Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 17/08/2014     lista

Mujer, grande es tu fe

   
Mujer, grande es tu fe - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 15:21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. 22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: «¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.» 23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: «Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.» 24 Respondió él: «No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.» 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: «¡Señor, socórreme!» 26 El respondió: «No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.» 27 «Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.» 28 Entonces Jesús le respondió: «Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.» Y desde aquel momento quedó curada su hija.

Después de haber discutido con los fariseos, Jesús se fue a la región de Tiro y Sidón. Una mujer cananea que se encontró le decía, Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! mi hija está malamente endemoniada. Pero el no le respondió ninguna palabra.
Se le prohibía a los Israelitas mezclarse con los cananeos desde los tiempos de Abraham pues eran paganos. Esta mujer sin embargo se atrevió a venir a Jesús porque sabía que el la podía ayudar. Jesús la ignoró al principio, por esto los discípulos le pidieron que le condediera su petición. Jesús les contestó, No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Ella no obstante insistió y se postró ante él y le dijo: Señor socórreme. El le respondió, No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos. Si Señor repuso ella, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces Jesús le respondió: Mujer, grande es tu fe; que suceda como deseas. Y desde aquel momento quedó curada su hija.
Que hermoso es ver que Jesús escucha aún al pecador y al usurero como a Zacheus, al pagano como a esta mujer, al criminal como al ladrón en la cruz, a la prostituta como a María Magdalena, al leproso como a los diez leprosos a los que nadie quería acercarse. Jesús no mira ni juzga como juzgamos los seres humanos, el no mira el exterior sino el interior. Jesús solo busca que cualquiera se le acerque con humildad como lo hizo esta mujer al postrarse frente al él. Él es todo misericordia, compasión y clemencia, es Dios que solo quiere la salvación de toda la humanidad y que en realidad está deseoso de ese encuentro con cada uno de nosotros.
Es triste que en la mayoría de los casos solo venimos al Señor cuando la necesidad nos mueve a pedir al Todo Poderoso lo que está más allá de nuestras posibilidades humanas. Pues en los tiempos buenos nos olvidamos del Señor y somos desagradecidos, nuestra oración se convierte en un requerimiento que debemos cumplir, un precepto obligatorio que nos justifica ante Dios. Que triste concentrar la mayor parte de nuestra oración en pedir y pedir. Aunque por la Misericordia Divina recibimos constantemente sin merecer, es mucho mejor canalizar nuestra oración principalmente a la alabanza, al agradecimiento, a la adoración, la contemplación y la intercesión.
Es notable como esta mujer poseía gran fe y esto fue lo que causó la admiración de Jesús y su complacencia al concederle el milagro que buscaba, pero miremos que también aquí ocurrió que los apóstoles intercedieron por ella antes de que Jesús le respondiera.
Cuando pedimos un milagro debemos de venir al Señor primero que todo con mucha fe, también debemos venir postrados como esta mujer sin ningún mérito por el cual podamos justificar nuestra petición. Debemos de venir ante Dios con humillación y pobreza esperando las migajas que caen de la mesa de Nuestro Señor. Es entonces en ese momento humilde que tocamos el corazón de Dios que desea socorrernos cuando se detiene ante nuestra miserableza.
El orgullo no consigue nada y muchas oraciones pierden el poder de llegar al corazón misericordioso de Jesús porque están contaminadas con nuestro amor propio, nuestros intereses, nuestra osadía de no darle a Dios el crédito que merece al igualarnos a él como personas, olvidándonos de la dignidad de su gloriosa majestad. Además no nos detenemos en conseguir que no sea nuestra voluntad sino la de Dios. Pues en muchos casos venimos a darle instrucciones al Señor para que mejore nuestras vidas y nos de lo que queremos.
Además se nos olvida que antes de venir ante el altar, antes de presentarnos con alguna petición a su trono real, debemos de estar en paz con nuestros hermanos, pues el Señor dice; antes de presentar tu ofrenda ante el altar, si tienes algo en contra de tu hermano, reconcíliate primero y después trae tu ofrenda. Es imposible recibir de Dios sin antes estar en paz con Él, por eso le decimos; perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
Y como esperamos la Caridad Divina cuando nosotros mismos no somos caritativos? Que tan fácil es pedir y esperar de Dios cuando nosotros no le damos a tantos que nos piden y esperan de nosotros. Que tan ingenuo es esperar que alguien a quien no queremos nos de algo. Y así venimos ante Dios habiéndole faltado en el amor por no saber amar a nuestros hermanos.
El Señor dice, pedid y se os dará. Pero nos olvidamos que el nos ha pedido tantas cosas y no le hemos respondido. Entonces como podemos esperar que Dios que es justicia le de al que no le da a Él? El mismo nos ha dicho, dadle a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar, o sea que nos llama a estar en buenos términos con Él antes de venirle a pedir algo.

Habla el Señor:
226 Ningún lugar mejor para ti 14-Dec-95

El Padre Celestial:
Mi querido hijo, no existe mejor lugar para ti que mi presencia. No existe mejor compañía para ti que Yo, tu Dios. Yo soy el Señor tu redentor, la roca que te salva, Yo soy tu gozo.
Tu me has buscado y ahora disfrutas de mi presencia, Yo te he pedido muchas cosas y tú te haz entregado a mí, ahora tú puedes pedir y Yo te daré.
Tú me pediste lo más grande que cualquiera debería pedir, mi Espíritu Santo, y ahora mi Espíritu reposa sobre ti.
Estándo Yo en ti y tú en mí, tú estás seguro, haz encontrado el refugio de mi presencia, haz encontrado el gozo.
Lo que Yo te doy a ti se lo doy a todo el que busca.
Que la paz sea contigo hijo mío.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  14/08/2014

Autor: José de Jesús y María

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