Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsDeclárase otro modo de vista y comunicación que tenía María Santísima con los Santos Ángeles que la asistían.

  INDICE            Libro  2   Capítulo  15    Versos:  646-659


646. Tanta es la fuerza y eficacia de la divina gracia, y
del amor que causa en la criatura, que puede borrar en
ella la imagen del pecado y del hombre terreno y formar
otro nuevo ser y celestial imagen (1 Cor., 15, 48-49), cuya
conversación sea en los cielos (Flp., 3, 20), entendiendo,
amando y obrando, no como criatura terrena, pero como
celestial y divina; porque la fuerza del amor roba el
corazón y el alma de donde anima y le pone y transforma
en lo que ama. Esta verdad cristiana, creída de todos,
entendida de los doctores y experimentada de los Santos,
se ha de considerar en nuestra gran Reina y Señora
ejecutada con privilegios tan singulares, que ni con
ejemplo de otros Santos, ni con entendimiento de
Ángeles, se puede comprender ni explicar. Era María
Santísima, por Madre del Verbo, Señora de todo lo criado;
pero siendo imagen viva de su Hijo Unigénito, a su
imitación usó tan poco de las criaturas visibles, de quien
era Señora, que ninguna menos parte tuvo en ellas, fuera
de lo que fue preciso y necesario para el servicio del
Altísimo y vida natural de su Hijo Santísimo y suya.
647. A este olvido y alejamiento de todo lo terreno
había de corresponder la conversación en lo celestial; y
ésta se había de proporcionar con la dignidad de Madre
del mismo Dios y Señora de los cielos, en cuya
comunicación debidamente estaba conmutada la
conversación terrena. Por esto era como necesario y
consiguiente que la Reina y Señora de los Ángeles fuera
singular y privilegiada en el obsequio de los mismos
cortesanos, vasallos suyos, y los tratase y comunicase con
diferente modo que todas las criaturas humanas, por más
santas que fuesen. En el capítulo 23 del primer libro dije
algo de las apariciones ordinarias y diversas con que se
le manifestaban a nuestra Reina y Señora los Santos
Ángeles y Serafines destinados y señaldos para guarda
suya; y en el capítulo precedente quedan declarados
generalmente los modos y formas de visiones Divinas que
Su Alteza tenía, advirtiendo que siempre en aquella
esfera y especie de visiones eran las suyas mucho más
excelentes y divinas en la sustancia y en el modo y
efectos que causaban en su alma santísima.
648. Para este capítulo remití otro modo más singular y
privilegiado que concedió el Altísimo a su Madre
Santísima, para que viese y comunicase a los Santos
Ángeles de su guarda y a los demás que de parte del
mismo Señor en diversas ocasiones la visitaban. Este
modo de visión y comunicación era el mismo que los
órdenes y jerarquías angélicas tienen entre sí mismos,
donde cada uno de los espíritus soberanos conocen a los
demás por sí mismos, sin otra especie que mueva su
entendimiento más que la misma sustancia y naturaleza
del ángel que es conocido. Y a más de esto, los ángeles
superiores iluminan a los inferiores, informándolos de los
misterios ocultos que a los superiores inmediatamente
revela y manifiesta el Altísimo, para que se vayan
derivando y remitiendo de lo supremo a lo ínfimo; porque
este orden conviene a la grandeza y majestad infinita del
supremo Rey y Gobernador de todo lo criado. De donde
se entenderá cómo esta iluminación o revelación tan
ordenada es fuera de la gloria esencial de los Santos
Ángeles; porque ésta la reciben todos inmediatamente
de la Divinidad, cuya visión y fruición se comunica a cada
uno a la medida de sus merecimientos; y un Ángel no
puede hacer a otro esencialmente bienaventurado,
iluminándole o revelándole algún misterio, porque el
iluminado no vería a Dios cara a cara, y sin esto no puede
ser bienaventurado ni conseguir su último fin.
