Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsDe los ejercicios y ocupaciones santas de la Reina del Cielo en el año y medio primero de su infancia.

  INDICE            Libro  1   Capítulo  24    Versos:  378-388


378. El silencio forzoso en los años primeros de los otros
niños y ser torpes y balbucientes, porque no saben ni
pueden hablar, esto fue virtud heroica en nuestra niña
Reina; porque, si las palabras son parto del
entendimiento y como índices del discurso y le tuvo Su
Alteza perfectísimo desde su concepción, no dejó de
hablar desde luego que nació porque no podía, sino
porque no quería. Y aunque a los otros niños les faltan
las fuerzas naturales para abrir la boca, mover la tierna
lengua y pronunciar las palabras, pero en María niña no
hubo este defecto; así porque en la naturaleza estaba
más robusta, como porque al imperio y dominio que tenía
sobre todas las cosas obedecieran sus potencias propias,
si ella lo mandara. Pero el no hablar fue virtud y
perfección grande, ocultando debidamente la ciencia y la
gracia, y excusando la admiración de ver hablar a una
recién nacida. Y si fuera admiración que hablara quien
naturalmente había de estar impedida para hacerlo, no
sé si fue más admirable que callase año y medio la que
pudo hablar en naciendo.
379. Orden fue del Altísimo que nuestra niña y Señora
guardase este silencio por el tiempo que ordinariamente
los otros niños no pueden hablar. Sólo para con los
Santos Ángeles de su guarda se dispensó en esta ley, o
cuando vocalmente oraba al Señor a solas; que para
hablar con el mismo Dios, autor de aquel beneficio, y con
los Ángeles legados suyos, cuando corporalmente
trataban a la niña, no intervenía la misma razón de callar
que con los hombres, antes convenía que orase con la
boca, pues no tenía impedimento en aquella potencia y
sin él no había de estar ociosa tanto tiempo. Pero su
madre Santa Ana nunca la oyó, ni conoció que podía
hablar en aquella edad; y con esto se entiende mejor
cómo fue virtud el no hacerlo en aquel año y medio de
su primera infancia. Mas en este tiempo, cuando a su
madre le pareció oportuno, soltó las manos y los brazos a
la niña María, y ella cogió luego las suyas a sus padres y
se las besó con gran sumisión y humildad reverencial; y
en esta costumbre perseveró mientras vivieron sus santos
padres. Y con algunas demostraciones daba señal en
aquella edad para que la bendijesen, hablándoles más al
corazón para que lo hicieran que quererlo pedir con la
boca. Tanta fue la reverencia en que los tenía, que jamás
faltó un punto en ella, ni en obedecerlos; ni les dio
molestia ni pena alguna, porque conocía sus
pensamientos y prevenía la obediencia.
380. En todas sus acciones y movimientos era gobernada
por el Espíritu Santo, con que siempre obraba lo
perfectísimo, pero ejecutándolo no se satisfacía su
ardentísimo amor, que de continuo renovaba sus afectos
fervorosos para emular mejores carismas (1 Cor., 12,
31). Las revelaciones Divinas y visiones intelectuales eran
en esta niña Reina muy continuas, asistiéndola siempre
el Altísimo; y cuando alguna vez suspendía su
providencia un modo de visiones o intelecciones, atendía
a otras; porque de la visión clara de la Divinidad que
dije arriba (Cf. supra n. 333) había tenido luego que nació
y fue llevada al cielo por los Ángeles le quedaron
especies de lo que conoció; y desde .entonces, como salió
de la bodega del vino ordenada la caridad (Cant., 2, 4),
quedó tan herido su corazón, que convirtiéndose a esta
contemplación era toda enardecida; y como el cuerpo
era tierno y flaco, y el amor fuerte como la muerte (Cant.,
8, 6), llegaba a padecer suma dolencia de amor, de que
enferma muriera, si el Altísimo no fortaleciera y
conservara con milagrosa virtud la parte inferior y vida
natural. Pero muchas veces daba lugar el Señor para
que aquel tierno y virginal cuerpecito llegase a
desfallecer mucho con la violencia del amor, y que los
Santos Ángeles la sustentasen y confortasen,
cumpliéndose aquello de la Esposa: Fulcite me floribus,
quia amore langueo (Cant., 2, 5); «socorredme con
flores, que estoy enferma de amor». Y este fue un
nobilísimo género de martirio millares de veces repetido
en esta divina Señora, con que excedió a todos los mártires
en el merecimiento y aun en el dolor.
