto Padre, al cual dijo desde luego: -Padre mío: Decid que me he confesado, mas yo no quiero confesarme. -¿Y por qué?, replicó admirado el Padre. –Porque estoy condenado -respondió el enfermo-, pues no habiéndome nunca confesado enteramente de mis pecados, Dios, en castigó, me priva ahora de poderme confesar bien. Dicho esto comenzó a dar terribles aullidos y a despedazarse la lengua, diciendo: -¡Maldita lengua, que no quisiste confesar los pecados cuando podías! Y así, haciéndose pedazos la lengua y aullando horriblemente, entregó el alma al demonio, y su cadáver quedó negro como un carbón y se oyó un rumor espantoso, acompañado de un hedor intolerable.

2do. Ejemplo de una doncella, que murió también impenitente y desesperada.– Cuenta el Padre Martín del Río que en la provincia del Perú había una joven india llamada Catalina, la cual servía a una buena señora que la redujo a ser bautizada y a frecuentar los Sacramentos. Confesábase a menudo, pero callaba pecados. Llegado el trance de la muerte se confesó nueve veces, pero siempre sacrílegamente, y acabadas las confesiones, decía a sus compañeras que callaba pecados; éstas lo dijeron a la señora, la cual sabía ya por su misma criada moribunda que estos pecados eran algunas impurezas. Avisó, pues, al confesor, el cual volvió para exhortar a la enferma a que se confesase de todo; pero Catalina se obstinó en no querer decir aquellas sus culpas al confesor, y llegó a tal grado de desesperación, que dijo por último: -Padre, dejadme, no os canséis más porque perderéis el tiempo y volviéndose de espaldas al confesor se puso a cantar canciones profanas. Estando para expirar y exhortándola sus compañeras a que tomase el Crucifijo, respondió: -¡Qué Crucifijo, ni Crucifijo! No le conozco ni le quiero conocer. Y así murió. Desde aquella noche empezaron a sentirse tales ruidos y fetidez, que la señora se vio obligada a mudar de casa, y después se apareció Catalina, ya condenada, a una compañera suya, diciendo que estaba en los infiernos por sus malas confesiones.

3er Ejemplo de un joven.– En este ejemplo se deja ver claramente aquel principio: o confesión o condenación para el que ha pecado mortalmente, y que todas las obras buenas y penitencias, sin preceder la confesión, de nada sirven para salir del miserable estado de la culpa, a no ser que se tenga un deseo eficaz y verdadero de confesarse, si entonces no se puede. La razón es evidente: el pecado mortal tiene una malicia infinita; para curar esta llaga infinita es absolutamente necesario un remedio infinito; este remedio infinito son los méritos de Jesucristo aplicados por medio de los Sacramentos; resulta, pues, que si pudiéndose recibir los Sacramentos no se reciben, o a lo menos no se desean eficazmente recibir, para cuando se pueda jamás se alcanza el remedio, como desgraciadamente sucedió al infeliz Pelagio.
Cuéntase en la crónica de San Benito de un cierto ermitaño llamado Pelagio, que, puesto por sus padres a guardar ganados, todos le daban el nombre de santo, y así vivió por muchos años. Muertos sus padres, vendió todos aquellos cortos haberes que le habían dejado, y se puso a ermitaño. Una vez, por desgracia, consintió en un pensamiento de impureza. Caído en el pecado viose abismado en una melancolía profunda, porque el infeliz no quería confesarlo para no perder el concepto de santidad. Durante esta obstinación pasó un peregrino que le dijo: -Pelagio, confiésate, que Dios te perdonará y recobrarás la paz que perdiste, y desapareció. Después de esto resolvió Pelagio hacer penitencia de su pecado, pero sin confesarlo, lisonjeándose de que Dios quizá se lo perdonaría sin la confesión. Entró en un monasterio, en donde fue al momento muy bien recibido por su buena fama, y allí llevó una vida áspera mortificándose con ayunos y penitencias. Vino finalmente la muerte, y confesóse por última vez; más así como por rubor había dejado en vida de confesar su pecado, así lo dejó también en la muerte. Recibió el Viático, murió y fue sepultado en el mismo concepto de santo. En la noche siguiente, el sacristán encontró el cuerpo de Pelagio sobre la sepultura; lo sepultó de nuevo; mas tanto en la segunda como en la tercera noche, lo halló siempre insepulto, de manera que dio aviso al Abad, el cual, unido con los otros monjes, dijo: “Pelagio, tú que fuiste obediente en vida, obedece también después de la muerte; dime de parte de Dios: ¿Es quizá su divina voluntad que tu cuerpo se coloque en lugar reservado?” Y el difunto, dando un aullido espantoso, respondió: -¡Ay de mí, que estoy condenado por una culpa que dejé de confesar; mira, Abad, mi cuerpo! Y al instante apareció su cuerpo como un hierro encendido, que centelleaba horriblemente. Al punto echaron todos a huir; pero Pelagio llamó al Abad para que le quitase de la boca la partícula consagrada que aún tenía. Hecho esto, dijo Pelagio que le sacasen de la iglesia y le arrojasen a un muladar, y así se ejecutó.

