Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 01/06/2014     lista

Visita al Santísimo

   
Visita al Santísimo - Meditaciones Eucaristicas

Este es nuestro encuentro íntimo con el Señor. Recostémonos en el pecho del Señor así como lo hacía San Juan el discípulo amado.
La Sagrada Eucaristía es el mayor tesoro de la iglesia. Aquí el Señor nos confirma su palabra, Yo estaré con ustedes hasta el fin del mundo.
Adorar el Santísimo Sacramento es dar testimonio de aceptación de la presencia real de Dios con nosotros, es dar testimonio del amor recibido, es corresponder al amor de Cristo que quiere bendecirnos y purificarnos. Es dar testimonio de que creemos las palabras de Jesús, Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos.
Adorar el Señor en el Santísimo Sacramento es una prolongación de la adoración que hacemos a Jesucristo en la Sagrada Eucaristía.
La Eucaristía es el corazón vivo del templo de Dios, es el verbo encarnado en la sustancia del pan y vino consagrado en el altar por el Sacerdote, el ungido de Cristo.
Estamos ante una fuente de agua viva que quita la sed de nuestras almas, estamos ante un sol invisible que penetra nuestra oscuridad y nos ilumina interiormente llenándonos de la gracia que necesitamos, estamos ante la presencia de Jesús, nuestro Señor y salvador, la puerta del cielo.
Estamos verdaderamente ante el portal del Paraíso terrenal que nos promete el Paraíso eterno.
Muchos son los ángeles y los santos que con nosotros adoran al Señor en su presencia eucarística . El velo que cubre nuestros ojos es ese humilde gesto que hace crecer nuestra fe.
El Señor dice vengan a mi todos los que estén cansados y atribulados, yo le daré descanso a sus almas. Vengamos hermanos a esta fuente de paz eterna, abramos el corazón al Dios que nos ha dado esta gran oportunidad de recibir sin medida.
Con el corazón abierto Jesús entra en nosotros y nosotros en El.
Estamos ante Jesús crucificado y hecho pedazos por nuestros pecados. Vengamos con un corazón arrepentido y contrito. Prometámosle estar listos más bien a morir que a ofenderlo con nuestro pecado otra vez.
Intercedamos por toda la humanidad, recemos por los pecadores, por todos nuestros enemigos.
Pensemos cuantas ofensas han sido hechas a su presencia eucarística en nuestros corazones, cuantas veces al recibirle en pecado mortal Jesús ha vuelto a revivir su pasión de nuevo, cuantos insultos, cuantas bofetadas, cuantas lágrimas para nuestro Señor, cuantos sufrimientos también para la Virgen María. Sintamos compasión y démosle consuelo, sanemos esas heridas que nosotros mismos hemos causado.
Jesús nos propone su perdón cuando estamos junto a El.
Nos invita a dejar el pecado y a recibir su misericordia.
El arca de la alianza contenía las tablas de la ley y un poco de maná bajado del cielo. Los israelitas rendían culto ante su presencia. Cuando el arca pasó a través de la tierra de los Betsamitas, cincuenta mil de ellos murieron por no respetar la presencia de Dios. Meditemos pues en la reverencia que tenemos que darle al pan de vida bajado del Cielo, la comida eterna para nuestras almas que se nos presenta en el tabernáculo. Igualmente meditemos en la Santísima Virgen María que es el tabernáculo de la Divinidad, la ciudad de Dios, el templo de su Gloria.
Meditemos en nuestras almas después de que recibimos la Sagrada Eucaristía y nos convertimos en tabernáculos vivientes de la Presencia de Cristo crucificado en nosotros.
Jesucristo fue crucificado en el calvario. Pero aquí en el Santísimo y en cada hostia consagrada está el Señor crucificado y cuando entra a un corazón en pecado es crucificado de nuevo, así que existen muchas cruces y muchos calvarios para el Señor en aquellos que lo reciben indignamente.
El Señor nos hace su invitación para que lo adoremos en espíritu y en verdad.
Adoremos entonces al Señor, y con todas las fuerzas de nuestro corazón, de nuestra mente y de nuestro espíritu hablémosle al Señor con la voz del alma que tanto le necesita.
El Señor nos responderá, y nos instruirá. Abramos el corazón. El Espíritu Santo como una brisa pasará instruyéndonos.

Habla el Señor:
Hijo mío, Hija mía
Me agrada que hayas venido a este encuentro tan íntimo conmigo. Mi corazón está abierto para ti. Todas mis riquezas están a tu disposición. Mi gracia fluye en abundancia para santificar tu alma, mi espíritu se regocija y te quiero llenar plenamente. Esta es una gran oportunidad que tu tienes para abrirme el corazón y recostarte en mi pecho.
Déjame sentirte cerca, aunque Yo soy tu Señor, el Todo Poderoso, en estos momentos soy tu gran amigo, tu consolación. Yo conozco toda tu debilidad, tus pecados y todas tus luchas, se todo lo relacionado con tus problemas, ahora no necesitas hablarme pues Yo se todas las cosas. En este momento deseo ver tu entrega total y quiero recompensarte con mi bendición abundante.
Descansa en mi, Yo te amo.

Notas:
Primer encuentro en la Capilla de Adoración al Santísimo Sacramento. Catedral de la Inmaculada Concepción, Armenia Quindío.

Fecha del encuentro, Jueves  29/05/2014

Autor: José de Jesús y María

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