Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 20/07/2014     lista

La cizaña

   
La cizaña - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 13:24 Otra parábola les propuso, diciendo: «El Reino de los Cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo.
25 Pero, mientras su gente dormía, vino su enemigo, sembró encima cizaña entre el trigo, y se fue.
26 Cuando brotó la hierba y produjo fruto, apareció entonces también la cizaña.
27 Los siervos del amo se acercaron a decirle: "Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo? ¿Cómo es que tiene cizaña?"
28 El les contestó: "Algún enemigo ha hecho esto." Dícenle los siervos: "¿Quieres, pues, que vayamos a recogerla?"
29 Díceles: "No, no sea que, al recoger la cizaña, arranquéis a la vez el trigo.
30 Dejad que ambos crezcan juntos hasta la siega. Y al tiempo de la siega, diré a los segadores: Recoged primero la cizaña y atadla en gavillas para quemarla, y el trigo recogedlo en mi granero."»

La palabra de Dios es Dios mismo, pues esa palabra le ha dado vida a su creación y la sostiene. Aparte de la creación material, Dios quiere alimentar su creación espiritual con palabras de vida eterna. Como dice el Centurión en el evangelio, Señor no soy digno de que entres en mi casa, y la Iglesia nos enseña en seguida "pero una palabra tuya bastará para sanarme."
Cuanto es el desánimo del Señor al ver que las semillas que planta son tan descuidadas por nosotros, que permitimos que la cizaña ahogue la palabra divina que entra al corazón y se confunda con ella.
Es muy desagradable cuando nosotros tratamos de hacer el bien y alguien pervierte nuestra intención. Pero será que nos detenemos a pensar que tan frustrante es para nuestro Señor plantar las semillas de su palabra en nuestro corazón y observar como permitimos que el enemigo las destruya?
Jesús es la palabra de Dios encarnada. Cuando recibimos la Sagrada Eucaristía estamos recibiendo su cuerpo, sangre, alma y divinidad. Estamos recibiendo la sagrada semilla que crece en nuestro interior, santificando el alma, ablandando nuestro corazón y purificando todo nuestro ser. Estamos recibiendo a Dios mismo en forma de semilla, que invisiblemente germina en nosotros y restablece la imágen divina que Dios creó en cada uno de nosotros. El Reino de lo cielos se compara a una hermosa granja donde se producen los alimentos que nos dan la vida. Como una semilla de mostaza que siendo muy pequeña crece para ser un árbol tan grande que hasta las aves del cielo se deleitan posándose en el. Es como si esta semilla de la Eucaristía se convierte en algo tan grande dentro de nosotros, pues es Dios mismo, que los ángeles y los santos del Cielo vienen a hacerle compañía.
El Señor permite que nuestra palabra y la palabra de los demás, incluyendo la perversa palabra que nos hace la tentación sea tan poderosa que opaque y silencie la Palabra de Dios en nuestro corazón. Esto es debido a que si no le damos la dignidad que merece el Señor deja que nuestro corazón se endurezca, por eso el mismo nos dice "Si hoy escuchas su palabra, no endurezcas tu corazón"
Pero cuando cuidamos esa huerta de su palabra, cuando la abonamos con nuestra caridad, cuando la regamos con el agua de nuestras buenas obras y cuando dejamos que el Espíritu Santo la fertilice reinando en nosotros, la Semilla Divina produce el fruto que Dios espera, "Sed santos como Yo soy Santo."
Tanta gente piensa que la santidad es solo para los santos que la Iglesia ha canonizado o para aquellos que hacen obras extraordinarias que son imposibles para nosotros, cuantos dudan de que la santidad sea para ellos..... Esto es no darle crédito a la Santa palabra de Dios que nos exhorta a la santidad.
Cuantos aún dudan del perdón de los pecados, cuantos dudan de la santidad del sacerdote para decirnos "Tus pecados son perdonados" y esto es porque no le han dado crédito a las palabras santas de Jesús:"Perdonad y sereis perdonados", "Los pecados que perdoneis serán perdonados". Cuantos dudan de la Presencia Real de Jesús en la Sagrada Eucaristía, esos mismos no créen las palabras de Jesús, "Comed de mi carne y bebed de mi sangre, Haced esto en memoria mía. Emanuel, Dios con nosotros, "Yo estaré con ustedes hasta el final de los tiempos."
Cuantos dudan de la Palabra de Dios y por eso no permiten que germine en su corazón. Que insulto tan grande a esa palabra que dijo: "Hágase la luz y la luz fué hecha."
Por esto hermanos y hermanas no podemos permitir que la cizaña crezca dentro de nosotros, debemos lavar nuestras almas constantemente con las lágrimas de nuestro arrepentimiento y la preciosa sangre de Cristo.
No existe nada más importante que Dios, todo lo demás es basura.
Busquemos afanosamente el Reino de los Cielos, en cuanto a lo demás Dios proverá.

Habla el Señor:
Jesús:
Hijo mío, abre tu corazón, déjate para entregarte a tu Dios. No dejes nada para ti, dámelo todo. Pues Yo te amo, te amo mucho y deseo ver el fruto de mi trabajo en ti, deseo ver que la semilla que he plantado en ti crezca y crezca mucho, que sea un árbol que de muchos frutos para mi placer y mi gloria. Deseo estar bajo tu sombra . Pues llamas un deseo hijo mío de que crezcas y seas aquél en quien Yo encuentro mi placer.
Quiero estar contigo, quiero pasar toda la eternidad contigo, te invito hijo mío para que seas espíritu, te invito para que camines conmigo en todo momento y te llenes de mi gracia y de mis bendiciones.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  17/07/2014

Autor: José de Jesús y María

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