Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
Index

  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsQue en la creación de todas las cosas el Señor tuyo presentes a Cristo Señor nuestro y a su Madre Santísima y eligió y favoreció a su pueblo, figurando estos Misterios.

  INDICE            Libro  1   Capítulo  11    Versos:  134-163


134. En el capítulo 8 de los Proverbios (Prov., 8, 30), dice
la Sabiduría de sí misma que en la creación de todas las
cosas se halló presente con el Altísimo componiéndolas
todas. Y dije arriba (Cf., supra n. 54) que esta Sabiduría
es el Verbo humanado, que con su Madre Santísima
estaba presente, cuando en su Mente Divina
determinaba Dios la creación de todo el mundo; porque
en aquel instante no sólo estaba el Hijo con el Eterno
Padre y el Espíritu Santo en unidad de la naturaleza
Divina, pero también la humanidad que había de tomar
estaba en primer lugar de todo lo criado, prevista e
ideada en la mente Divina del Padre, y con la humanidad
de su Madre Santísima que la había de administrar de
sus purísimas entrañas. Y en estas dos personas estuvieron
previstas todas sus obras, de que se obligaba el
Altísimo para no atender a nuestro modo de hablar a
todo lo que el linaje humano podía desobligarle, y los
mismos Ángeles, para que no procediese a la creación de
todo lo restante de él y de las criaturas que para servicio
del hombre estaba previniendo.
135. Miraba el Altísimo a su Hijo Unigénito humanado y
a su Madre Santísima, como ejemplares que había
formado con la grandeza de su sabiduría y poder, para
que le sirviesen como de originales por donde iba
copiando todo el linaje humano; y para que, asimilándole
a estas dos imágenes de su Divinidad, todos los demás
saliesen también mediante estos ejemplares semejantes
a Dios. Crió también las cosas materiales necesarias
para la vida humana, pero con tal sabiduría, que también
algunas sirviesen de símbolos que representasen en
algún modo a los dos objetos a quien principalmente él
miraba y ellas servían: Cristo y María. Por esto hizo las
dos lumbreras del cielo, sol y luna (Gén., 1, 16), que en
dividir la noche y el día se señalasen al Sol de Justicia
Cristo y su Madre Santísima, que es hermosa como la
Luna (Cant., 6, 9), y dividen la luz y día de la gracia de la
noche del pecado; y con sus continuas influencias
iluminan el Sol a la Luna y entrambos a todas las
criaturas desde el firmamento y sus Astros y los demás
hasta el fin de todo el universo.
136. Crió las demás cosas y les añadió más perfección,
mirando que habían de servir a Cristo y a María
Santísima, y por ellos a los demás hombres, a quienes
antes de salir de su nada les puso mesa gustosísima,
abundante, segura y más memorable que la de Asuero
(Est., 1, 3); porque los había de criar para su regalo y
convidarlos a las delicias de su conocimiento y amor; y
como cortés Señor y generoso no quiso que el convidado
aguardase, mas que fuese todo uno el ser criado y
hallarse sentado a la mesa del Divino conocimiento y
amor, y no perdiese tiempo en lo que tanto le importaba
como reconocer y alabar a su Hacedor.
137. Al sexto día de la creación, formó (Gén., 1, 27) y
crió a Adán como de treinta y tres años, la misma edad
que Cristo había de tener en su muerte; y tan parecido a
su Humanidad Santísima, que en el cuerpo apenas se
diferenciaban y en el alma también le asimiló a la suya; y
de Adán formó a Eva tan semejante a la Virgen, que la
imitaba en todas sus facciones y persona. Miraba el
Señor con sumo agrado y benevolencia estos dos retratos
de los originales que había de criar a su tiempo; y por
ellos les echó muchas bendiciones, como para
entretenerse con ellos y sus descendientes mientras
llegaba el día en que había de formar a Cristo y a María.
