Meditaciones Eucarísticas  -  Domingo 06/07/2014     lista

Revelación a los humildes

   
Revelación a los humildes - Meditaciones Eucaristicas

Mateo 11:25 En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.
26 Sí, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito.
27 Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
28 «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso.
29 Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.
30 Porque mi yugo es suave y mi carga ligera.»

Ojos no han visto ni oídos han escuchado las maravillas del Reino de los Cielos. Hermosas cosas revela Dios a los humildes de corazón que siendo como niños aprenden a recibir la leche espiritual que les alimenta para la eternidad. Grandes son los tesoros que encuentra aquél que abre el corazón a Dios con humildad, pues es portador de las llaves del Reino de los Cielos y puede abrir la puerta y entrar, y todas las riquezas de Dios son suyas por herencia como hijo amado.
Los hijos del mundo son ciegos y sordos, solo ven lo material, no tienen tiempo para Dios, pues su Dios es el amor propio, el afán de conseguir riquezas, honores y también el deseo de complacer sus sentidos hasta llegar al hedonismo.
El amor propio es el más grande enemigo del alma, pues como veneno invisible que complace y deleita lleva la ponzoña del enemigo y destruye la relación con Dios.
Los sabios del mundo solo ven con la sabiduría de la tierra la cual tierra es, tan solo merece el desprecio de Dios. Pues la Sabiduría Divina es infinita e incompresible, y es dada a los que la aprecian y viven para ella, pues su objetivo es poseer el más grande bien que es Dios mismo.
Dios el Padre se deleita en la humildad de su hijo, se complace en él y en todos aquellos que se vuelven como él. En su hijo nos ha entregado su Reino y el camino para llegar a él.
Todo el que conoce a Jesucristo conoce también al Padre, pues el Hijo nos revela al Padre. Jesús nos revela todo su amor y caridad en la cruz. Es por eso que viniendo a Jesús crucificado tenemos esa gran experiencia de su amor misericordioso. Sintiendo ese amor infinito nos llenamos de el y encontramos alivio y descanso para nuestras almas. Pues ese alivio que Jesús nos da es la reconciliación con Dios el Padre, algo que se convierte en nuestra paz y felicidad.
Pues el yugo del pecado nos hace esclavos del demonio y nos lleva por el camino de la perdición; fatiga y enferma nuestras almas hasta el punto de atraer la Misericordia Divina, por eso Jesús nos hace su llamado a venir a él para descargar todas nuestras cargas. A cambio nos ofrece el yugo de su amor que es dulce, y la cruz que es liviana y fácil de llevar cuando comprendemos y hacemos la voluntad de Dios.
Para imitar a Cristo, Él nos invita a aprender de él, a ser mansos y humildes de corazón.
La mansedumbre es una virtud que como fruto del Espíritu Santo, vence la ira, la impaciencia, la intolerancia, la violencia y todo que hace al hombre inclinarse a su naturaleza animal. El Señor nos dice que los mansos poseerán la tierra.
Ser humilde de corazón es entender que tan grande es Dios a comparación de la criatura y hace que el alma se comporte con mucha pequeñez y docilidad en imitación de su divino maestro. No existe otro camnio para la santidad que vivir sobre la plataforma de la humildad.

Habla el Señor:
Relájate hijo mío. Ven con confianza al Señor tu Dios. Yo soy tu Padre amado, yo te escucho cuando tu vienes a mi con la inocencia de un niño. Por eso es que he dicho vengan a mi todos los niños porque de ellos es el Reino de los Cielos, no les impidan que se acerquen a mi. Por eso te pido que seas pequeñito, que sientas que necesitas a tu Padre, ven con confianza hijo mío, de esa manera tu eres pequeñito y Yo soy tu Padre grande que te ama. Te bendigo.

La Virgen María
Hijo mío,
Yo quiero que tu te des cuenta que eres nada.
Todo lo que tienes, todo lo que tu eres es porque Dios lo permite. Mírate siempre con esa pequeñez, mírate siempre con humildad .
Y de esa manera te sentirás muy necesitado de tu Señor. Y recuerda que como un niño pequeñito tu debes de venir también a tu Madre para que ella te cuide y te proteja.
Aquí estoy hijo mío para hacer eso por ti, pues Yo te amo mucho.

Notas:


Fecha del encuentro, Jueves  03/07/2014

Autor: José de Jesús y María

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