Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsDe la virtud de la Prudencia de la Santísima Reina del cielo.

  INDICE            Libro  2   Capítulo  9    Versos:  533-552


533. Como el entendimiento precede en sus
operaciones a la voluntad y la encamina en las suyas, así
las virtudes que tocan al entendimiento son primero que
las de la voluntad. Y aunque el oficio del entendimiento
es conocer la verdad y entenderla, y por esto se pudiera
dudar si sus hábitos son virtudes cuya naturaleza consiste
en inclinar y obrar lo bueno, pero es cierto que
también hay virtudes intelectuales, cuyas operaciones
son loables y buenas, regulándose por la razón y la
verdad, que conoce el entendimiento es su propio bien. Y
cuando se le enseña y propone a la voluntad para que
ella le apetezca y le da reglas para hacerlo, entonces el
acto del entendimiento es bueno y virtuoso en el orden
del objeto teológico, como la fe, o moral, como la
prudencia, que entendiendo endereza y gobierna las
operaciones de los apetitos. Por esta razón la virtud de la
prudencia es la primera y pertenece al entendimiento; y
ésta es como la raíz de las otras virtudes morales y
cardinales, que con la prudencia son loables sus
operaciones y sin ella son viciosas y vituperables.
534. Tuvo la soberana Reina María esta virtud de la
Prudencia en supremo grado proporcionado al de las
otras virtudes que hasta ahora he dicho y adelante diré
en cada una; y por la superioridad de esta virtud la llama
la Iglesia Virgen Prudentísima. Y como esta primera
virtud es la que gobierna, endereza y manda todas las
obras de las otras virtudes, y en todo el discurso de esta
Historia se trata de las que obraba María Santísima, con
eso estará lleno todo el discurso de lo poco que pudiere
decir y escribir de este piélago de Prudencia, pues en
todas sus obras resplandecerá la luz de esta virtud con
que las gobernaba. Por esto hablaré ahora más en general
de la Prudencia de la soberana Reina, declarándola
por sus partes y condiciones, según la doctrina común de
los Doctores y Santos, para que con esto se pueda
entender mejor.
535. De los tres géneros de Prudencia, que al uno
llaman prudencia política, al otro prudencia purgatoria y
al tercero prudencia del ánimo purgado o purificado y
perfecto, ninguno le faltó a nuestra Reina en supremo
grado; porque si bien sus potencias estaban
purificadísimas o, por decir mejor, no tenían que purificar
de culpa ni de contradicción en la virtud, pero tenían que
purificar en la natural nesciencia y también caminar de lo
bueno y santo a lo más perfecto y santísimo. Y esto se ha
de entender respecto de su mismas obras y
comparándolas entre sí mismas y no con las de otras
criaturas; porque en comparación de los demás
Santos, no hubo obra menos perfecta en esta Ciudad de
Dios, cuyos fundamentos estaban sobre los montes
santos (Sal., 86, 1); pero en sí misma, como fue
creciendo desde el instante de la concepción en la
caridad y gracia, unas obras, que fueron en sí
perfectísimas y superiores a todas las de los Santos,
fueron menos perfectas respecto de otras más altas a
que ascendía.
536. La Prudencia política, en general, es la que piensa
y pesa todo lo que se debe hacer y, reduciéndolo a la
razón, nada hace que no sea recto y bueno. La Prudencia
purgatoria o purgativa es la que todo lo visible pospone y
abstrae por enderezar el corazón a la Divina
contemplación y a todo lo que es celestial. La Prudencia
del ánimo purgado es la que mira al sumo bien y
endereza a Él todo el afecto para unirse y descansar allí,
como si ninguna otra cosa hubiera fuera de Él. Todos
estos géneros de Prudencia estaban en el entendimiento
de María Santísima para discernir y conocer sin engaño
y para dirigir y mover sin remisión ni tardanza lo más alto
y perfecto de estas operaciones. Nunca pudo el juicio de
esta soberana Señora dictar ni presumir cosa alguna en
todas las materias, que no fuese lo mejor y más recto.