381. Es la pena del amor tan dulce y apetecible, que
cuanto mayor causa tiene tanto más desea, quien la
padece, que le hablen de quien ama, pretendiendo curar
la herida con renovarla. Y este suavísimo engaño
entretiene al alma entre una penosa vida y una dulce
muerte. Esto le sucedía a la niña María con sus Ángeles,
que ella les hablaba de su amado y ellos le respondían.
Preguntábales ella muchas veces, y les decía: Ministros
de mi Señor y mensajeros suyos, hermosísimas obras de
sus manos, centellas de aquel divino fuego que
enciende mi corazón, pues gozáis de su hermosura eterna
sin velo ni rebozo, decidme las señas de mi amado ¿qué
condiciones tiene mi querido? Avisadme si acaso le tengo
disgustado, sabedme lo que desea y quiere de mí y no
tardéis en aliviar mi pena, que desfallezco de amor.
382. Respondíanla los espíritus soberanos: Esposa del
Altísimo, vuestro amado es solo el que sólo por sí es, el
que de nadie necesita, y todos de Él. Es infinito en
perfecciones, inmenso en la grandeza, sin límite en el
poder, sin término en la sabiduría, sin modo en la
bondad; el que dio principio a todo lo criado sin tenerlo,
el que lo gobierna sin cansancio, el que lo conserva sin
haberlo menester; el que viste de hermosura a todo lo
criado, y que la suya nadie la puede comprender, y hace
con ella bienaventurados a los que llegan a verla cara a
cara. Infinitas son, Señora, las perfecciones de vuestro
Esposo, exceden a nuestro entendimiento y sus altos
juicios son para la criatura investigables.
383. En estos coloquios y otros muchos, que no alcanza
toda nuestra capacidad, pasaba la niñez María
Santísima con sus Ángeles y con el Altísimo, en quien
estaba transformada. Y como era consiguiente crecer en
el fervor y ansias de ver al sumo bien, que sobre todo
pensamiento amaba, muchas veces por voluntad del
Señor y por manos de sus Ángeles era llevada
corporalmente al cielo empíreo, donde gozaba de la
presencia de la Divinidad; aunque algunas veces, de
estas que era levantada al Cielo, la veía claramente, y
otras sólo por especies infusas, pero altísimas y
clarísimas en este género de visión. Conocía también a
los Ángeles clara e intuitivamente, sus grados, órdenes y
jerarquías, y otros grandes sacramentos entendía en
este beneficio. Y como fue muchas veces repetido, con el
uso de él y los actos que ejercía, vino a adquirir un hábito
tan intenso y robusto de amor, que parecía más divina
que humana criatura; y ninguna otra pudiera ser capaz
de este beneficio, y otros que con proporción le
acompañaban, ni tampoco la naturaleza mortal de la
misma Reina los pudiera recibir sin morir, si por milagro
no fuera conservada.
384. Cuando era necesario en aquella niñez recibir algún
obsequio y beneficio de sus santos padres, o cualquiera
otra criatura, siempre lo admitía con interna humillación
y agradecimiento y pedía al Señor les premiase aquel
bien que le hacían por su amor. Y con estar en tan alto
grado de santidad y llena de la divina luz del Señor y sus
misterios, se juzgaba por la menor de las criaturas y en
su comparación con la propia estimación se ponía en el
último lugar de todas; y aun del mismo alimento para la
vida natural se reputaba indigna la que era Reina y
Señora de todo lo criado.
Doctrina de la Reina del cielo.
