Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 29/06/2014     lista

Corpus Christi - Pasaje de los Discípulos de Emaus

   
Corpus Christi - Pasaje de los Discípulos de Emaus - Meditaciones Eucaristicas

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos.
Joh 6:51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo."
Joh 6:52 Discutían entre sí los judíos y decían: "¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?"
Joh 6:53 Jesús les dijo: "En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros.
Joh 6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día.
Joh 6:55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
Joh 6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él.
Joh 6:57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí.
Joh 6:58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre."

El pan que Jesús compartió en la última cena es la Sagrada Eucaristía, su cuerpo, sangre, alma y divinidad. La consagración del pan y del vino continúa en la Iglesia a través de las manos del Sacerdote en este augusto sacramento, siguiendo la orden de Jesús "Haced esto en memoria mía".
Los sacerdotes son los ungidos del Señor, por la autoridad concedida a Pedro la piedra de la Iglesia, para la administración de los Sacramentos que nos unen al Señor. "Los pecados que perdonen serán perdonados, todo lo que amarres en la tierra será amarrado en el cielos"
Durante la consagración de la Eucaristía, se hace la fracción del pan o de la hostia en tres partes, esto se llama inmixtion o conmixtion.
El sacerdote dice en secreto: «El cuerpo y la sangre de Nuestro Señor Jesucristo, unidos en este cáliz, sean para nosotros alimento de vida eterna».
También dice en secreto estas palabras despues del canto del Cordero de Dios o Agnus Dei: "Señor Jesucristo, la comunión de tu Cuerpo y de tu Sangre no sea para mí un motivo de juicio y condenación, sino que, por tu piedad, me aproveche para defensa de alma y cuerpo y como remedio saludable."
Durante la comunión el sacerdote o el ministro de la Eucaristía dice El Cuerpo de Cristo. El que va a comulgar debe responder: Amén.
San Pablo dice: 1Co 10:17 Porque uno solo es el pan, aun siendo muchos, un solo cuerpo somos, pues todos participamos del mismo pan.
1Co 12:27 Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno a su modo.
Así este cuerpo que somos es el cuerpo de Cristo, El es la cabeza nosotros somos sus miembros.
En los primeros siglos se llamaba fracción del pan a la misa. Porque sin fracción del pan no habría comunión y sin comunión la misa sería un banquete sin comida.

Recordando el pasaje sobre los discípulos de Emaus:
Luk 24:28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante.
Luk 24:29 Pero ellos le rogaron insistentemente: "Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado." Entró, pues, y se quedó con ellos.
Luk 24:30 Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.
Luk 24:31 Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su vista.
Luk 24:32 Se dijeron uno a otro: "¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?"

Y es que la palabra de Dios debe arder en nuestro corazón.
Jeremías 20:9 Yo decía: "No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre." Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajaba por ahogarlo, no podía.