138. Pero el feliz estado en que Dios había criado a los
dos primeros padres del género humano duró muy poco,
porque luego la envidia de la serpiente se despertó
contra ellos, como quien estaba a la espera de su
creación; aunque Lucifer no pudo ver la formación de
Adán y Eva como vio todas las otras cosas al instante que
fueron criadas, porque el Señor no le quiso manifestar la
obra de la creación del hombre, ni tampoco la formación
de Eva de la costilla, que todo esto se lo ocultó Su
Majestad por algún espacio de tiempo, hasta que ya
estaban los dos juntos. Pero cuando vio el demonio la
compostura admirable de la naturaleza humana sobre
todas las demás criaturas, la hermosura de las almas y
también de los cuerpos de Adán y Eva, y conoció el
paternal amor con que los miraba el Señor y que los
hacía dueños y señores de todo lo criado y les dejaba
esperanzas de la vida eterna, aquí fue donde se
enfureció más la ira de este dragón y no hay lengua que
pueda manifestar la alteración con que se conmovió
aquella bestia fiera, ejecutándole su envidia para que les
quitase la vida; y como un león lo hiciera, si no conociera
que le detenía otra fuerza más superior; pero confería y
arbitraba modo como los derribaría de la Gracia del
Altísimo y los convertiría contra Él.
139 Aquí se alucinó Lucifer; porque el Señor,
misteriosamente, como desde el principio le había
manifestado que el Verbo había de hacerse hombre en el
vientre de María Santísima, y no le declarando dónde y
cuándo, por eso le ocultó la creación de Adán y
formación de Eva, para que desde luego comenzase a
sentir esta ignorancia del Misterio y tiempo de la
Encarnación. Y como su ira y desvelo estaban prevenidos
señaladamente contra Cristo y María, sospechó si Adán
había salido de Eva y ella era la Madre y él era el Verbo
humanado. Y crecía más esta sospecha en el demonio,
por sentir aquella virtud Divina que le detenía para que
no les ofendiese en la vida. Mas, como por otra parte
conoció luego los preceptos que Dios les puso que éstos
no se le ocultaron, porque oyó la conferencia que tenían
sobre ello Adán y Eva salía a poco a poco de la duda y
fue escuchando las pláticas de los dos padres y
tanteando sus naturales, comenzando luego, como
hambriento león, a rodearlos (1 Pe., 5, 8) y buscar
entrada por las inclinaciones que conocía en cada uno de
ellos. Pero hasta que se desengañó del todo, siempre
vacilaba entre la ira con Cristo y María y el temor de ser
vencido de ellos; y más temía la confusión de que le
venciese la Reina del Cielo, por ser criatura pura, y no
Dios.
140. Reparando, pues, en el precepto que tenían Adán
y Eva, armado de la engañosa mentira entró por ella a
tentarles, comenzando a oponerse y contravenir a la
Divina voluntad con todo conato. Y no acometió primero
al varón sino a la mujer, porque la conoció de natural
más delicado y débil y porque contra ella iba más cierto
que no era Cristo; y porque contra ella tenía suma
indignación, desde la señal que había visto en el cielo y
la amenaza que Dios le había hecho con aquella mujer.
Todo esto le arrastró y llevó primero contra Eva que
contra Adán. Y arrojóle muchos pensamientos o
imaginaciones fuertes desordenadas antes de
manifestársele, para hallarla algo turbada y prevenida. Y
porque en otra parte tengo escrito algo de esto , no me
alargo aquí con decir cuán esforzada e inhumanamente
la tentó; basta ahora, para mi intento, saber lo que dicen
las Escrituras santas, que tomó forma de serpiente (Gén.,
3, 1) y con ella habló a Eva, trabando conversación que
no debiera; pues de oírle y responderle pasó a darle
crédito y de aquí a quebrantar el precepto para sí; y al
fin persuadir a su marido que le quebrantase para su
daño y el de todos, perdiendo ellos y nosotros el feliz
estado en que los había puesto el Altísimo.
