Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsDe la inteligencia que tuve de la divinidad y del decreto que Dios tuvo de criar todas las cosas.

  INDICE            Libro  1   Capítulo  3    Versos:  26-34


26. ¡Oh Rey altísimo y sapientísimo Señor, cuán
incomprensibles son tus juicios y tus caminos
investigables (Rom., 11, 33)! Dios invicto, que has de
permanecer para siempre (Eclo., 18, 1) y no se te conoce
origen ¿quién podrá conocer tu grandeza y bastará para
contar tus magníficas obras? ¿Y quién te podrá decir por
qué así lo hiciste? Pues tú eres altísimo sobre todos y
nuestra vista no te puede alcanzar, ni nuestro
entendimiento comprender. ¡Bendito seas, Rey magnífico,
porque te dignaste mostrar a esta tu esclava y vil
gusanillo grandes sacramentos y altísimos misterios,
levantando mi habitación y suspendiendo mi espíritu
adonde vi lo que no sabré decir! Vi al Señor y Criador de
todos; vi una Alteza en sí misma antes de criar otra cosa
alguna; ignoro el modo cómo se me mostró, más no lo que
vi y entendí. Y sabe Su Majestad, que todo lo comprende,
que para hablar de su deidad mi pensar se suspende, mi
alma se conturba, mis potencias en sus operaciones se
atajan y toda la parte superior deja a la inferior desierta,
despide a los sentidos y vuela adonde ama,
desamparando a quien anima; y en estos desalientos y
deliquios amorosos, mis ojos derraman lágrimas y
enmudece mi lengua. ¡Oh altísimo e incomprensible
Señor mío, objeto infinito de mi entendimiento, cómo a tu
vista, porque eres sin medida y eterno, me hallo
aniquilada y mi ser se pega con el polvo y apenas diviso
lo que soy! ¿Cómo esta pequeñez y miseria se atreve a
mirar tu magnificencia y grande majestad? Anima, Señor,
mi ser, fortalece mi vista y da aliento a mi pavor, para
que pueda referir lo que he visto y obedecer tu
mandamiento.
27. Vi al Altísimo con el entendimiento, cómo estaba Su
Alteza en sí mismo, y tuve clara inteligencia con una
noticia verdadera de que es un Dios infinito en sustancia
y atributos, eterno, suma trinidad en tres personas y un
solo Dios verdadero; tres, porque se ejercitan las
operaciones de conocerse, comprenderse y amarse; y
sólo uno, por conseguir el bien de la unidad eterna. Es
trinidad de Padre, Hijo y Espíritu Santo. El Padre no es
hecho, ni criado, ni engendrado, ni puede serlo, ni tener
origen. Conocí que el Hijo le trae del Padre sólo por
eterna generación y son iguales en duración de
eternidad y es engendrado de la fecundidad del
entendimiento del Padre. El Espíritu Santo procede del
Padre y el Hijo por amor. En esta individua Trinidad no
hay cosa que se pueda decir primera ni postrera, mayor
ni menor; todas tres personas en sí son igualmente
eternas y eternamente iguales; que es una unidad de
esencia en trinidad de personas y un Dios en la individual
trinidad y tres personas en la unidad de una sustancia. Y
no se confunden las personas por ser un Dios, ni se
aparta o se divide la sustancia por ser tres personas; y
siendo distintas en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu
Santo, es una misma la divinidad, igual la gloria y la
majestad, el poder, la eternidad, inmensidad, sabiduría y
santidad y todos los atributos. Y aunque son tres las
personas en quien subsisten estas perfecciones infinitas,
es uno solo el Dios verdadero, el santo, justo, poderoso,
eterno y sin medida.
28. Tuve también inteligencia de que esta divina Trinidad
se comprende con una vista simple y sin que sea
necesaria nueva ni distinta noticia; sabe el Padre lo que
el Hijo, y el Hijo y el Espíritu Santo lo que el Padre; y que
se aman entre sí recíprocamente con un mismo amor
inmenso y eterno; y es una unidad de entender, amar y
obrar, igual e indivisible; que es una simple, incorpórea,
indivisible naturaleza, un ser de Dios verdadero, en quien
están en supremo e infinito grado todas las perfecciones
juntas y recopiladas.
