Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsCómo el Altísimo manifestó a los santos ángeles el tiempo determinado y oportuno de la concepción de María Santísima y los que le señaló para su guarda.

  INDICE            Libro  1   Capítulo  14    Versos:  190-208


190. En el Tribunal de la voluntad Divina, como en
principio inevitable y causa universal de todo lo criado,
se decretan y determinan todas las cosas que han de ser,
con sus condiciones y circunstancias, sin haber alguna
que se olvide, ni tampoco después de determinada la
pueda impedir otra potencia criada. Todos los orbes y los
moradores que en ellos se contienen dependen de este
inefable gobierno, que a todos acude y concurre con las
causas naturales, sin haber faltado ni poder faltar un
punto a lo necesario. Todo lo hizo Dios y lo sustenta con
solo su querer y en Él está el conservar el ser que dio a
todas las cosas, o aniquilarlas volviéndolas al no ser de
donde las crió. Pero como las crió todas para su gloria y
del Verbo Humanado, así desde el principio de la
creación fue disponiendo los caminos y abriendo las
sendas por donde el mismo Verbo bajase a tomar carne
humana y vivir con los hombres; y ellos subiesen a Dios,
le conozcan, le teman, le busquen, le sirvan y amen, para
alabarle eternamente y gozarle.
191. Admirable ha sido su nombre en la universidad de
las tierras (Sal., 8, 11) y engrandecido en la plenitud y
congregación de los Santos, con que ordenó y compuso
pueblo aceptable (Tit., 2, 14) de quien el Verbo
Humanado fuese Cabeza. Y cuando estaba todo en la
última y conveniente disposición, en que su Providencia lo
había querido poner, y llegando el tiempo por ella
determinado para criar la mujer maravillosa vestida del
sol (Ap., 12, 1) que apareció en el Cielo, la que había de
alegrar y enriquecer la tierra, para formarla en ella
decretó la Santísima Trinidad lo que, en mis cortas
razones y concepto de lo que he entendido, manifestaré.
192. Ya queda dicho arriba (Cf. supra n. 34) cómo para
Dios no hay pretérito ni futuro, porque todo lo tiene
presente en su mente Divina infinita y lo conoce con un
acto simplicísimo; pero, reduciéndolo a nuestros términos
y modo limitado de entender, consideramos que Su Majestad
miró a los decretos que tenía hechos de criar
Madre conveniente y digna para que el Verbo se
humanase; porque el cumplimiento de sus decretos es
inevitable. Y llegando ya el tiempo oportuno y
determinado, las tres Divinas Personas en sí mismas
dijeron: Tiempo es ya que demos principio a la obra de
nuestro beneplácito, y criemos aquella pura criatura y
alma que ha de hallar gracia en nuestros ojos sobre
todas las demás. Dotémosla de ricos dones y
depositemos en ella sola los mayores tesoros de
nuestra gracia. Y pues todo el resto de las demás que
dimos ser nos han salido ingratas y rebeldes a nuestra
voluntad, oponiéndose a Nuestro intento de que se
conservasen en el primero y feliz estado en que criamos a
los primeros hombres y ellos le impidieron por su culpa, y
no es conveniente que en todo Nuestra voluntad quede
frustrada, criemos en toda santidad y perfección a esta
criatura, en quien no tenga parte el desorden del primer
pecado. Criemos un alma de Nuestros deseos un fruto de
nuestros atributos, un prodigio de nuestro infinito poder,
sin que le ofenda ni la toque la mácula del pecado de
Adán. Hagamos una obra que sea objeto de Nuestra
omnipotencia y muestra de la perfección que
disponíamos para Nuestros hijos y el fin del dictamen que
tuvimos en la creación. Y pues han prevaricado todos en
la voluntad libre y determinación del primer hombre
(Rom., 5, 12), sea esta sola criatura en quien restauremos
y ejecutemos lo que, desviándose de nuestro querer, ellos
perdieron. Sea única imagen y similitud de Nuestra
Divinidad y sea en Nuestra presencia por todas las
eternidades complemento de Nuestro beneplácito y
agrado. En ella depositaremos todas las prerrogativas y
gracias que en Nuestra primer y condicional voluntad
destinamos para los ángeles y hombres, si en el primer
estado se conservaran. Y si ellos las perdieron,
renovémoslas en esta criatura y añadiremos a estos
dones otros muchos y no quedará en todo frustrado el
decreto que tuvimos, antes mejorado en esta nuestra
electa y única (Cant., 6, 8). Y pues determinamos lo más
santo y prevenimos lo mejor para las criaturas, y lo más
perfecto y loable y ellas lo perdieron, encaminemos el
corriente de nuestra bondad para nuestra amada y
saquémosla de la ley ordinaria de la formación de todos
los mortales, para que en ella no tenga parte la semilla
de la serpiente. Yo quiero descender del cielo a sus
entrañas y en ellas vestirme con su misma sustancia de la
naturaleza humana.