649. Pero como el objeto es infinito y espejo voluntario
fuera de lo que pertenece a la ciencia beatífica de los
Santos tiene infinitos secretos y misterios que les puede
revelar y revela especialmente para el gobierno de su
Iglesia y del mundo; y en estas iluminaciones se guarda
el orden que digo. Y como estas revelaciones son fuera
de la gloria esencial, por eso el carecer de su noticia no
se llama ignorancia en los ángeles ni privación de
ciencia, pero llámase nesciencia o negación, y la
revelación se llama iluminación, purgación o purificación
de esta nesciencia; y sucede, a nuestro modo de
entender, como si los rayos del sol penetrasen
muchos cristales puestos en orden, que todos
participarían de una misma luz comunicada de los
primeros a los últimos, tocando primero a los más
inmediatos. Sola una diferencia se halla en este ejemplo;
que las vidrieras o cristales, respecto de los rayos, se han
pasivamente sin más actividad que la del sol, que a todas
las ilumina con una acción, pero los Santos Ángeles son
pacientes en recibir la iluminación de los superiores y
agentes en comunicarla a los inferiores; y comunican
estas iluminaciones con alabanza, admiración y amor,
derivándose todo del supremo Sol de Justicia, Dios eterno
e inmutable.
650. En este orden admirable de revelaciones Divinas
introdujo el Altísimo a su Madre Santísima, para que
gozase los privilegios que tienen como propios los
cortesanos del cielo; y para esto destinó los serafines que
dije en el capítulo 14 del primer libro, que fueron de los
más supremos e inmediatos a la divinidad; y también
hacían este oficio otros Ángeles de su guarda, según la
voluntad Divina disponía, cuando y como era necesario y
conveniente. A todos estos ángeles y a otros los conocía
su Reina y nuestra por sí mismos, sin dependencia de los
sentidos y fantasía y sin impedimento del cuerpo mortal y
terreno; y mediante esta vista y conocimiento la
iluminaban y purificaban los Serafines y Ángeles del
Señor, revelando a su Reina muchos misterios que para
esto recibían del Altísimo. Y aunque este modo de vista
intelectual e iluminaciones no era continuo en María
Santísima, pero fue muy frecuente, en especial cuando
para ocasionarle mayores merecimientos y diversos
afectos de amor se le encubría o ausentaba el Señor,
como diré adelante (Cf. infra n. 278-279; p. II n. 719-720).
Entonces usaban más de este oficio los Ángeles,
continuando el orden de iluminarse a sí mismos hasta
llegar a la Reina, donde se terminaba.
651. Y no derogaba este modo de iluminación a la
dignidad de Madre de Dios y Señora de los Ángeles;
porque en este beneficio, y en el modo de participarle, no
se atiende a la dignidad y santidad de nuestra soberana
Princesa, en que era superior a todos los órdenes
angélicos, sino al estado y condición de su naturaleza, en
que era inferior, porque era viadora y de naturaleza
humana, corpórea y mortal; y viviendo en carne pasible y
con necesidad natural del uso de los sentidos, levantarla
al estado y operaciones angélicas fue gran privilegio,
aunque digno de su santidad y dignidad. Yo creo ha
extendido este favor la mano poderosa del Altísimo a
otras almas en esta vida mortal, aunque no tan frecuente
como a su Madre Santísima, ni con tanta plenitud de luz y
otras condiciones tan excelentes como en la Reina. Y si
muchos doctores, no sin gran fundamento, conceden la
visión beatífica a San Pablo, Santo Profeta y Legislador
Moisés y a otros Santos, mucho más creíble será haber
tenido algunos viadores este conocimiento de las
naturalezas angélicas, pues no es otra cosa este
beneficio, que ver intuitivamente la sustancia del ángel; y
así conviene esta visión en esta claridad con la primera
que dije en el capítulo pasado, y en ser intelectual
conviene con la tercera arriba declarada, aunque no se
hace por especies impresas.
652. Verdad es que este beneficio no es ordinario ni
común, pero muy raro y extraordinario; y así pide en el
alma gran disposición de pureza y limpieza de
conciencia. No se compadece con afectos terrenos, ni
imperfecciones voluntarias, ni afectos del pecado;
porque para entrar el alma en el orden de los ángeles ha
menester vida más angélica que humana; pues si faltase
esta similitud y simpatía, parecería monstruosidad y
desproporción de los extremos de esta unión. Pero con la
divina gracia puede la criatura, aunque de cuerpo
terreno y corruptible, negarse toda a sus pasiones e
inclinaciones depravadas y morir a lo visible y borrar sus
especies y memoria y vivir en espíritu más que en la
carne. Y cuando llegare a gozar de verdadera paz,
tranquilidad y sosiego del espíritu, que le causen
una serenidad dulce, amorosa y suave con el sumo
bien, entonces estará menos indispuesta para ser
levantada a la visión de los espíritus angélicos con
claridad intuitiva y recibir de ellos las divinas
revelaciones que entre sí se comunican, y los efectos
admirables que de la visión resultan.
