Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 27/07/2014     lista

El tesoro escondido del Reino de los Cielos

   
El tesoro escondido del Reino de los Cielos - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 13:44 «El Reino de los Cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo que, al encontrarlo un hombre, vuelve a esconderlo y, por la alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra el campo aquel.» 45 «También es semejante el Reino de los Cielos a un mercader que anda buscando perlas finas, 46 y que, al encontrar una perla de gran valor, va, vende todo lo que tiene y la compra. 47 «También es semejante el Reino de los Cielos a una red que se echa en el mar y recoge peces de todas clases; 48 y cuando está llena, la sacan a la orilla, se sientan, y recogen en cestos los buenos y tiran los malos. 49 Así sucederá al fin del mundo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de entre los justos 50 y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el rechinar de dientes. 51 «¿Habéis entendido todo esto?» Dícenle: «Sí.» 52 Y él les dijo: «Así, todo escriba que se ha hecho discípulo del Reino de los Cielos es semejante al dueño de una casa que saca de sus arcas lo nuevo y lo viejo.»

El Reino de los cielos se asemeja a un tesoro escondido, pues los tesoros no son tan comunes y son tesoros porque la riqueza que proporcionan es inigualable. El deseo del hombre pobre es encontrar un tesoro, una fortuna que le ayude a mejorar su vida.
Dios nos ha puesto este tesoro escondido para que todos los que sepan buscar le puedan encontrar. No todos lo pueden encontrar fácilmente porque está escondido, está precisamente tapado con la tierra de nuestra humanidad, solo se puede encontrar cuando entramos en la vida espiritual. Nuestra naturaleza humana busca tesoros terrenos que se pudren, que son afectados por la polilla, que se corroen y los ladrones están pendientes de robarlos. Por eso el Señor nos viene a hablar de ese tesoro del Reino de los Cielos que no se deteriora, ni se pierde y que los ladrones no pueden tocar.
Ahí donde está tu tesoro, ahí está tu corazón. En el corazón de cada uno, está ese tesoro que es escondido a los demás, allí esta el amor a Dios, Jesús el tesoro de los tesoros, como lo más grande que podemos encontrar. Por eso el que lo encuentra se mueve humildemente en el silencio de su riqueza interior y busca continuamente crecer y disfrutar de los regalos que Dios ha puesto en su vida.
La Virgen María abrió las compuertas de los Cielos y bajó los tesoros de la divinidad, nos trajo a su hijo que es nuestro más grande tesoro.
Nos habla el Señor que el Reino de los Cielos es como un mercader que encuentra esta gran perla y vende todo lo que tiene para poseerla. Pues en realidad debemos desposeernos de todo lo que tiene valor terrenal para poder comprar esa perla de valor eterno.
Cuando nos habla de la red que se echa al mar y recoge todo tipo de peces, buenos y malos para el consumo, el Reino de los Cielos es esa pesca que hace el Señor al fin de los tiempos donde recoge lo que sirve y bota lo que no sirve. Pues los ángeles separarán los los malos de los justos y los echarán al horno de fuego eterno donde el gusano de su podredumbre no muere ni la llama que les quema se apaga.
Dice el Señor que todo discípulo del Reino de los Cielos es semejante a un dueño de casa que saca de sus arcas lo bueno y lo viejo, pues el que encuentra lo bueno quiere deshacerse de lo viejo, el que encuentra a Dios y lo hace su tesoro considera todo lo demás como basura.
Agrandemos ese tesoro interior con las buenas obras, ya que lo único que podemos llevar al cielo es el fruto de nuestras virtudes, la misericordia, la caridad y el amor al prójimo por el cual podemos demostrarle a Dios que lo amamos.

Habla el Señor:
La Santísima Virgen María
Hijo mío,
Te has consagrado a mi Inmaculado Corazón y lo que has hecho viviendo tu consagración es venir a vivir en mi corazón. Y de la misma manera Yo estoy viviendo en el tuyo.
Es muy sencillo: el Reino de los cielos está en cada uno de ustedes, es amar a Dios de tal manera que Dios viene a vivir en cada uno de ustedes. Y esto es un mensaje que el Señor le trajo a toda la humanidad, es un mensaje que es difícil de vivir para muchos, porque viven limitados por su intelecto, por su razonamiento y no permiten que el Señor haga estas cosas hermosas que el desea hacer. Yo te bendigo hijo mío.porque tu lo estás haciendo, y con estos regalos el Señor y Yo te pedimos que tu le ayudes a muchas almas. Tu las tienes en tus manos, pues con tus oraciones las acercas a Dios. Yo te bendigo hijo mío.

Jesús
Amado hijo,
Pon toda tu confianza en mi, camina siempre derecho, no mires para atrás ni para la derecha ni para la izquierda. Concétrate en mí, sígueme, sigue adelante que esta luz te está llamando. Este camino es para ti, continúa recorriéndolo porque al final me encontrarás en toda mi gloria y esplendor. Encontrarás el regalo que te he prometido, encontrarás la gloria de todos los hijos de Dios . Continúa hijo mío con perseverancia, con mucha fe entregado totalmente en la Divina Providencia. Confía en mí.


Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  24/07/2014

Autor: José de Jesús y María

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