Nadie alcanzó como ella, ni lo hizo, a posponer y desviar
todo lo mundial y visible, para enderezar el afecto a la
contemplación de las cosas Divinas. Y habiéndolas
conocido como las conoció con tantos géneros de
noticias, de tal suerte estaba unida por amor al sumo
bien increado, que nada la ocupó ni impidió para
descansar en este centro de su amor.
537. Las partes que componen la Prudencia, claro está
que con suma perfección estaban en nuestra Reina. La
primera es la Memoria, para tener presentes las cosas
pasadas y experimentadas; de donde se deducen
muchas reglas de proceder y obrar en lo futuro y
presente; porque esta virtud trata de las operaciones en
particular; y como no puede haber una regla general
para todas, es necesario deducir muchas de muchos
ejemplos y experiencias; y para esto se requiere la
memoria. Esta parte tuvo nuestra soberana Reina tan
constante, que jamás padeció el defecto natural del
olvido; porque siempre le quedó inmóvil y presente en la
memoria lo que una vez entendió y aprendió. En este
beneficio transcendió María Purísima todo el orden de la
naturaleza humana y aun la angélica, porque en ella hizo
Dios un epílogo de lo más perfecto de entrambas. Tuvo de
la naturaleza humana lo esencial, y de lo accidental lo
que era más perfecto y lejos de la culpa y necesario para
merecer; y de los dones naturales y sobrenaturales de la
naturaleza angélica tuvo muchos, por especial gracia, en
mayor alteza que los mismos ángeles. Y uno de estos
dones fue la memoria fija y constante, sin poder olvidar lo
que aprendía; y cuanto excedió a los ángeles en la Prudencia,
tanto se aventajó en esta parte de la memoria.
538. En sola una cosa limitó este beneficio
misteriosamente la humilde pureza de María Santísima;
porque habiendo de quedarle fijas en su memoria las
especies de todas las cosas, y entre ellas era inexcusable
haber conocido muchas fealdades y pecados de las
criaturas, pidió al Señor la humildísima y purísima
Princesa que el beneficio de la memoria no se extendiese
a conservar estas especies, más de en lo que fuese
necesario para el ejercicio de la caridad fraternal con los
prójimos y de las demás virtudes. Concedióle el Altísimo
esta petición, más en testimonio de su candidísima humildad
que por el peligro de ella; pues al sol no le ofende lo
inmundo que sus rayos tocan, ni tampoco a los ángeles
los conturban nuestras vilezas, porque para los limpios
todo es limpio (Tit., 1, 15). Pero en este favor quiso
privilegiar el Señor de los ángeles a su Madre más que a
ellos y sólo conservar en su memoria las especies de todo
lo santo, honesto, limpio y más amable de su pureza y
más agradable al mismo Señor; con todo lo cual aquella
alma santísima, aun en esta parte, estaba más hermosa y
adornada de especies en su memoria de todo lo más puro
y deseable.
539. Otra parte de la Prudencia se llama inteligencia,
que principalmente mira a lo que de presente se debe
hacer; y consiste en entender profunda y
verdaderamente las razones y principios ciertos de las
obras virtuosas para ejecutarlas, deduciendo su
ejecución de esta inteligencia, así en lo que conoce el
entendimiento de la honestidad de la virtud en general,
como de lo que debe hacer en particular quien ha de
obrar con rectitud y perfección; como cuando tengo
profunda inteligencia de esta verdad: A nadie debes
hacer el daño que tú no quieres recibir de otro; luego a
este tu hermano no debes hacerle agravio particular, que
a ti te pareciera mal, si contigo lo hiciera él mismo o
cualquiera otro. Esta inteligencia tuvo María Santísima en
tanto más alto grado que todas las criaturas, cuanto más
verdades morales conoció y más profundamente penetró
su infalible rectitud y participación de la divina. En
aquel clarísimo entendimiento, ilustrado con los
mayores resplandores de la luz Divina, no había
engaño, ignorancia, ni duda, ni opiniones como en las
demás criaturas; porque todas las verdades, especialmente
en las materias prácticas de las virtudes, las
penetró y entendió en general y en particular, como ellas
son en sí mismas; y en este grado incomparable tuvo esta
parte de Prudencia.