141. Cuando Lucifer vio la caída de los dos y que la
hermosura interior de la gracia y justicia original se
había convertido en la fealdad del pecado, fue increíble
el alborozo y triunfo que mostró a sus demonios. Pero
luego lo perdió, porque conoció cuán piadosamente, y no
como deseaba, se había mostrado el amor divino
misericordioso con los dos delincuentes y que les daba
lugar de penitencia y esperanza del perdón y de su
gracia, para lo cual se disponían con el dolor y contrición.
Y conoció Lucifer que se les restituía la hermosura de la
gracia y amistad de Dios; con que de nuevo se volvió a
turbar todo el infierno, viendo los efectos de la contrición.
Y creció más su llanto, viendo la sentencia que Dios
fulminaba contra los reos, en que se equivocaba el
demonio; y sobre todo le atormentó el oír que se le
volviese a repetir aquella amenaza: La mujer te quebrantará
la cabeza (Gén., 3, 15), como lo había oído en el
Cielo.
142. Los partos de Eva se multiplicaron después del
pecado y por él se hizo la distinción y multiplicación de
buenos y malos, escogidos y réprobos; unos, que siguen a
Cristo nuestro Redentor y Maestro; otros, a Satanás. Los
escogidos siguen a su Capitán por fe, humildad, caridad,
paciencia y todas las virtudes; y para conseguir el triunfo
son asistidos, ayudados y hermoseados con la Divina
Gracia y dones que les mereció el mismo Señor y
Reparador de todos. Pero los réprobos, sin recibir estos
beneficios y favores de su falso caudillo ni aguardar otro
premio más que la pena y confusión eterna del infierno,
le siguen por soberbia y presunción, ambición, torpezas y
maldades, introduciéndolas el padre de mentira y autor
del pecado.
143. Con todo esto, la inefable benignidad del Altísimo
les dio su bendición, para que con ella creciese y se
multiplicase el linaje humano. Pero dio permiso su
altísima providencia para que el primer parto de Eva
llevase las primicias del primer pecado, en el injusto
Caín, y el segundo señalase en el inocente Abel al
Reparador del pecado, Cristo nuestro Señor;
comenzando juntamente a señalarle en figura y en
imitación, para que en el primer justo se estrenase la ley
de Cristo y su doctrina de que todos los restantes habían
de ser discípulos padeciendo por la justicia y siendo
aborrecidos, y oprimidos de los pecadores y réprobos, de
sus mismos hermanos (Mt., 10, 21). Para esto se
estrenaron en Abel la paciencia, humildad y mansedumbre,
y en Caín la envidia y todas las maldades que
hizo, en beneficio del justo y en perdición de sí mismo,
triunfando el malo y padeciendo el bueno; y dando
principio en estos espectáculos a los que tendría el
mundo en su progreso, compuesto de las dos ciudades,
de Jerusalén para los justos y Babilonia para los
réprobos, cada cual con su capitán y cabeza.
144. Quiso también el Altísimo que el primer Adán
fuese figura del segundo en el modo de la creación;
pues, como antes de él, primero le crió y ordenó la
república de todas las criaturas de que le hacía señor y
cabeza, así con su Unigénito dejó pasar muchos siglos
antes de enviarle, para que hallase pueblo en la
multiplicación del linaje humano, de quien había de ser
Cabeza y Maestro y Rey verdadero, para que no
estuviese un punto sin república y vasallos; que éste es el
orden y armonía maravillosa con que todo lo dispuso la
divina sabiduría, siendo postrero en la ejecución el que
fue primero en la intención.