653. Los que recibía nuestra Soberana Reina, si
correspondían a su pureza y amor, no pueden caer
debajo de humana ponderación. Era incomparable la luz
Divina que recibía de la vista de los Serafines; porque en
cierto modo reverberaba en ellos la imagen de la
Divinidad, como en unos espirituales y purísimos espejos,
donde María Santísima la conocía con sus atributos y
perfecciones infinitas. Manifestábasele también en
algunos efectos por admirable modo la gloria que los
mismos Serafines gozaban porque de esto se conoce
mucho viendo claramente la sustancia del ángel y con
la vista de tales objetos era toda encendida e inflamada
en la llama del Divino amor y arrebatada muchas veces
en milagrosos éxtasis. Allí con los mismos Serafines y
Ángeles prorrumpía en cánticos de incomparable gloria y
alabanza de la Divinidad, con admiración de los mismos
espíritus celestiales; porque si bien por ellos era iluminada
en su entendimiento, pero en la voluntad los dejaba
muy inferiores, y con mayor eficacia del amor velozmente
subía y llegaba a unirse con el último y sumo bien, de
donde inmediatamente recibía nuevas influencias del
torrente (Sal., 35, 9) de la divinidad con que era alimentada.
Y si los mismos Serafines no tuvieran presente el
objeto infinito que era el principio y término de su amor
beatífico, pudieran ser discípulos de María Santísima su
Reina en el amor Divino, así como ella lo era suya en las
ilustraciones del entendimiento que recibía.
654. Después de esta forma de visión inmediata de las
naturalezas espirituales y angélicas, es más inferior, y
común a otras almas, la visión intelectual por especies
infusas, al modo de la visión abstractiva de la divinidad,
que dejo dicha. Este modo de visión angélica tuvo la
Reina del Cielo algunas veces, pero no era tan ordinario
como el pasado: porque si bien para otras almas justas
este beneficio de conocer a los Ángeles y Santos por
especies intelectuales infusas es muy raro y estimable,
pero en la Reina de los ángeles no era necesario, porque
los comunicaba y conocía más altamente, salvo cuando el
Señor disponía que se escondiesen y faltase aquella vista
inmediata para mayor mérito y ejercicio; que entonces
los miraba con especies intelectuales o imaginarias,
como dije en el capítulo pasado. En otras almas hacen
divinos efectos estas visiones angélicas por especies;
porque se conocen aquellas supremas sustancias, como
efectos y embajadores del supremo Rey, y con ellos tiene
el alma dulcísimos coloquios del mismo Señor y de todo lo
celestial y terreno, y en todo es ilustrada, enseñada,
corregida y gobernada, encaminada y compelida para
levantarse a la unión perfecta del amor Divino y obrar lo
más puro, perfecto y santo, lo más acendrado de lo
espiritual.
Doctrina de la Reina del Cielo María Santísima.
655. Hija mía, admirable es el amor, fidelidad y
cuidado de los espíritus angélicos en asistir a las
necesidades de los mortales; y muy aborrecible es el
olvido, ingratitud y grosería de parte de los mismos
hombres en reconocer esta deuda. En el secreto del
pecho del Altísimo, cuyo rostro miran (Mt., 18, 10) con
claridad beatífica, conocen estos espíritus celestiales el
infinito y paternal amor del Padre que está en los cielos
para los hombres terrenos, y allí dan el aprecio y estimación
digna a la sangre del Cordero con que fueron
comprados (1 Cor., 6, 20) y rescatados, y lo que valen las
almas compradas con el tesoro de la Divinidad. Y de aquí
nace en los Santos Ángeles el desvelo y atención que
ponen en guardar y beneficiar las almas, que por
estimarlas tanto el Altísimo se las encomendó a su
custodia. Y quiero que tú entiendas cómo por este
altísimo ministerio de los Ángeles recibieran los mortales
grandes influencias de luz y favores incomparables del
Señor, si no los impidieran con el óbice de sus pecados y
abominaciones y con el olvido de tan estimable beneficio;
y porque cierran el camino que Dios con inefable
Providencia había elegido para encaminarlos a la
felicidad eterna, son muchos más los que se condenan, y
con la protección de los Ángeles se salvaran, no
malogrando este beneficio y remedio.