4º Ejemplo de la hija de un rey de Inglaterra: este caso es muy semejante al que antecede. –Refiere el P. Francisco Rodríguez que en Inglaterra, cuando allí dominaba la religión católica: el rey Auguberto tenía una hija de tan rara hermosura que fue pedida por muchos príncipes. Preguntada por el padre si quería casarse respondió que había hecho voto de perpetua castidad. Pedio su padre la dispensa de Roma, pero ella permanecía firme en no aceptarla, diciendo que no quería otro esposo que a Jesucristo; tan sólo pidió a su padre que la dejase vivir retirada en una casa solitaria, y como el padre la amaba, trató de no disgustarla, asegurándole una pensión cual a su rango convenía. Luego que estuvo en su retiro, se puso a hacer una vida santa de ayunos, oraciones y penitencias; frecuentaba los Sacramentos y asistía muy a menudo a un hospital para servir a los enfermos. Llevando tal género de vida, y joven todavía, cayó enferma y murió. Cierta señora que había sido su aya, haciendo oración una noche, oyó un gran estrépito, y vio luego un alma en figura de mujer en medio de un gran fuego y encadenada por muchos demonios, la cual le dijo: “Has de saber que yo soy la desdichada hija de Auguberto.” “¡Cómo!”, respondió la aya, “¿tú condenada después de una vida tan santa?” “Justamente soy condenada por mi culpa”, has de saber que siendo niña gustaba que uno de mis pajes, a quien tenía afición, me leyese algún libro. Una vez este paje, después de la lectura, me tomó la mano y me la besó. Empezó a tentarme el demonio, hasta que finalmente con él mismo ofendí a Dios. Fui a confesarme; empecé a decir mi pecado, y mi indiscreto confesor me interrumpió: “¡Cómo! ¿Esto hace una reina?” Entonces yo, por vergüenza, dije que había sido un sueño. Empecé después a hacer penitencias y limosnas, a fin de que Dios me perdonase, pero sin confesarme. Estando para morir dije al confesor que yo había sido una gran pecadora; respondiome el confesor que debía desechar aquel pensamiento como una tentación; después expiré, y ahora me veo condenada por toda una eternidad.” Y diciendo esto desapareció con tal estruendo, que parecía que se hundía el mundo, dejando en aquel aposento tal hediondez, que duró por muchos días.
Si esta infeliz se hubiese acercado debidamente al Sacramento de la Penitencia, cantaría al Señor cánticos de alabanza en el cielo; mas ahora, por su despreciable y maldita vergüenza, sirve de tizón en el infierno… ¡Y cuántas personas hay de todo estado, sexo y condición que experimentarán igual castigo si no acuden contritas a este Sacramento!