193. Justo es y debido que la divinidad de bondad
infinita se deposite y encubra en materia purísima, limpia
y nunca manchada con la culpa. Ni a nuestra equidad y
providencia conviene omitir lo más decente, perfecto y
santo por lo que es menos, pues a nuestra voluntad no
hay resistencia (Est., 13, 9). El Verbo, que se ha de
humanar, siendo Redentor y Maestro de los hombres, ha
de fundar la Ley perfectísima de la gracia y enseñar en
ella a obedecer y honrar al padre y a la madre (Mt., 15,
4) como causas segundas de su ser natural. Esta ley se ha
de ejecutar primero honrando el Verbo Divino a la que ha
elegido para Madre suya, honrándola y dignificándola
con brazo poderoso y previniéndola con lo más
admirable, más santo, más excelente de todas las
gracias y dones. Y entre ellos será la honra y beneficio
más singular no sujetarla a nuestros enemigos ni a su
malicia; y así ha de ser libre de la muerte de la culpa.
194. En la tierra ha de tener el Verbo madre sin padre,
como en el cielo padre sin madre. Y para que haya
debida proporción y consonancia llamando a Dios Padre
y a esta mujer Madre, queremos que sea tal que se
guarde la correspondencia e igualdad posible entre Dios
y la criatura, para que en ningún tiempo el dragón pueda
gloriarse fue superior a la mujer a quien obedeció Dios
como a verdadera madre. Esta dignidad de ser libre de
culpa es debida y correspondiente a la que ha de ser
Madre del Verbo y para ella por sí misma más estimable
y provechosa, pues mayor bien es ser santa que ser
madre sola; pero al ser Madre de Dios le conviene toda
la santidad y perfección. Y la carne, humana, de quien ha
de tomar forma, ha de estar segregada del pecado; y
habiendo de redimir en ella a los pecadores, no ha de
redimir a su misma carne como a los demás, pues unida
ella con la divinidad ha de ser redentora y por esto de
antemano ha de ser preservada, pues ya tenemos
previstos y aceptados los infinitos merecimientos del
Verbo en esa misma carne y naturaleza. Y queremos que
por todas las eternidades sea glorificado el Verbo
Encarnado por su tabernáculo y gloriosa habitación de la
humanidad que recibió.
195. Hija ha de ser del primer hombre, pero, en cuanto
a la gracia, singular, libre y exenta de su culpa y, en
cuanto a lo natural, ha de ser perfectísima y formada con
especial providencia. Y porque el Verbo humanado ha de
ser maestro de la humildad y santidad y para este fin son
medio conveniente los trabajos que ha de padecer,
confundiendo la vanidad y falacia engañosa de los mortales,
y para sí ha elegido esta herencia por el tesoro más
estimable en nuestros ojos, queremos que también le
toque esta parte a la que ha de ser Madre suya y que sea
única y singular en la paciencia, admirable en el sufrir, y
que con su Unigénito ofrezca sacrificio de dolor
aceptable a nuestra voluntad y de mayor gloria para ella.
196. Este fue el decreto que las tres Divinas Personas
manifestaron a los Santos Ángeles, exaltando la gloria y
veneración de sus santísimos, altísimos, investigables
juicios. Y como su Divinidad es espejo voluntario que
en la misma visión beatífica manifiesta, cuando es
servido, nuevos Misterios a los Bienaventurados, hizo ésta
demostración nueva de su grandeza, en que viesen el
orden admirable y armonía tan consonante de sus obras.