Cuerpo quebrantado de Jesús
Jesús es el pan de la vida. El nos ha dado a comer de su cuerpo, porque el es el Cordero de Dios en semejanza del cordero pascual que comían los Israelitas. Cuando se come la carne se debe separar de la sangre, pues la sangre es la que da vida. Jesús nos da su carne y su sangre como pan de vida. Cuando comemos este pan celestial estamos comiendo el cuerpo quebrantado de Jesús.
Los discípulos de Emaus estaban comentando sobre su encuentro con Jesús, de como sus corazones ardieron cuando le escuchaban relatar las Sagradas Escrituras y como ellos le habían reconocido en la partición del pan.
Cada vez que escuchamos la Palabra de Dios, o cuando atendemos la Santa Misa, tenemos un encuentro con Jesús, quien es la Palabra de Dios. Normalmente no le damos mucha importancia o simplemente leemos o escuchamos palabras sin meditar profundamente para entrar en lo que el Señor está tratando de decirnos. Talvez porque hemos escuchados las mismas palabras anteriormente.
No paramos a reflexionar en el sentido sobrenatural de las palabras de Jesús, quien nos da la comida para nuestras almas. Talvez estamos muy ocupados para darle honor a Aquel que tiene el poder de cambiar nuestras vidas.
Cuando escuchamos la Palabra de Dios, estamos escuchando la misma Palabra que dijo "hágase la luz", y la luz fue hecha. Estamos escuchándole a Aquel quien tiene el poder de crear, moldear, sostener, amar y proteger.
Jesús se apareció de nuevo a los discípulos y a los apóstoles, ellos estaban muy sorprendidos de ver a alguien que había muerto, y que ahora estaba vivo, ellos no estaban seguros si El era real o tan solo una visión, por esto es que Jesús les mostró las manos y los pies que habían sido perforados, El les invitó a que le tocaran, creyeran en El y verdaderamente les confirmó que El era muy real al pedirles algo para comer.
La razón por la cual ellos no le reconocieron y dudaron, es porque Jesús se les apareció en su cuerpo glorificado, y aunque era El, ellos no le habían puesto suficiente atención a las escrituras que hablaban de sus sufrimientos y muerte y de que el resucitaría de los muertos. Jesús regresó para confirmar todo eso y para reasegurarles de que El estaba aún con ellos.
Dios es Espíritu, Jesús está todavía presente con nosotros en su Santa Palabra y también sacramentalmente. El nos invita a ponderar su palabra y a venir a El, a tocarle, a creer en El y a poner toda nuestra confianza en El, aunque nosotros solo le podemos ver a través de los ojos de nuestra fe. El le dijo a los discípulos y a los apóstoles que el arrepentimiento y el perdón de los pecados deberían de ser predicados en su nombre a todas las naciones, empezando por Jerusalén.
Cuando escuchamos la Palabra de Dios y entendemos su urgencia, El Espíritu Santo inflama nuestros corazones con deseo ardiente de trasmitir nuestra fe.
Hay algunos que todavía no le dan suficiente crédito a la Palabra de Dios, otros aman la Palabra de Dios pero no pueden reconocerle en la partición del pan. Jesús está verdaderamente presente en la partición del pan, cuando el sacerdote ungido dice las palabras de la consagración y parte el pan en el altar.
Que tan afortunados somos, Dios está con nosotros, Emmanuel. Los discípulos de Emaus estaban comentando sobre su encuentro con Jesús, de como sus corazones ardieron cuando le escuchaban relatar las Sagradas Escrituras y como ellos le habían reconocido en la partición del pan.
Que tan afortunados somos, Dios está con nosotros, Emmanuel

Habla el Señor:
Amadísimo hijo:
Eres un fuego ardiente de adoración, eres una hoguera a la cual Yo vengo a recibir calor y luz. Si hijo mío, te haz vuelto un espejo de mi divinidad porque eso es lo que Yo he creado inicialmente. Te despojaste de toda mi luz por causa de tus pecados, sin embargo te haz limpiado poco a poco con mi palabra, te haz limpiado con tu arrepentimiento y con tus lágrimas. Y por eso estás aquí ahora con ese privilegio de estar cara a cara conmigo.
Escúchame, escucha todas mis palabras que son vida eterna. Yo te bendigo continuamente, para que tu seas un portador de mi palabra, para que tu toques muchos corazones con mis palabras, para que seas esa extensión de mi vida y me glorifiques.
Yo te bendigo.

Hijo mío:
Consagra este día a mi amor. Que este día sea para extender mis bendiciones a muchas personas.
Abrázalos a todos con tu espíritu, levántalos a todos ante mi Presencia, usa ese poder del espíritu que tu tienes como hijo de Dios, porque nada es imposible para Dios. Así que crece hijo mío en tu fe. Vive esa fe en tus palabras, en tus oraciones, en tus actos y vive con plena confianza en el Señor tu Dios que te ama tanto. Te bendigo hijo mío.

Durante adoración en el grupo ante el Santísimo Sacramento
Hijo mío:
Tu eres fuego, tu eres espíritu, tu eres luz.
Así como you he puesto mi presencia en ti, la he puesto en cada ser humano.
Yo quiero que ustedes sean la luz del mundo, que ustedes lleven ese calor de la caridad y del amor a todos los demás.
Yo quiero que ustedes sean la luz para todos aquellos que caminan en la oscuridad.
Yo quiero que ustedes sean vida, así como Yo soy vida.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  26/06/2014

Autor: José de Jesús y María

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