5º Ejemplo de una casada, muy parecido al antecedente; también lo refiere San Ligorio. –Cuenta el P. Serafín Razzi que en una ciudad de Italia había una noble señora casada que era tenida por santa. A punto de morir, recibió todos los Sacramentos, dejando muy buena fama de su virtud. Su hija rogaba de continuo a Dios por el descanso de su alma. Cierto día, estando en oración, oyó un gran ruido a la puerta; volvió la vista y vio la horrible figura de un cerdo de fuego, que exhalaba un hedor insufrible, y tal fue su terror, que se hubiera tirado por la ventana; mas la detuvo una voz que le dijo: “Hija, detente; yo soy tu desventurada madre, a quien tenían por santa; mas por los pecados que cometí con tu padre, y que por rubor nunca confesé, Dios me ha condenado al infierno; no ruegues, pues, más a Dios por mí, porque me das mayor tormento.” Y dicho esto, bramando, desapareció.

Tal vez, amado cristiano, preguntaras: ¿Es posible que un alma condenada aparezca? A esto te responderé que sí, y para sacarte de la duda quiero explicarte las razones. Escúchame, pues, y vamos por partes: “¿Tú bien crees en las santas Escrituras y en el Credo?” “Cierto que si” me contestarás, o de lo contrario te diría que eres un hereje. Pues de la Escrituras y del Credo, consta que nuestra alma es inmortal. La razón natural nos está clamando que es preciso que sobreviva al cuerpo nuestra alma, para que el pecador pueda recibir de Dios el castigo de sus pecados, que no recibió en este mundo; y el justo, el merecido premio de sus virtudes; de otra suerte, Dios no sería justo. Y se presenta esto tan claro, que aun el mismo Rousseau lo confesó diciendo: “Aunque no existiesen otras pruebas de la inmortalidad de nuestra alma que el triunfo del mal y la opresión de la virtud acá en la tierra, ésta sólo me quitaría cualquier duda que tuviese de ella.” También sabes y crees, según el Credo, en la Remisión de los pecados, es decir que por muchos pecados que haya cometido una persona, si se confiesa bien de ellos, le quedan todos perdonados; pero si se muere sin haberse confesado debidamente, basta un solo pecado mortal para quedar condenado eternamente. Y así como la bien ordenada justicia de la tierra (que es una participación de la justicia del cielo) tiene cárceles y suplicios para encerrar y castigar a los malhechores, también la justicia del cielo tiene cárceles y suplicios en el purgatorio e infierno para los que mueren en pecado o no del todo purificados. Sentados estos principios, valgámonos de una semejanza: ¿Has visto u oído referir que a veces el juez o el tribunal decreta que uno de los presos sea expuesto a la vergüenza y que otro sea azotado por los parajes más públicos? Y no todos los demás presos han de salir a la vergüenza, ni cuando sale aquél lo ven todos los habitantes del mundo, ni aun todos los de aquella ciudad por donde es paseado, sino algunos. Aplica ahora la semejanza: Dios Nuestro Señor, Juez supremo y dueño absoluto de vivos y muertos, en cualquier hora puede ordenar, y algunas veces ha ordenado, que algunos de los encerrados en las mazmorras del infierno, para confusión suya y escarmiento y utilidad nuestra, salgan de aquella cárcel y se aparezcan del modo más conforme al fin por el cual les manda aparecer. Y cuando aparecen no es menester que todo el mundo los vea; basta lo vean algunos y éstos participen a los demás, para que, escarmentando todos en cabeza ajena, pongan un grande y especial cuidado en no hacer malas confesiones, y para que por medio de una confesión general, acompañada de un verdadero dolor y firme propósito, se enmienden y hagan de nuevo todas las mal hechas, para no tener que experimentar después la misma desgraciada suerte. Este es el fruto y utilidad que debes sacar de este y otros ejemplos.