656. Oh hija mía carísima, pues tan dormidos están
muchos de los hombres en atender a las obras paternas
de mi Hijo y Señor, de ti quiero en esto singular
agradecimiento, pues con tan liberal mano te ha
favorecido, señalándote los Ángeles que te guarden.
Atiende a su compañía y oye sus documentos con
reverencia; déjate encaminar de su luz, respétalos como
embajadores del Altísimo y pídeles su favor para que,
purificada de tus culpas y libre de imperfecciones,
inflamada en el Divino amor, te puedas reducir a un
estado tan espiritualizado, que estés idónea para tratar
con ellos y ser compañera suya, participando sus divinas
ilustraciones, que no las negará el Altsimo, si te dispones
de tu parte como yo quiero.
657. Y porque has deseado saber, con aprobación de la
obediencia, la razón por que los Santos Ángeles se me
comunicaban con tantos modos de visiones, respondo a tu
deseo declarándote más lo que con la Divina luz has
entendido y escrito. La causa de esto fue por parte del
Altísimo su liberal amor para conmigo en favorecerme, y
por la mía el estado de viadora que tenía en el mundo;
porque éste no podía ni convenía que fuese uniforme en
las acciones de las virtudes, por cuyo medio disponía la
Divina sabiduría levantarme sobre todo lo criado; y
habiendo de proceder como viadora humana y sensible
en variedad de sucesos y obras virtuosas, unas veces
obraba como espiritualizada y sin embarazo de los sentidos,
y me trataban los Ángeles como a ellos mismos
entre sí y como obran ellos obraban conmigo; otras era
necesario padecer y ser afligida en la parte inferior del
alma, otras en lo sensible y en el cuerpo, otras padecía
necesidades, soledad y desamparos interiores y, según la
vicisitud de estos efectos y estados, recibía los favores y
visitas de los Santos Ángeles; que muchas veces hablaba
con ellos por inteligencia, otras por visión imaginaria,
otras por corporal y sensible, según el estado y
necesidad lo pedía, y como lo disponía el Altísimo.
658. Por todos estos modos fueron mis potencias y
sentidos ilustrados y santificados con obras de Divinas
influencias y favores, para que todas las obras de este
género las conociese por experiencia y por todas
recibiese los influjos de la gracia sobrenatural. Pero en
estos favores quiero, hija mía, quedes advertida que, si
bien el Altísimo fue conmigo tan magnífico y
misericordioso, tuvo su equidad tal orden, que no sólo por
la dignidad de Madre me favoreció tanto con ellos, mas
también atendió a mis obras y disposición con que yo
concurrí de mi parte, asistiéndome su Divina gracia. Y
porque yo alejé mis potencias y sentidos de todo el
comercio de las criaturas y, negando todo lo sensible y
criado, me convertí al sumo bien, entregándome toda con
mis fuerzas y voluntad a solo su amor santo; por esta
disposición, que en mi alma puse, santificó todas mis
potencias con retribución de tantos beneficios, visiones,
ilustraciones de las mismas potencias, que por su amor se
habían privado de todo lo deleitable, humano y terreno.
Y fue tanto lo que en premio de mis obras recibí en carne
mortal, que no lo puedes entender ni escribir, mientras en
ella vives; tanta es la liberalidad y bondad del Muy Alto,
que de contado da este pago por prenda del que tiene
reservado en la vida eterna.
659. Y no obstante que por estos medios me dispuso el
brazo poderoso, para que desde mi concepción se
previniese dignamente la Encarnación del Verbo en mis
entrañas y para que mis potencias y sentidos quedasen
santificados y proporcionados con el trato y comunicación
que había de tener con el Verbo Encarnado, pero si
las demás almas se dispusiesen a mi imitación, viviendo,
no según la carne, mas con vida espiritual, limpia y
alejada del contagio de lo terreno, el Altísimo es tan fiel
con quien así le obliga, que no le negara sus beneficios y
favores con la equidad de su Divina Providencia.
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