Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 21/09/2014     lista

Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos

   
Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 20:1 «En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. 2 Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. 3 Salió luego hacia la hora tercia y al ver a otros que estaban en la plaza parados, 4 les dijo: "Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo." 5 Y ellos fueron. Volvió a salir a la hora sexta y a la nona e hizo lo mismo. 6 Todavía salió a eso de la hora undécima y, al encontar a otros que estaban allí, les dice: "¿Por qué estáis aquí todo el día parados?" 7 Dícenle: "Es que nadie nos ha contratado." Díceles: "Id también vosotros a la viña." 8 Al atardecer, dice el dueño de la viña a su administrador: "Llama a los obreros y págales el jornal, empezando por los últimos hasta los primeros." 9 Vinieron, pues, los de la hora undécima y cobraron un denario cada uno. 10 Al venir los primeros pensaron que cobrarían más, pero ellos también cobraron un denario cada uno. 11 Y al cobrarlo, murmuraban contra el propietario, 12 diciendo: "Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor." 13 Pero él contestó a uno de ellos: "Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? 14 Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti.15 ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?". 16 Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos.»

El Reino de los Cielos se asemeja a un contratista que en su poder tiene la forma de dar trabajo a muchos obreros, luego al llegar la hora del pago nos enseña sobre la justicia.

Dios es Justicia, la Justicia es esa virtud que nos enseña a darle a cada uno lo que es justo. A Dios debemos darle en Justicia todo el honor, el poder y la Gloria. Al prójimo debemos darle el respeto, el honor y el trato debido. Debemos tratar a los demás como queremos que nos traten a nosotros en cumplimento de la regla dorada.

En esta parábola Dios nos muestra que tan grande es su Justicia, no como la de los hombres, pues si bien paga lo justo a quienes han hecho su labor, también paga más de lo justo a los que solo trabajaron una parte del día. Su derroche en la justicia, en la bondad y en la misericordia va más allá de nuestro entendimiento. Esto lo hace para que seamos justos como Él es justo, buenos como el es bueno y misericordiosos como Él es misericordioso. Esto nos llama a ser santos como Él es santo.

Nosotros medimos con la vara de nuestra humanidad la cual está limitada por nuestro amor propio y nuestro egoismo. Dios mide con su amor que es infinito y perfecto, y así como piensa y actúa, tambien quiere que nosotros pensemos y actuemos. En esta parábola el Señor nos enseña que nunca es tarde para venir a Él. Claro que es mejor no esperar hasta el momento de la muerte para venir a su misericordia, pues debemos escuchar su llamado a tiempo y no abusar de su bondad.

Y en esta enseñanza vemos también el egoismo de aquellos que trabajaron desde la mañana y se sintieron robados cuando el Señor pagó igual a los que habían llegado en la tarde. Pues el Señor no mide el tiempo sino la intención del corazón, Él no está interesado en la cantidad sino en la calidad, y como es misericordioso se ve más atraido por el pecador que por el justo; pues el pecador está más necesitado y Él viene a darle abundantemente su divina misericordia.

El hombre justo puede caer fácilmente así que debemos de vivir nuestra vida con santo temor de Dios, por esto no debemos pensar que estamos muy bien ante el Señor, San Pablo nos dice que debemos trabajar para nuestra salvación con miedo y temblor, pues ante la Justicia Divina los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos.

Habla el Señor:
La Santísima Virgen María
Hijo mío,
Cuando tu aprendes de mi, te das cuenta de que Yo no era nada, de que Yo dependía absolutamente de la Divina Providencia, y esto me hizo diferente, pues esto era lo que marcaba mi humildad. Esto es lo que el Señor quiere de ti.
Por eso hijo mío, abandónate totalmente a la Divina Providencia con suprema confianza, no tengas miedo, no esperes nada, no quieras nada. Deja que el Señor quiera por ti, deja que el Señor decida por ti, deja que el Señor te guíe y te lleve por su camino.
Te bendigo hijo mío.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  18/09/2014

Autor: José de Jesús y María

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