6º Ejemplo de una señora que por muchos años calló en la confesión un pecado deshonesto.– Refiere San Ligorio, y más particularmente el P. Antonio Caroccio, que pasaron por el país en que vivía esta señora dos religiosos, y ella, que siempre esperaba confesor forastero, rogó a uno de ellos que la oyese en confesión, y se confesó. Luego que hubieron partido los Padres, el compañero dijo a aquel confesor haber visto que mientras aquella señora se confesaba, salían muchas culebras de su boca, y que una serpiente enorme había dejado ver fuera su cabeza; mas de nuevo se había vuelto dentro, y entonces vio entrar tras de ella todas las culebras que habían salido. Sospechando el confesor lo que aquello significaba, volvió al pueblo y a la casa de aquella señora, y le dijeron que al momento de entrar en la sala había muerto de repente. Por tres días consecutivos ayunaron y rogaron a Dios por ella, suplicando al Señor les manifestase aquel caso. Al tercer día se les apareció la infeliz señora, condenada y montada sobre un demonio en figura de un dragón horrible, con dos serpientes enroscadas al cuello, que la ahogaban y le comían los pechos; una víbora en la cabeza, dos sapos en los ojos, flechas encendidas en las orejas, llamas de fuego en la boca, y dos perros rabiosos que le mordían y le comían las manos, y dando un triste y espantoso gemido, dijo: “Yo soy la desventurada señora que usted confesó hace tres días; a medida que iba confesando mis pecados, iban saliendo como animales inmundos por mi boca, y aquella serpiente que el compañero de usted vio asomar la cabeza y volverse dentro, era figura de un pecado deshonesto que siempre había callado por vergüenza; quería confesarlo con usted, pero tampoco me atreví: por esto volvió a entrar dentro y con él todos los demás que habían salido. Cansado ya Dios de tanto esperarme, me quitó de repente la vida y me precipitó al infierno, en donde estoy atormentada por los demonios en figuras de horribles animales. La víbora me atormenta la cabeza por mi soberbia y demasiado cuidado en componerme los cabellos; los sapos me cierran los ojos, por las miradas lascivas; las flechas encendidas me lastiman las orejas, por haber escuchado murmuraciones, palabras y canciones obscenas; el fuego me abrasa la boca, por las murmuraciones y besos torpes; tengo las serpientes enroscadas al cuello que me comen los pechos, por haberlos llevado de un modo provocativo, por lo escotado de mis vestidos y por los abrazos deshonestos; los perros me comen las manos, por mis malas obras y tocamientos feos; pero lo que más me atormenta es el formidable dragón en que voy montada, que me abrasa las entrañas, y es en castigo de mis pecados impuros. ¡Ah, que no hay remedio ni misericordia para mí, sino tormentos y pena eterna! ¡Ay de las mujeres! –añadió-, que se condenan muchas de ellas por cuatro géneros de pecados: por pecados de impureza, por galas y adornos, por hechicerías y por callar los pecados en la confesión; los hombres se condenan por toda clase de pecados; pero las mujeres, principalmente por los cuatro.” Dicho esto, se abrió la tierra y se hundió esta desdichada hasta el profundo del infierno, en donde padece y padecerá por toda una eternidad.

Haz reflexión, cristiano, y entiende cómo Dios Nuestro Señor mandó salir a esta infeliz señora de la cárcel del infierno y que pasase por la vergüenza, para que los mortales supiesen la muerte que les esperaba si pecan y no se confiesan bien. Ojala sacases tú de la lectura de este ejemplo el fruto que otros han sacado, haciendo una buena confesión y enmendándote del todo. Un autor dice que este caso ha convertido más gente que doscientas cuaresmas. El misionero P. Jaime Corella hizo voto de predicarlo en todas las misiones, por el grande provecho que causaba a los fieles. Hasta un Prelado hizo una fundación para que en ciertos tiempos del año se predicase o se leyese este caso en la iglesia. Mas, ¡ay de ti si no te aprovechas de él! ¡Ay de ti si no confiesas todos tus pecados! ¡Ay de ti si, mal preparado, vas a recibir la sagrada Eucaristía! Mejor fuera que no hubieses nacido.

-EL QUE CALLA UN PECADO MORTAL REALIZA UNA CONFESIÓN SACRÍLEGA E INVÁLIDA-

Del Camino Recto y Seguro para llegar al Cielo, por San Antonio Mª Claret

 

 

 


Los diez Mandamientos     |     ^^^

El Trabajo de Dios
www.theworkofgod.org