Y todo fue consiguiente a lo que dijimos en los capítulos
antecedentes (Cf. supra c. 7 y 8) que hizo el Altísimo en
la creación de los Ángeles, cuando les propuso habían de
reverenciar y conocer por superior al Verbo Humanado y
a su Madre Santísima; porque llegado ya el tiempo
destinado para la formación de esta Reina, convenía no
lo ocultase el Señor que todo lo dispone en medida y
peso (Sab., 11, 21). Fuerza es que, con términos humanos
y tan limitados como los que yo alcanzo, se oscurezca la
inteligencia que me ha dado el Altísimo de tan ocultos
Misterios, pero con limitación diré lo que pudiere de lo
que manifestó el Señor a los Ángeles en esta ocasión.
197. Ya es llegado el tiempo añadió Su Majestad
determinado por Nuestra Providencia para sacar a luz la
criatura más grata y acepta a nuestros ojos, la
restauradora de la primera culpa del linaje humano, la
que al dragón ha de quebrantar la cabeza (Gén., 3, 15),
la que señaló aquella singular mujer que por señal
grande apareció (Ap., 12, 1) en Nuestra presencia y la
que vestirá de carne humana al Verbo Eterno. Ya se
acercó la hora tan dichosa para los mortales, para
franquearles los tesoros de nuestra Divinidad y hacerles
con esto patentes las puertas del Cielo. Deténgase ya el
rigor de Nuestra justicia en los castigos que hasta ahora
ha ejecutado con los hombres y conózcase el de Nuestra
Misericordia, enriqueciendo a las criaturas, mereciéndoles
el Verbo Humanado las riquezas de la gracia y
gloria eterna.
198. Tenga ya el linaje humano reparador, maestro,
medianero, hermano y amigo, que sea vida para los
muertos, salud para los enfermos, consuelo para los
tristes, refrigerio para los afligidos, descanso y
compañero para los atribulados. Cúmplanse ya las
profecías de nuestros siervos y las promesas que les
hicimos de enviarles Salvador que les redimiese. Y para
que todo se ejecute a Nuestro beneplácito y demos
principio al sacramento escondido desde la constitución
del mundo, elegimos para la formación de María Nuestra
querida el vientre de nuestra sierva Ana, para que en él
sea concebida y sea criada su alma dichosísima. Y
aunque su generación y formación han de ser por el
común orden de la natural propagación, pero con
diferente orden de gracia, según la disposición de
nuestro inmenso poder.
199. Ya sabéis cómo la antigua serpiente, después de la
señal que vio de esta maravillosa Mujer, las anda
rodeando a todas; y desde la primera que criamos,
persigue con astucia y asechanzas a las que conoce más
perfectas en su vida y obras, pretendiendo topar entre
todas a la que ha de hollar y quebrantar su cabeza. Y
cuando atento a esta purísima e inculpable criatura la
reconociere tan santa, pondrá todo su esfuerzo en
perseguirla según el concepto que de ella hiciere. La
soberbia de este dragón será mayor que su fortaleza (Is.,
16, 6), pero Nuestra voluntad es que de esta Nuestra
Ciudad Santa y Tabernáculo del Verbo Humanado tengáis
especial cuidado y protección, para guardarla, asistirla y
defenderla de nuestros enemigos y para iluminarla,
confortarla y consolarla con digno cuidado y reverencia
mientras fuere viadora entre los mortales.
200. A esta proposición que hizo el Altísimo a los Santos
Ángeles, todos con humildad profunda, como postrados
ante el Real Trono de la Santísima Trinidad, se mostraron
rendidos y prontos a su Divino mandato. Y cada cual con
santa emulación deseaba ser enviado y se ofrecía a tan
feliz ministerio y todos hicieron al Altísimo himnos de
alabanza y cantar nuevo, porque llegaba ya la hora en
que veían el cumplimiento de lo que con ardentísimos
deseos habían por muchos siglos suplicado. Conocí en
esta ocasión que, desde aquella batalla grande que San
Miguel tuvo en el Cielo con el dragón y sus aliados y
fueron arrojados a las tinieblas sempiternas, quedando
los ejércitos de San Miguel victoriosos y confirmados en
gracia y gloria, comenzaron luego estos santos espíritus a
pedir la ejecución de los misterios de la Encarnación del
Verbo que allí conocieron; y en estas peticiones repetidas
perseveraron hasta la hora que les manifestó Dios el
cumplimiento de sus deseos y peticiones.