540. La tercera se llama Providencia, y es la principal
entre las partes de la Prudencia, porque lo más
importante en la dirección de las acciones humanas es
ordenar lo presente a lo futuro, para que todo se
gobierne con rectitud; y esto hace la Providencia. Tuvo
esta parte de la Prudencia nuestra Reina y Señora en
más excelente grado, si pudiera serlo, que todas las
otras; porque, a más de la memoria de lo pasado y
profunda inteligencia de lo presente, tenía ciencia y
conocimiento infalible de muchas cosas futuras a que se
extendía la buena Providencia. Y con esta noticia y luz
infusa, de tal suerte prevenía las cosas futuras y
disponía los sucesos, que ninguno pudo ser para ella
repentino ni impensado. Todas las cosas tenía previstas,
pensadas y ponderadas en el peso del santuario de su
mente, ilustrada con la luz infusa; y así aguardaba no con
duda ni incertidumbre, como los demás hombres, todos
los sucesos antes que fuesen, pero con certeza clarísima;
de suerte que todo hallase su lugar, tiempo y coyuntura
oportuna, para que todo fuese bien gobernado.
541. Estas tres partes de la Prudencia comprenden las
operaciones que con esta virtud tiene el entendimiento,
distribuyéndolas en orden a las tres partes del tiempo
pretérito, presente y futuro. Pero considerando todas las
operaciones de esta virtud en cuanto conoce los medios
de las otras virtudes y endereza las operaciones de la
voluntad, en esta consideración añaden los doctores y
filósofos otras cinco partes y operaciones a la Prudencia,
que son: docilidad, razón, solercia, circunspección y
cautela. La docilidad es el buen dictamen y disposición
para ser enseñada la criatura de los más sabios, y no
serlo consigo misma, ni estribar en su propio juicio y sabiduría.
La razón, que también se llama raciocinación,
consiste en discurrir con acierto, deduciendo de lo que
se entiende como en general las particulares razones o
consejos para las operaciones virtuosas. La solercia es la
diligente atención y aplicación advertida a todo lo que
sucede, como la docilidad a lo que nos enseñan, para
hacer juicio recto y sacar reglas de bien obrar nuestras
acciones. La circunspección es el juicio y consideración
de las circunstancias que ha de tener la obra virtuosa;
porque no basta el buen fin para que sea loable, si le
faltaren los circunstancias y oportunidad que se
requieren en ellas. La cautela dice la discreta atención
con que se deben advertir y evitar los peligros o
impedimentos que pueden ocurrir con color de virtud o
impensadamente, para que no nos hallen incautos o
inadvertidos.
542. Todas estas partes de la Prudencia estuvieron en
la Reina del Cielo sin defecto alguno y con su última
perfección. La docilidad fue en Su Alteza como hija
legítima de su incomparable humildad; pues habiendo
recibido tanta plenitud de ciencia desde el instante de su
Inmaculada Concepción y siendo la Maestra y Madre de
la verdadera sabiduría, siempre se dejó enseñar de los
mayores, de los iguales y menores, juzgándose por menor
que todos y queriendo ser discípula de los que en su
comparación eran ignorantísimos. Esta docilidad mostró
toda la vida como una candidísima paloma, disimulando
su sabiduría con mayor prudencia que de serpiente (Mt.,
10, 16). Dejóse enseñar de sus padres niña y de su
maestra en el templo y de sus compañeras, de su esposo
José, de los Apóstoles y de todas las criaturas quiso
deprender para ser ejemplo portentoso de esta virtud y
de la humildad, como en otro lugar he dicho (Cf. supra n.
405, 472).
