Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 03/08/2014     lista

La multiplicación de los panes

   
La multiplicación de los panes - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 14:13 En aquel tiempo al enterarse Jesus de la muerte de Juan el Bautista, se retiró de allí en una barca, aparte, a un lugar solitario. En cuanto lo supieron las gentes, salieron tras él viniendo a pie de las ciudades.14 Al desembarcar, vio mucha gente, sintió compasión de ellos y curó a sus enfermos.15 Al atardecer se le acercaron los discíplulos diciendo: «El lugar está deshabitado, y la hora es ya pasada. Despide, pues, a la gente, para que vayan a los pueblos y se compren comida.»16 Mas Jesús les dijo: «No tienen por qué marcharse; dadles vosotros de comer.»17 Dícenle ellos: «No tenemos aquí más que cinco panes y dos peces.»18 El dijo: «Traédmelos acá.»19 Y ordenó a la gente reclinarse sobre la hierba; tomó luego los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición y, partiendo los panes, se los dio a los discípulos y los discípulos a la gente.20 Comieron todos y se saciaron, y recogieron de los trozos sobrantes doce canastos llenos.21 Y los que habían comido eran unos 5.000 hombres, sin contar mujeres y niños.

Jesús fue informado de la muerte de Juan Bautista y conmovido por esta pérdida, viajó en una barca para buscar un lugar solitario. A veces debemos hacer esfuerzos para estar solos, para tener un momento de silencio donde podemos meditar y contemplar la grandeza de Dios. Muchas veces ocurre que por causa de un gran problema o por un fracaso en la vida o la muerte de una persona cercana podemos ser motivados a recogernos en la presencia de Dios. Jesús nos enseña que el silencio es indispensable para la vida espiritual, es solamente en la quietud de nuestras pasiones y de todos nuestros sentidos que podemos tener un encuentro íntimo con Él. El ruido del mundo contamina el alma, pues a través de los sentidos y de las potencias: memoria, entendimiento y voluntad, el alma recibe mucho de la vida terrenal y compromete la unión con el espíritu. Es por eso nuestra tarea buscar el silencio interior a cualquier costo y alejarnos del mundo para poder estar más cerca de Dios que es Espíritu.

Las gentes salieros en busca de Jesús, pues habían escuchado su palabra en el sermón del monte, habían escuchado las bienaventuranzas y estaban realmente hambrientos de su palabra. Esta santa palabra de Dios nos causa mucha hambre espiritual, pues entre más la recibimos más necesitamos aprender y asemejarnos a ella que es Cristo mismo. El hambre de la palabra de Dios debe ser nuestra motivación a vivir en la presencia de Dios, pues el vive deseoso de comunicarnos su amor y sabiendo que somos criaturas débiles se apresura a escucharnos y a hablarnos, pues siente compasión.

Así fue que Jesús sintiendo compasión de aquellos que le seguían, curó sus enfermedades. Al acercarse la tarde los discípulos queriendo deshacerse de la multitud que seguía a su maestro, le pidieron que los despidiera para que se fuesen a sus casas porque ya era hora de comer. Sin embargo Jesús no quiso que se fueran, antes les dijo que les dieran de comer ellos mismos.
Miremos como Jesús no quiere alejarse de aquellos que le escuchan, realmente quiere quedarse a comer con ellos y a pasar el tiempo en su compañía. Jesús quiere que aquellos que desean escucharle siempre vivan en su presencia y se saturen de Él, le pide a sus discípulos que los alimenten, al igual que nos pide a cada uno de nosotros que le escuchamos, que alimentemos a nuestros hermanos menos avanzados en la vida espiritual. Por eso es que al ascender al cielo dijo "Id y predicad el evangelio a todas las naciones" . Todos los que somos bautizados pertenecemos al cuerpo de Cristo y debemos hacer esfuerzos por dar testimonio de nuestra vida en Cristo.

Luego Jesús hizo este gran milagro de la multiplicación de los panes y los peces que en primer lugar dió alivio a todos los que estaban cansados y hambrientos de la jornada de ese día. Con el pan alimentó y antes sobró comida para muchos que no estuvieron allí. Al multiplicar los peces, Jesús hace referencia a la multiplicación de sus seguidores, ya que a los discípulos hizo pescadores de hombres.
Pero el milagro más grande no está en lo físico, ya que Jesús es el pan de la vida y este fué un preludio de su más grande milagro que es la Eucaristía donde Él se convierte en el pan que alimenta nuestras almas y lo hace de una manera omnipresente, estando en cada pedazo o partícula de pan y vino consagrado con toda la plenitud de su divinidad y de su humanidad. Jesús es el alimento de nuestras almas, Jesús alimentó la multitud como inicio de este gran milagro eucarístico donde nos encontramos con su presencia, Jesús Eucaristía, Emanuel, Dios con nosotros.

Habla el Señor:
Presencia real en la Eucaristía
Jesús
Hijo mío:
Mi presencia en la Sagrada Eucaristía es tan real como mi presencia durante mi vida mortal.
Yo soy el Señor tu Dios, nada es demasiado maravilloso para mí, pues estoy en todas partes en tiempo y en eternidad.
Usando mi omnipotencia, hice este milagro en mi omnipresencia, el más grande de todos los milagros antes de mi resurrección, hice que mi cuerpo, sangre, alma y divinidad fueran creados en las especies consagradas del pan y del vino.
En la última cena pasé mi dignidad como Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec a todos los sacerdotes consagrados en mi Iglesia a través de la sucesión de Pedro.
Yo soy el pan de la vida que ha tomado forma en las simples especies del pan como mi cuerpo, y en las especies del vino como mi sangre, la Sagrada Eucaristía es mi verdadera presencia: "Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad".
Durante la Eucaristía se mezcla mi cuerpo con mi sangre para dar mi vida, mi alma y mi espíritu a todos los que me reciben con un corazón limpio.
Mi pan es verdadera comida para tu alma, mi sangre es verdadera bebida y fuente de gracia para tu alma y tu espíritu.
Yo soy el cordero de Dios, inmolado por los pecados del mundo, nadie puede tener vida eterna si no come de mi cuerpo y bebe de mi sangre.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  31/07/2014

Autor: José de Jesús y María

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