201. Por esta razón los espíritus celestiales con esta
nueva revelación recibieron nuevo júbilo y gloria
accidental y dijeron al Señor: Altísimo e incomprensible
Señor y Dios nuestro, digno eres de toda reverencia,
alabanza y gloria eterna; y nosotros somos tus
criaturas criadas por tu Divina voluntad. Envíanos, Señor
poderosísimo, a la ejecución de tus maravillosas obras y
Misterios, para que en todos y en todo se cumpla tu
justísimo beneplácito. Con estos efectos se reconocían los
celestiales príncipes por inferiores y, si posible fuera,
deseaban ser más puros y perfectos para ser dignos de
guardarla y servirla.
202. Determinó luego el Altísimo y señaló quiénes habían
de ocuparse en tan alto ministerio y de los nueve coros
eligió de cada uno ciento, que son novecientos. Y luego
señaló otros doce para que más de ordinario la asistiesen
en forma corporal y visible; y tenían señales o divisas de
la redención; y éstos son los doce que refiere el capítulo
21 del Apocalipsis (Ap., 21, 12) que guardaban las
puertas de la ciudad, y de ellos hablaré en la declaración
de aquel capítulo que pondré adelante (Cf. infra n. 273).
Fuera de éstos señaló el Señor otros diez y ocho Ángeles
de los más superiores, para que subiesen y descendiesen
por esta escala mística de Jacob con embajadas de la
Reina a Su Alteza y del mismo Señor a ella; porque
muchas veces los enviaba al eterno Padre para ser
gobernada en todas sus acciones por el Espíritu Santo,
pues ninguna hizo sin su Divino beneplácito y aun en las
cosas pequeñas le procuraba saber. Y cuando con
especial ilustración no era enseñada, enviaba con estos
Santos Ángeles a representar al Señor su duda y deseo
de hacer lo más agradable a su voluntad santísima y
saber qué la mandaba, como en el discurso de esta
Historia diremos.
203. Sobre todos estos Santos Ángeles señaló y nombró
el Altísimo otros setenta serafines de los más supremos y
allegados al Trono de la Divinidad, para que confiriesen
con la Princesa del Cielo y la comunicasen, por el mismo
modo que ellos mismos entre sí comunican y hablan y los
superiores iluminan a los inferiores. Y este beneficio le
fue concedido a la Madre de Dios, aunque era superior
en la dignidad y gracia a todos los serafines, porque era
viadora y en naturaleza inferior. Y cuando alguna vez se
le ausentaba y escondía el Señor, como adelante
veremos (Cf. infra n. 678 y 728), estos setenta serafines
la ilustraban y consolaban y con ellos confería los afectos
de su ardentísimo amor y sus ansias por el tesoro
escondido. El número de setenta en este beneficio tuvo
correspondencia a los años de su vida santísima, que
fueron no sesenta, sino setenta, como diré en su lugar
(Cf. p. III n. 742). En este número se encierran aquellos
sesenta fuertes que, en el capítulo 3 de los Cantares
(Cant., 3, 7), se dice guardaban el tálamo o lecho de
Salomón, escogidos de los más valientes de Israel, ejercitados
en la guerra, con espadas ceñidas por los temores
de la noche.
204. Estos príncipes y capitanes esforzados fueron
señalados para guarda de la Reina del Cielo entre los
más supremos de los órdenes jerárquicos; porque, en
aquella antigua batalla que hubo en el Cielo entre los
espíritus humildes contra el soberbio dragón, fueron
como señalados y armados caballeros por el Supremo
Rey de todo lo criado, para que con la espada de su
virtud y palabra Divina peleasen y venciesen a Lucifer
con todos los apostatas que le siguieron. Y porque en
esta gran pelea y victoria se aventajaron estos supremos
Serafines en el celo de la honra del Altísimo, como
capitanes esforzados y diestros en el amor divino, y estas
armas de la gracia les fueron dadas por virtud del Verbo
humanado, cuya honra, como de su Cabeza y Señor,
defendieron, y con ella juntamente la de su Madre Santísima,
por esto dice que guardaban el tálamo de
Salomón y le hacían escolta y que tenían ceñidas sus
espadas en aquella parte que significa la humana
generación (Cant., 3, 8), y en ella la humanidad de Cristo
Señor nuestro concebida en el tálamo virginal de María
de su purísima sangre y sustancia.