543. La razón prudencial o raciocinación de María
Santísima se infiere mucho de las veces que dice de ella
el Evangelista San Lucas (Lc., 2, 19.51) que guardaba en
su corazón y confería lo que iba sucediendo en las obras
y misterios de su Hijo Santísimo. Esta conferencia parece
obra de la razón, con que careaba unas cosas primeras
con otras que iban ocurriendo y sucediendo y las confería
entre sí mismas, para hacer en su corazón prudentísimos
consejos y aplicarlos en lo que era conveniente para
obrar con el acierto que lo hacía. Y aunque muchas cosas
conocía sin discurso y con una simplicísima vista o
inteligencia que excedía a todo discurso humano, pero,
en orden a las obras que había de hacer en las virtudes,
podía raciocinar y aplicar con el discurso las razones
generales de las virtudes a sus propias operaciones.
544. En la solercia y diligente advertencia de la
Prudencia también fue la soberana Señora muy
privilegiada; porque no tenía el peso grave de las
pasiones y corrupción, y así no sentía descaecimientos ni
tardanza en las potencias; antes estaba fácil, pronta y
muy expedita para advertir y atender a todo lo que podía
servir para hacer recto juicio y sano consejo en obrar las
virtudes en cualquier caso ocurrente, atendiendo con
presteza y velocidad al medio de la virtud y su operación.
En la circunspección fue María Santísima igualmente
admirable; porque todas sus obras fueron tan
cabales, que a ninguna le faltó circunstancia buena, y
todas tuvieron las mejores, que las pudieran levantar de
punto. Y como eran la mayor parte de sus obras
ordenadas a la caridad de los prójimos, y todas tan
oportunas, por eso en el enseñar, consolar, amonestar,
rogar o corregir, siempre se lograba la eficaz dulzura de
sus razones y agrado de sus obras.
545. La última parte, de la cautela para ocurrir a los
impedimentos que pueden estorbar o destruir la virtud,
era necesario que estuviese en la Reina de los Ángeles
con más perfección que en ellos mismos; porque la
sabiduría tan alta, y el amor que le correspondía, la
hacían tan cauta y advertida que ningún suceso ni
impedimento ocurrente la pudo topar incauta, sin haberle
desviado para obrar con suma perfección en todas las
virtudes. Y como el enemigo, según adelante diré (Cf.
infra p. II n. 353), se desvelaba tanto en ponerle
impedimentos exquisitos y extraños para el bien, porque
no los podía mover en sus pasiones, por esto ejercitó la
Prudentísima Virgen esta parte de la cautela muchas
veces con admiración de todos los Ángeles. Y de esta
discreción cautelosa de María Santísima, le cobró el
demonio una temerosa rabia y envidia, deseando conocer
el poder con que le deshacía tantas maquinaciones y
astucias como fraguaba para impedirla o divertirla, y
siempre quedaba frustrado, porque siempre la Señora de
las virtudes obraba lo más perfecto de todas en
cualquiera materia y suceso.
546. Conocidas las partes de que la Prudencia se
integra y compone, se divide en especies según los
objetos y fines para que sirve. Y como el gobierno de la
Prudencia puede ser consigo mismo o con otros, por eso
se divide según que enseña a gobernarse a sí y a otros.
La que sirve a cada uno para el gobierno de sus propias y
especiales acciones, creo se llama enárquica; y de ésta
no hay que decir más de lo que arriba queda declarado
del gobierno que la Reina del Cielo tenía principalmente
consigo misma. La que enseña el gobierno de muchos se
llama poliárquica; y ésta se divide en cuatro especies,
según las diferencias de gobernar diversas partes de
multitud: la primera se llama prudencia regnativa que
enseña a gobernar los reinos con leyes justas y
necesarias, y es propia de los reyes, príncipes y
monarcas y de aquellos donde está la potestad suprema;
la segunda se llama política, determinando este nombre
a la que enseña el gobierno de las ciudades o repúblicas;
la tercera se llama económica, que enseña y dispone lo
que pertenece al gobierno doméstico de las familias y
casas particulares; la cuarta es la prudencia militar, que
enseña a gobernar la guerra y los ejércitos.