145. Y caminando más el mundo, para descender el
Verbo del seno del Eterno Padre y vestirse nuestra
mortalidad, eligió y previno un pueblo segregado y
nobilísimo y el más admirable que antes ni después hubo;
y en él un linaje ilustre y santo, de donde descendiese
según la carne humana. Y no me detengo en referir esta
genealogía (Mt., 1, 1-17; Lc., 3, 23-38) de Cristo Señor
nuestro, porque no es necesario y la cuentan los
Sagrados Evangelistas; sólo digo, con toda la alabanza
que puedo del Altísimo, que en muchas ocasiones me ha
mostrado en diversos tiempos el amor incomparable que
tuvo a su pueblo, los favores que fue obrando con él y los
sacramentos y Misterios que se encerraban en ellos,
como después en su Iglesia Santa se han ido
manifestando; sin que jamás se haya dormido ni
dormitado el que se constituyó por guarda de Israel (Sal.,
120, 4).
146. Hizo Profetas y Patriarcas Santísimos, que en
figuras y profecías nos evangelizasen de lejos lo que
ahora tenemos en posesión, para que los veneremos,
conociendo el aprecio que ellos hicieron de la Ley de
gracia, las ansias y clamores con que la desearon y pidieron.
A este pueblo manifestó Dios su ser inmutable por
muchas revelaciones; y ellos a nosotros por las Escrituras,
encerrando en ellas inmensos Misterios que
alcanzásemos y conociésemos por la fe. Y todos los
cumplió y acreditó el Verbo humanado, dejándonos con
esto la doctrina segura y el alimento de las Escrituras
Santas para su Iglesia. Y aunque los Profetas y Justos de
aquel pueblo no pudieron alcanzar la vista corporal de
Cristo, pero fue liberalísimo el Señor con ellos,
manifestándoseles en profecías y moviéndoles al afecto
para que pidiesen su venida y la redención de todo el
linaje humano. Y la consonancia y armonía de todas estas
profecías, misterios y suspiros de los antiguos padres,
eran para el Altísimo una suavísima música que resonaba
en lo íntimo de su pecho, con que a nuestro parecer
entretenía el tiempo, y aun le aceleraba, de bajar a
conversar con los hombres.
147. Y por no me detener mucho en lo que sobre esto
me ha dado el Señor a conocer y para llegar a lo que voy
buscando de las preparaciones que hizo este Señor para
enviar al mundo al Verbo humanado y a su Madre
Santísima, las diré sucintamente por orden de las divinas
Escrituras. El Génesis contiene lo que toca al exordio y
creación del mundo para el linaje humano, la división de
las tierras y gentes, el castigo y restauración, la
confusión de lenguas y origen del pueblo escogido y
bajada a Egipto, y otros muchos y grandes sacramentos
que declaró Dios a Moisés, para que por él nos diese a
conocer el amor y justicia que desde el principio mostró
con los hombres, para traerlos a su conocimiento y
servicio y señalar lo que tenía determinado de hacer en
lo futuro.
148. El Éxodo contiene lo que sucedió en Egipto con el
pueblo escogido, las plagas y castigos que envió para
rescatarle misteriosamente, la salida y tránsito del mar,
la Ley escrita dada con tantas prevenciones y maravillas,
y otros muchos sacramentos y misterios que Dios obró por
su pueblo, afligiendo unas veces a sus enemigos, otras a
ellos, castigando a unos como juez severo, corrigiendo a
otros como padre amantísimo, enseñándoles a conocer el
beneficio en los trabajos. Hizo grandes maravillas por la
vara de Moisés, en figura de la Cruz, donde el Verbo
humanado había de ser cordero sacrificado, para unos
remedio y para otros ruina (Lc., 2, 34), como la vara lo era
y lo fue el mar Rubro, que defendió al pueblo con
murallas de agua y con ellas anegó a los gitanos
(Egipcios). E iba con todos estos misterios tejiendo la vida
de los Santos de alegría y de llanto, de trabajos,
refrigerios; y todo, con infinita Sabiduría y Providencia, lo
copiaba de la vida y muerte de Cristo Señor nuestro.