385. Hija mía, el que recibe más, se debe reputar por el
más pobre, porque su deuda es mayor; y si todos deben
humillarse, porque de sí mismos nada son, ni pueden, ni
poseen, por esta misma razón se ha de pegar más con la
tierra aquel que siendo polvo le ha levantado la mano
poderosa del Altísimo; pues quedándose por sí y en sí
mismo, sin ser ni valer nada, se halla más adeudado y
obligado a lo que por sí no puede satisfacer. Conozca la
criatura lo que de sí es; pues nadie podrá decir, yo me
hice a mí mismo, ni yo me sustento, ni yo puedo alargar
mi vida, ni detener la muerte. Todo el ser y conservación
depende de la mano del Señor; humíllese la criatura en
su presencia, y tú, carísima, no olvides este documento.
386. También quiero aprecies como gran tesoro la
virtud del silencio, que yo comencé a guardar desde mi
nacimiento; porque conocí en el Señor todas las virtudes
con la luz que recibí de su mano poderosa, y me aficioné
a ésta con mucho afecto, proponiendo tenerla por
compañera y amiga toda mi vida; y así lo guardé con
inviolable recato, aunque pude hablar luego que salí al
mundo. El hablar sin medida y peso es un cuchillo de dos
filos que hiere al que habla y juntamente al que oye, y
entrambos destruyen la caridad, o la impiden con todas
las virtudes. Y de esto entenderás cuánto se ofende Dios
con el vicio de la lengua desconcertada y suelta, y con
qué justicia aparta su espíritu y esconde su cara de la
locuacidad, bullicio y conversaciones, donde hablándose
mucho no se pueden excusar graves pecados (Prov., 10,
19). Sólo con Dios y sus Santos se puede hablar con
seguridad, y aun eso ha de ser con peso y discreción;
pero con las criaturas es muy difícil conservar el medio
perfecto, sin pasar de lo justo y necesario a lo injusto y
superfluo.
387. El remedio que te preservará de este peligro es
quedar siempre más cerca del extremo contrario,
excediendo en callar y enmudeciendo; porque el medio
prudente de hablar lo necesario se halla más cerca de
callar mucho que de hablar demasiado. Advierte, alma,
que sin dejar a Dios en tu interior y secreto, no puedes
irte tras de las conversaciones voluntarias de criaturas; y
lo que sin vergüenza y nota de grosería no hicieras con
otra criatura, no debes hacerlo con el Señor tuyo y de
todos. Aparta los oídos de las engañosas fabulaciones,
que te pueden obligar a que hables lo que no debes;
pues no es justo que hables más de lo que te manda tu
Dueño y Señor. Oye a su Ley Santa, que con mano liberal
ha escrito en tu corazón; escucha en él la voz de tu Pastor
y respóndele allí, y sólo a él. Y quiero dejarte advertida
que, si has de ser mi discípula y compañera, ha de ser
señalándote por extremo en esta virtud del silencio. Calla
mucho, y escribe este documento en tu corazón ahora, y
aficiónate más y más a esta virtud, que primero quiero
de ti este afecto, y después te enseñaré cómo debes
hablar; pero no te impido para que dejes de hablar,
amonestando y consolando, a tus hijas y subditas.
388. Habla también con los que te puedan dar señas de
tu amado y te despierten y enciendan en su amor; y en
estas pláticas adquirirás el deseado silencio
provechoso para tu alma; pues de aquí te nacerá el
horror y hastío de las conversaciones humanas y sólo
gustarás de hablar del bien eterno que deseas; y con la
fuerza del amor, que transformará tu ser en el amado,
desfallecerá el ímpetu de las pasiones y llegarás a sentir
algo de aquel martirio dulce que yo padecía cuando me
querellaba del cuerpo y de la vida; porque me parecían
duras prisiones que detenían mi vuelo, aunque no mi
amor. Oh, hija mía, olvídate de todo lo terreno en el
secreto de tu silencio y sigúeme con todo tu fervor y
fuerzas, para que llegues al estado que tu Esposo te
convida, donde oigas aquella consolación que a mí me
entretenía en mi dolor de amor: Paloma mía, dilata tu
corazón, y admite, querida mía, esta dulce pena, que de
tu afecto está mi corazón herido. Esto me decía el Señor,
y tú lo has oído repetidas veces, porque al solo y
silenciario habla Su Majestad.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #45                                                 INDICE  Arriba ^^

 

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