547. Ninguno de estos linajes de prudencia faltó a
nuestra gran Reina; porque todos se le dieron en hábito
en el instante que fue concebida y santificada
juntamente, para que no le faltase gracia, ni virtud, ni
perfección alguna que la levantase y hermosease sobre
todas las criaturas. Formóla el Altísimo para archivo y
depósito de todos sus dones, para ejemplar de todo el
resto de las criaturas y para desempeño de su mismo
poder y grandeza, y que se conociese enteramente en la
Jerusalén celestial lo que pudo y quiso obrar en una pura
criatura. Y no estuvieron ociosos en María Santísima los
hábitos de estas virtudes, porque todas las ejercitó en el
discurso de su vida en muchas ocasiones que se le
ofrecieron. Y de lo que toca a la prudencia económica,
sabida cosa es cuán incomparable la tuvo en el gobierno
de su casa con su esposo José y con su Hijo Santísimo, en
cuya educación y servicio procedió con tal prudencia,
cual pedía el más alto y oculto sacramento que Dios ha
fiado de las criaturas; de que diré lo que entendiere y
pudiere en su lugar (Cf. infla p.ii n. 653-663, 702-711).
548. El ejercicio de la Prudencia regnativa o monárquica
tuvo como Emperatriz única en la Iglesia, enseñando,
amonestando y gobernando a los Sagrados Apóstoles en
la primitiva Iglesia, para fundarla y establecer en ella las
leyes, ritos y ceremonias más necesarios y convenientes
para su propagación y firmeza. Y aunque les obedecía en
las cosas particulares y preguntaba especialmente a San
Pedro como Vicario de Cristo y cabeza, y a San Juan
como a su capellán, pero juntamente la consultaban y
obedecían ellos y los demás en las cosas generales y en
otras del gobierno de la Iglesia. Enseñó también a los
reyes y príncipes cristianos que la pidieron consejo;
porque muchos la buscaron para conocerla después de la
subida de su Hijo Santísimo a los Cielos (Cf. infra p. II n.
567 y p. III n. 587-588); especialmente la consultaron los
tres Reyes Magos, cuando adoraron al Niño, y ella les
respondió y enseñó todo lo que debían hacer, en su
gobierno y de sus estados, con tanta luz y acierto que fue
su estrella y guía para enseñarles el camino de la
eternidad; y volvieron a sus patrias ilustrados, consolados
y admirados de la sabiduría, prudencia y dulcísima
eficacia de las palabras que habían oído a una tierna
doncella. Y para testimonio de todo lo que en esto se
puede encarecer, basta oír a la misma Reina que dice
(Prov., 8, 15-16): Por mí reinan los Reyes, mandan los
Príncipes y los autores de las leyes determinan lo que es
justo.
549. Tampoco le faltó el uso de la prudencia política,
enseñando a las repúblicas y pueblos, y a los de los
primitivos fieles en particular, cómo habían de proceder
en sus acciones públicas y gobierno y cómo debían
obedecer a los reyes y príncipes temporales, y en
particular al Vicario de Cristo y Cabeza de la Iglesia, y a
sus Prelados y Obispos, y cómo se debían disponer los
Concilios, definiciones y decretos que en ellos se hacían.
La prudencia militar tuvo también su lugar en la soberana
Reina; porque fue consultada también sobre esto de
algunos fieles, a quienes aconsejó y enseñó lo que debían
hacer en las guerras justas con sus enemigos, para
obrarlas con mayor justicia y beneplácito del Señor. Y
aquí pudiera entrar el valeroso ánimo y Prudencia con
que venció esta poderosa Señora al príncipe de las
tinieblas y enseñó a pelear con él con suprema sabiduría
y Prudencia, mejor que David con el gigante y Judit con
Holofernes ni Ester con Amán. Y cuando para todas estas
acciones referidas no sirvieran estas especies y hábitos
de Prudencia en la Madre de la sabiduría, convenía que
los tuviese todos, a más del adorno de su alma santísima,
para ser medianera y abogada única del mundo; porque
habiendo de pedir todos los beneficios que Dios había de
conceder a los mortales, sin venir alguno que no fuese
por su mano e intercesión, convenía que tuviese noticia y
perfecto conocimiento de las virtudes que pedía para los
mortales y que se derivasen de esta Señora como de
Original y manantial después del mismo Dios y Señor,
donde están como en principio increado.