149. En el Levítico describe y ordena muchos sacrificios
y ceremonias legales para aplacar a Dios, porque
significaban el Cordero que se había de sacrificar por
todos y después nosotros a Su Majestad con la verdad
ejecutada de aquellos figurativos sacrificios. También
declara las vestiduras de Aarón, Sumo Sacerdote y figura
de Cristo, aunque no había de ser él de orden tan
inferior, sino según el orden de Melquisedech (Sal., 109,
4).
150. Los Números contienen las mansiones del desierto,
figurando lo que había de hacer con la Iglesia Santa y
con su Unigénito humanado y su Madre Santísima y
también con los demás Justos; que, según diversos
sentidos, todo se comprende en aquellos sucesos de la
columna de fuego, del maná, de la piedra que dio agua y
otros misterios grandes que contiene en otras obras; y
encierra también los que pertenecen a la aritmética; y en
todo hay profundos sacramentos.
151. El Deuteronomio es como segunda ley y no diferente
sino diverso modo repetida y más apropiadamente
figurativa de la Ley Evangélica, porque habiéndose de
alargar por los ocultos juicios de Dios y las
conveniencias que su sabiduría conocía el tomar carne
humana, renovaba y disponía leyes que pareciesen a la
que después había de establecer por su unigénito Hijo.
152. Jesús Nave o Josué introduce al pueblo de Dios en
la tierra de promisión y se la divide pasado el Jordán,
obrando grandes hazañas, como figura harto expresa de
nuestro Redentor en el nombre y en las obras; en que
representó la destrucción de los reinos que poseía el
demonio y la separación y división que de buenos y malos
se hará el último día.
153. Tras de Josué, estando ya el pueblo en la posesión
de la tierra prometida y deseada, que primera y
propiamente representa la Iglesia, adquirida por
Jesucristo con el precio de su Sangre, viene el libro de los
Jueces que Dios ordenaba para gobierno de su pueblo,
particularmente en las guerras que por sus continuados
pecados e idolatrías padecían de los filisteos y otros
enemigos sus vecinos, de que los defendía y libraba
cuando se convertían a Él por penitencia y enmienda de
la vida. Y en este libro se refiere lo que hizo Débora,
juzgando al pueblo y libertándole de una grande
opresión; y Jahel también, que concurrió a la victoria;
mujeres fuertes y valerosas. Y todas estas historias son
expresa figura y testimonio de lo que pasa en la Iglesia.
154. Acabados los Jueces, son los Reyes que pidieron
los Israelitas, queriendo ser como las demás gentes en el
gobierno. Contienen estos libros grandes misterios de la
venida del Mesías. Helí, sacerdote, y Saúl, rey, muertos,
dicen la reprobación de la ley vieja. Sadoc y David
figuran el nuevo reino y sacerdocio de Jesucristo y la
Iglesia con el pequeño número que en ella había de
haber en comparación del resto del mundo. Los otros
reyes de Israel y Judá y sus cautividades señalan otros
grandes misterios de la Iglesia Santa.
155. Entre los tiempos dichos estuvo el pacientísimo del
Señor, Job, cuyas palabras son tan misteriosas, que
ninguna tiene sin profundos sacramentos de la vida de
Cristo nuestro Señor, de la resurrección de los muertos y
del último juicio en la misma carne en número que cada
uno tiene, de la fuerza y astucia del demonio y sus
conflictos. Y sobre todo le puso Dios por un espejo de
paciencia a los mortales, para que en él deprendiésemos
todos cómo debemos padecer los trabajos después de la
muerte de Cristo que tenemos presente, pues antes hubo
Santo que a la vista tan de lejos le imitó con tanta
paciencia.
156. Pero en los muchos y grandes Profetas que Dios
envió a su pueblo en el tiempo de sus reyes, porque
entonces más necesitaba de ellos, hay tantos misterios y
sacramentos que ninguno dejó el Altísimo de los que
pertenecían a la venida del Mesías y su ley que no se lo
revelase y declarase; y lo mismo hizo, aunque de más
lejos, con los antiguos Padres y Ppatriarcas; y todo era
multiplicar retratos y como estampas del Verbo
humanado y prevenirle y prepararle pueblo y la Ley que
había de enseñar.