29. Conocí la condición de estas perfecciones del
Altísimo, que es hermoso sin fealdad, grande sin
cantidad, bueno sin calidad, eterno sin tiempo, fuerte
sin flaqueza, vida sin mortalidad, verdadero sin falsedad;
presente en todo lugar, llenándole sin ocuparle, que está
en todas las cosas sin extensión; no tiene contradicción
en la bondad, ni defecto en la sabiduría; es en ella
inestimable, en consejo terrible, en juicios justo, en
pensamientos secretísimo, en palabras verdadero, en
obras santo, en tesoros rico; a quien ni el espacio le
ensancha, ni la estrechez de lugar es angosta, ni la
voluntad es varia, ni lo triste lo conturba, ni las cosas
pasadas pasan, ni las futuras suceden; a quien ni el
origen dio principio, ni el tiempo dará fin. ¡Oh inmensidad
eterna, qué interminables espacios en ti he visto! ¡Qué
infinidad reconozco en vuestro ser infinito! No se termina
la vista, ni se acaba mirando a este objeto ilimitado. Este
es el ser inconmutable, el ser sobre todo ser, la santidad
perfectísima, la verdad constantísima; esto es lo infinito,
la latitud, longitud, la alteza y profundidad, la gloria y su
causa, el descanso sin fatiga, la bondad en grado
inmenso. Todo lo vi junto y no acierto a decir lo que vi.
30. Vi al Señor cómo estaba antes de criar cosa alguna y
con admiración reparé dónde tenía su asiento el Altísimo,
porque no había cielo empíreo, ni los demás inferiores, ni
sol, luna ni estrellas, ni elementos, y sólo estaba el
Criador sin haberlo criado. Todo estaba desierto, sin el
ser de los ángeles, ni de los hombres, ni de los animales;
y por esto conocí que de necesidad se había de conceder
estaba Dios en su mismo ser y que de ninguna cosa de las
que crió tuvo necesidad, ni las hubo menester, porque tan
infinito era en atributos antes de criarlas como después; y
en toda su eternidad los tuvo y los tendrá, por estar como
en sujeto independiente e increado. Y ninguna perfección
perfecta y simple puede faltar a su divinidad, porque ella
sola es la que es y contiene todas las perfecciones que se
hallan en todas las criaturas por inefable y eminente
modo, y todo cuanto tiene ser está en aquel ser infinito
como efectos en su causa.
31. Conocí, pues, que en el estado de su mismo ser
estaba el Altísimo, cuando entre las tres divinas personas
a nuestro entender se decretó el comunicar sus
perfecciones de manera que hiciesen dones de ellas. Y es
de advertir, para mejor declararme, que Dios entiende
todas las cosas con un acto en sí mismo indivisible y
simplicísimo y sin discurso; y no procede del conocimiento
de una cosa a conocer otra, como nosotros procedemos,
discurriendo y conociendo primero una con un acto del
entendimiento y luego otra con otro; porque Dios todas
las conoce juntamente de una vez, sin que haya en su
entendimiento infinito primero ni postrero, que allí todas
están juntas en la noticia y ciencia divina increada, como
lo están en el ser de Dios, donde se encierran y contienen
como en primer principio.
32. En esta ciencia, que primero se llama de simple
inteligencia, según la natural precedencia del
entendimiento a la voluntad, se ha de considerar en Dios
un orden, no de tiempo, mas de naturaleza, según el cual
orden, primero entendemos que tuvo acto de
entendimiento que de voluntad; porque primero
consideramos sólo el acto de entender, sin decreto de
querer criar alguna cosa. Pues en este estado o instante
confirieron las tres divinas personas, con aquel acto de
entender, la conveniencia de las obras ad extra y de
todas las criaturas que han sido y serán futuras.
33. Y porque Su Majestad quiso dignarse de
responderme al deseo que le propuse, indigna, de saber
el orden que tuvo, o el que nosotros debemos entender,
en la determinación de criar todas las cosas y yo lo
pedía para saber el lugar que en la mente divina tuvo la
Madre de Dios y Reina nuestra diré, como pudiere, lo
que se me respondió y manifestó y el orden que entendí
en estas ideas en Dios, reduciéndolo a instantes; porque
sin esto no se puede acomodar a nuestra capacidad la
noticia de esta ciencia divina, que ya se llama aquí
ciencia de visión, adonde pertenecen las ideas o imágenes
de las criaturas que decretó criar y tiene en su
mente ideadas, conociéndolas infinitamente mejor que
nosotros las vemos y conocemos ahora.
34. Pues aunque esta divina ciencia es una y
simplicísima e indivisible, pero como las cosas que mira
son muchas, y entre ellas hay orden, que unas son
primero y otras después, unas tienen ser o existencia por
otras con dependencia de las unas a las otras; por esto,
es necesario dividir la ciencia de Dios, y lo mismo la
voluntad, en muchos instantes o en muchos actos que
correspondan a diversos instantes, según el orden de los
objetos; y así decimos que Dios entendió y determinó
primero esto que aquello y lo uno por lo otro; y que si
primero no quisiera o conociera con ciencia de visión una
cosa, no quisiera la otra. Y no por esto se ha de entender
que tuvo Dios muchos actos de entender ni querer; mas
queremos significar que las cosas están entre sí
encadenadas y suceden unas a otras; e imaginándolas
con este orden objetivo, refundimos, para entenderlas
mejor, el mismo orden en los actos de la divina ciencia y
voluntad.
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