550. Otros adminículos se le atribuyen a la Prudencia,
que son como instrumentos suyos, y les llaman partes
potenciales con que obra. Estos son, la fuerza o virtud en
hacer sano juicio y se llama synesis, y la que endereza y
forma el buen consejo y se llama ebulia, y la que en
algunos casos particulares enseña a salir de las reglas
comunes y se llama gnome, y ésta es necesaria para la
epiqueya o epiquía, que juzga algunos casos por reglas
superiores a las leyes ordinarias. Con todas estas
perfecciones y fuerza estuvo la Prudencia en María
Santísima; porque nadie como ella supo formar el sano
consejo para todos en los casos contingentes, ni tampoco
pudo nadie, aunque fuese el supremo ángel, hacer tan
recto juicio en todas las materias. Y sobre todo alcanzó
nuestra Prudentísima Reina las razones superiores y
reglas de obrar con todo acierto en las casos que no
podían venir las reglas ordinarias y comunes, de que
sería muy largo discurso quererlos referir aquí; muchos se
entenderán en el progreso de su vida santísima. Y para
concluir todo este discurso de su Prudencia, sea la regla
por donde se ha de medir, la Prudencia del alma
santísima de Cristo Señor nuestro, con quien se ajustó y
asimiló en todo respectivamente, como formada para
coadjutora, semejante a Él mismo en las obras de la
mayor Prudencia y sabiduría que obró el Señor de todo lo
criado y Redentor del mundo.

Doctrina de la Reina del cielo.

551. Hija mía, todo lo que en este capítulo has escrito y
lo que has entendido, quiero que sea doctrina y
advertencia que te doy para el gobierno de todas tus
acciones. Escribe en tu mente y conserva la memoria fija
del conocimiento que te han dado de mi Prudencia en
todo lo que pensaba, quería y ejecutaba; y esta luz te
encaminará en medio de las tinieblas de la humana
ignorancia, para que no te confunda y turbe la
fascinación de las pasiones y mucho más, la que con
suma malicia y desvelo trabajan tus enemigos por
introducir en tu entendimiento. El no alcanzar todas
las reglas de la Prudencia, no es culpable en la criatura;
pero el ser negligente en adquirirlas, para estar
advertida en todo como debe, ésta es grave culpa y
causa de muchos engaños y errores en sus obras. Y de
esta negligencia nace que se desmanden las pasiones,
que destruyen e impiden la Prudencia; particularmente la
desordenada tristeza y deleite, que pervierten el juicio
recto de la Prudente consideración del bien y del mal. Y
de aquí nacen dos peligrosos vicios, que son la
precipitación en obrar sin acuerdo de los medios convenientes,
o la inconstancia en los buenos propósitos y
obras comenzadas. La destemplada ira o el indiscreto
fervor, entrambos precipitan y arrebatan en muchas
acciones exteriores que se hacen sin medida y sin
consejo. La facilidad en el juicio y el no tener firmeza en
el bien son causa de que el alma imprudentemente se
mueva de lo comenzado; porque admite lo que en
contrario le ocurre y se agrada livianamente ahora del
verdadero bien y luego del aparente y engañoso que las
pasiones piden y el demonio representa.
552. Contra todos estos peligros te quiero advertida y
prudente, y seráslo si atiendes al ejemplar de mis obras y
conservas los documentos y consejos de la obediencia de
tus padres espirituales, sin la cual nada debes hacer
para proceder con consejo y docilidad. Y advierte que
por ella te comunicará el Altísimo copiosa sabiduría,
porque le obliga sobremanera el corazón blando,
rendido y dócil. Acuérdate siempre de la desdicha de
aquellas vírgenes imprudentes y fatuas (Mt., 25, 1-13) que
por su inadvertida negligencia despreciaron el cuidado y
sano consejo, cuando debían tenerle; y después cuando
le buscaban hallaron cerrada la puerta del remedio.
Procura, hija mía, con la sinceridad de paloma juntar la
prudencia de serpiente (Mt., 10, 16), y serán tus obras
perfectas.
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