157. En los tres grandes patriarcas, Abrahán, Isaac y
Jacob, depositó grandes y ricas prendas para
poderse llamar Dios de Abrahán, Isaac y Jacob,
queriendo honrarse con este nombre para honrarlos a
ellos, manifestando su dignidad y excelentes virtudes y
los sacramentos que les había fiado para que diesen
nombre a Dios tan honroso. Al Patriarca Abrahán, para
hacer aquella representación tan expresa de lo que el
eterno Padre había de hacer con su Unigénito, le tentó y
probó mandándole sacrificar a Isaac; pero, cuando el
obediente padre quiso ejecutar el sacrificio, lo impidió el
mismo Señor que lo había mandado, porque sólo para el
Eterno Padre se reservase la ejecución de tan heroica
obra, sacrificando con efecto a su Unigénito, y sólo en
amago se dijese lo había hecho a Abrahán; en que
parece fueron los celos del amor divino fuertes como la
muerte (Cant., 8, 6), pero no convenía que tan expresa
figura quedase imperfecta y así se cumplió sacrificando
Abrahán un carnero, que también era figura del Cordero
que había de quitar los pecados del mundo (Jn., 1, 29).
158. A Jacob le mostró aquella misteriosa escala, llena
de sacramentos y sentidos, y el mayor fue representar al
Verbo humanado, que es el Camino y Escala por donde
subimos al Padre y de Él bajó Su Majestad a nosotros; y
por Su medio suben y descienden ángeles que nos
ilustran y guardan, llevándonos en sus manos, para que
no nos ofendan las piedras (Sal., 90, 12) de los errores,
herejías y vicios, de que está sembrado el camino de la
vida mortal; y en medio de ellas subamos seguros por
esta escala con la fe y esperanza desde esta Iglesia
Santa, que es la casa de Dios, donde no hay otra cosa
que puerta del cielo (Gén., 28, 17) y santidad.
159. A Moisés, para constituirle Dios de Faraón y Capitán
de su pueblo, le mostró aquella zarza mística que sin
quemarse ardía, para señalar en profecía la Divinidad
encubierta en nuestra humanidad, sin derogar lo humano
a lo Divino, ni consumir lo Divino a lo humano. Y junto con
este Misterio señalaba también la virginidad perpetua de
la Madre del Verbo, no sólo en el cuerpo, sino también en
el alma, y que no la mancharía ni ofendería ser hija de
Adán y venir vestida y derivada de aquella naturaleza
abrasada con la primera culpa.
160. Hizo también a David a la medida de su corazón (1
Sam., 13, 14), con que pudo dignamente cantar las
misericordias del Altísimo (Sal., 88, 1), corno lo hizo
comprendiendo en sus Salmos todos los sacramentos y
misterios, no sólo de la ley de gracia, pero de la escrita y
natural. No se caen de la boca los testimonios, los juicios
y las obras del Señor, porque también los tenía en el
corazón para meditar de día y de noche. Y en perdonar
injurias que expresa imagen o figura del que había de
perdonar las nuestras; y así le fueron hechas las
promesas más claras y firmes de la venida del Redentor
del mundo.
161. Salomón, rey pacífico, y en esto figura del
verdadero Rey de los reyes, dilató su grande sabiduría en
manifestar por diversos modos de Escrituras los misterios
y sacramentos de Cristo, especialmente en la metáfora
de los Cantares, donde encerró los misterios del Verbo
humanado, de su Madre Santísima y de la Iglesia y fieles.
Enseñó también la doctrina para las costumbres por
diversos modos; y de aquella fuente han bebido las
aguas de la verdad y vida otros muchos escritores.