205. Los otros diez Serafines que restan para cumplir el
número de setenta, fueron también de los superiores de
aquel primer orden que contra la antigua serpiente
manifestaron más reverencia de la divinidad y
humanidad del Verbo y de su Madre santísima; que para
todo esto hubo lugar en aquel breve conflicto de los
Santos Ángeles. Y a los principales caudillos que allí hubo
se les dio como por especial honra que lo fuesen también
de los que guardaban a su Reina y Señora. Y todos ellos
juntos hacen número de mil ángeles, entre serafines y los
demás de los órdenes inferiores; con que esta ciudad de
Dios quedaba superabundantemente guarnecida contra
los ejércitos infernales.
206. Y para disponer mejor este invencible escuadrón
fue señalado por su cabeza el príncipe de la milicia
celestial San Miguel, que si bien no asistía siempre con la
Reina, pero muchas veces la acompañaba y se le
manifestaba. Y el Altísimo le destinó para que en algunos
Misterios, como especial embajador de Cristo Señor
nuestro, atendiese a la guarda de su Madre Santísima.
Fue asimismo señalado el Santo Príncipe Gabriel, para
que del Eterno Padre descendiese a las legacías y
ministerios que tocasen a la Princesa del Cielo. Y esto fue
lo que ordenó la Santísima Trinidad para su ordinaria
defensa y custodia.
207. Todo este nombramiento fue gracia del Altísimo;
pero tuve inteligencia que guardó en él algún orden de
justicia distributiva, porque su equidad y providencia tuvo
atención a las obras y voluntad con que los Santos
Ángeles admitieron los Misterios que en el principio les
fueron revelados de la Encarnación del Verbo y de su
Madre Santísima; porque en obsequio de la Divina
voluntad unos se movieron con diferentes afectos e
inclinaciones que otros a los sacramentos que se les
propusieron. Y no en todos fue una misma la gracia, ni la
voluntad y sus afectos; antes unos se inclinaron con
especial devoción, conociendo la unión de las dos
naturalezas Divina y humana en la Persona del Verbo,
encubierta en los términos de un cuerpo humano y
levantada a ser cabeza de todo lo criado; otros con este
afecto se movían de admiración de que el Unigénito del
Padre se hiciese pasible y tuviese, tanto amor a los
hombres que se ofreciese a morir por ellos; otros se
señalaban en la alabanza de que hubiese de criar un
alma y cuerpo de tan suprema excelencia, que fuese
sobre todos los espíritus celestiales, y de ella tomase
carne humana el Criador de todos. Según estos
movimientos y en su correspondencia, y como en premio
accidental, fueron señalados los Santos Ángeles para los
Misterios de Cristo y de su Purísima Madre, como serán
premiados los que en esta vida se señalan con alguna
virtud, como los doctores y vírgenes, etc., con sus
laureolas.
208. Por esta correspondencia, cuando a la Madre de
Dios se le manifestaban corporalmente estos Santos
Príncipes, como diré adelante , descubrían unas divisas y
veneras que representaban unos de la Encarnación, otros
de la Pasión de Cristo Señor nuestro, otros de la misma
Reina y de su grandeza y dignidad; aunque no luego la
conoció cuando comenzaron a manifestársele, porque el
Altísimo mandó a todos estos Santos Ángeles que no la
declarasen había de ser Madre de su Unigénito hasta el
tiempo destinado por su Divina sabiduría, pero que
siempre tratasen con ella de estos sacramentos y
misterios de la encarnación y redención humana, para
fervorizarla y moverla a sus peticiones. Tardas son las
lenguas humanas y cortos mis términos y palabras para
manifestar tan alta luz e inteligencias.
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