162. Pero ¿quién podrá dignamente engrandecer
el beneficio de habernos dado el Señor, por medio de su
pueblo, el número loable de los Profetas Santos, donde la
Eterna Sabiduría copiosamente derramó la gracia de la
profecía, alumbrando a su Iglesia con tantas luces, que
desde muy lejos comenzaron a señalarnos el Sol de
Justicia y los rayos que había de dar en la Ley de gracia
con sus obras? Los dos grandes Profetas, Isaías y
Jeremías, fueron escogidos para evangelizarnos alta y
dulcemente los misterios de la Encarnación del Verbo, su
Nacimiento, Vida y Muerte. Isaías nos prometió que concebiría
y pariría una virgen y nos daría un hijo que se
llamaría Emanuel y que un pequeñuelo hijo nacería para
nosotros y llevaría su imperio sobre su hombro (Is., 7, 14;
9, 6); y todo lo restante de la vida de Cristo lo anunció
con tanta claridad, que pareció su Profecía Evangelio.
Jeremías dijo la novedad que Dios había de obrar con
una mujer que tendría en su vientre un varón (Jer., 31,
22), que sólo podía ser Cristo, Dios y hombre perfecto;
anunció su venta, pasión, oprobios y muerte. Suspensa y
admirada quedo en la consideración de estos Profetas.
Pide Isaías que envíe el Señor el Cordero que ha
de señorear al mundo, de la piedra del desierto al
monte de la hija de Sión (Is., 16, 1); porque este Cordero,
que es el Verbo humanado, en cuanto a la Divinidad
estaba en el desierto del Cielo, que faltándole los
hombres se llama desierto; y llamándose Piedra por el
asiento, firmeza y quietud eterna de que goza. El monte,
adonde pide que venga, en lo místico es la Iglesia Santa,
y primero María Santísima, hija de la visión de paz, que
es Sión; y la interpone el Profeta por Medianera para
obligar al Padre Eterno que envíe al Cordero su
Unigénito, porque en todo el resto del linaje humano no
había quien le pudiese obligar tanto como haber de tener
tal Madre que le diese a este Cordero la piel y vellocino
de su Humanidad Santísima; y esto es lo que contiene
aquella dulcísima oración y profecía de Isaías.
163. Ezequiel vio también a esta Madre Virgen en la
figura o metáfora de aquella puerta cerrada (Ez., 44, 2),
que para solo el Dios de Israel estaría patente y ningún
otro varón entraría por ella. Habacuc contempló a Cristo
Señor nuestro en la Cruz y con profundas palabras
profetizó los Misterios de la Redención y los admirables
efectos de la Pasión y muerte de nuestro Redentor. Joel
describe la tierra de los doce tribus, figura de los doce
Apóstoles que habían de ser cabezas de todos los hijos
de la Iglesia; también anunció la venida del Espíritu
Santo sobre los siervos y siervas del Muy Alto, señalando
el tiempo de la venida y vida de Cristo. Y todos los demás
Profetas por partes la anunciaron, porque todo quiso el
Altísimo quedase dicho y profetizado y figurado tan de
lejos y tan abundantemente, que todas estas obras
admirables pudiesen testificar el amor y cuidado que
tuvo Dios para con los hombres y cómo enriqueció a su
Iglesia; y asimismo para culpar y reprender nuestra
tibieza, pues aquellos Antiguos Padres y Profetas sólo
con las sombras y figuras se inflamaron en el Divino amor
e hicieron cánticos de alabanza y gloria para el Señor; y
nosotros, que tenemos la verdad y el día claro de la
gracia, estamos sepultados en el olvido de tantos
beneficios, y dejando la luz buscamos las tinieblas.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #12                                                 INDICE  Arriba ^^

 

 El Trabajo de Dios
www.theworkofgod.org/Spanish

 Mística Ciudad de Dios, Virgen María - Que en la creación de todas las cosas el Señor tuyo presentes a Cristo Señor nuestro y a su Madre Santísima y eligió y favoreció a su pueblo, figurando estos Misterios.