Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsManda el Altísimo a María Santísima que tome estado de matrimonio, y la respuesta de este mandato.

  INDICE            Libro  2   Capítulo  21    Versos:  742-755


742. A los trece años y medio, estando ya en esta edad
muy crecida nuestra hermosísima princesa María
Purísima, tuvo otra visión abstractiva de la Divinidad por
el mismo orden y forma que las otras de este género
hasta ahora referidas (Cf. supra n. 229, 237, 312, 383, 389,
734); en esta visión, podemos decir sucedió lo mismo que
dice la Escritura de Abrahán, cuando le mandó Dios
sacrificar a su querido hijo Isaac, única prenda de todas
sus esperan/as. Tentó Dios a Abrahán (Gén., 22, 1) dice
Moisés probando y examinando su pronta obediencia
para coronarla. A nuestra gran Señora podemos decir
también que tentó Dios en esta visión, mandándola que
tomase el estado de matrimonio. Donde también entenderemos
la verdad que dice: ¡Cuan ocultos son los juicios
y pensamientos del Señor (Rom., 11, 33) y cuánto se
levantan sus caminos y pensamientos sobre los nuestros!
(Is., 55, 9) Distaban como el cielo de la tierra los de
María Santísima de los que el Altísimo le manifestó,
ordenándole que recibiese esposo para su guarda y
compañía; porque toda su vida había deseado y
propuesto no tenerle (Cf. supra n. 434, 589), cuanto era
de su propia voluntad, repitiendo y renovando el voto de
castidad que tan anticipadamente había hecho.
743. Había celebrado el Altísimo con la divina princesa
María aquel solemne desposorio, que arriba se dijo (Cf.
supra n. 435) cuando fue llevada al Templo
confirmándole con la aprobación del voto de castidad
que hizo, y con la gloria y presencia de todos los espíritus
angélicos; habíase despedido la candidísima paloma de
todo humano comercio, sin atención, sin cuidado, sin
esperanza y sin amor a ninguna criatura, convertida toda
y transformada en el amor casto y puro de aquel sumo
bien que nunca desfallece, sabiendo que sería «más
casta con amarle, más limpia con tocarle y más virgen
con recibirle» (Oficio de la Festividad de Santa Inés);
hallándola en esta confianza el mandato del Señor que
recibiese esposo terreno y varón, sin manifestarle luego
otra cosa, ¿qué novedad y admiración haría en el pecho
inocentísimo de esta divina doncella, que vivía segura de
tener por esposo a solo el mismo Dios que se lo
mandaba? Mayor fue esta prueba que la de Abrahán,
pues no amaba él tanto a Isaac cuanto María Santísima
amaba la inviolable castidad.
744. Pero a tan impensado mandato suspendió la
Prudentísima Virgen su juicio y sólo le tuvo en esperar y
creer, mejor que Abrahán, en la esperanza contra la
esperanza (Rom., 4, 18), y respondió al Señor y dijo:
Eterno Dios de majestad incomprensible. Criador del
cielo y tierra y todo lo que en ellos se contiene; vos,
Señor, que ponderáis los vientos (Job 28, 25) y con
vuestro imperio al mar le ponéis términos (Sal., 103, 9) y
a vuestra voluntad todo lo criado está sujeto (Est., 13, 9),
podéis hacer de este gusanillo vil a vuestro beneplácito,
sin que yo falte a lo que os tengo prometido; y si no me
desvío, mi bien y mi Señor, de vuestro gusto, de nuevo
confirmo y ratifico que quiero ser casta en lo que tuviere
vida y a vos quiero por dueño y por Esposo; y pues a mí
sólo me toca y pertenece como criatura vuestra
obedeceros, mirad, Esposo mío, que por la Vuestra corre
sacar a mi flaqueza humana de este empeño en que
Vuestro santo amor me pone.Turbóse algún poco la
castísima doncella María, según la parte inferior, como
sucedió después con la embajada del Arcángel San
Gabriel (Lc., 1, 29); pero aunque sintió alguna tristeza, no
le impidió la más heroica obediencia que hasta entonces
había tenido, con que se resignó toda en las manos del
Señor. Su Majestal la respondió: María, no se turbe tu
corazón, que tu rendimiento me es agradable y mi brazo
poderoso no está sujeto a leyes; por mi cuenta correrá lo
que a ti más conviene.
745. Con sola esta promesa del Altísimo volvió María
Santísima de la visión a su ordinario estado; y entre la
suspensión y la esperanza que la dejaron el divino
mandato y promesa, quedó siempre cuidadosa,
obligándola el Señor por este medio a que multiplicase
con lágrimas nuevos afectos de amor y de confianza, de
fe, de humildad, de obediencia, de castidad purísima y
de otras virtudes, que sería imposible referirlas. En el
ínterin que nuestra gran Princesa se ocupaba cuidadosa
con esta oración, ansias y congojas rendidas y prudentes,
habló Dios en sueños al Sumo Sacerdote, que era el
Santo Simeón, y le mandó que dispusiese cómo dar
estado de casada a María hija de Joaquín y Ana de
Nazaret; porque Su Majestad la miraba con especial
cuidado y amor. El Santo Sacerdote respondió a Dios,
preguntándole su voluntad en la persona con quien la
doncella María tomaría estado dándosela por esposa.
Ordenóle el Señor que juntase a los otros sacerdotes y
letrados y les propusiese cómo aquella doncella era sola
y huérfana y no tenía voluntad de casarse, pero que,
según la costumbre de no salir del Templo las
primogénitas sin tomar estado, era conveniente hacerlo
con quien más a propósito les pareciese.
746. Obedeció el Sacerdote Simeón a la ordenación
Divina; y, habiendo congregado a los demás, les dio
noticia de la voluntad del Altísimo y les propuso el
agrado que Su Majestad tenía de aquella doncella María
de Nazaret, según se le había revelado; y que hallándose
en el templo, y faltándole sus padres, era obligación de
todos ellos cuidar de su remedio y buscarle esposo digno
de mujer tan honesta, virtuosa, y de costumbres tan
irreprensibles, como todos habían conocido de ella en el
Templo; y a más de esto la persona, la hacienda, la
calidad y las demás partes eran muy señaladas, para que
se reparase mucho a quien se había de entregar todo.
Añadió también que María de Nazaret no deseaba tomar
estado de matrimonio, pero que no era justo saliese del
Templo sin él, porque era huérfana y primogénita.
747. Conferido este negocio en la junta de los
sacerdotes y letrados y movidos todos con impulso y luz
del cielo, determinaron que en cosa donde se deseaba
tanto el acierto, y el mismo Señor había declarado su
beneplácito, convenía inquirir su santa voluntad en lo
restante y pedirle señalase por algún modo la persona
que más a propósito fuese para esposo de María, y que
fuese de la casa y linaje de David, para que se cumpliese
con la ley. Determinaron para esto un día señalado, en
que todos los varones libres y solteros de este linaje que
estaban en Jerusalén se juntasen en el Templo; y vino a
ser aquel día el mismo en que la Princesa del cielo
cumplía catorce años de su edad. Y como era necesario
darle a ella noticia de este acuerdo y pedirle su
consentimiento, el Sacerdote Simeón la llamó y le
propuso el intento que tenían él y los demás Sacerdotes
de darle esposo antes que saliese del templo.
748. La prudentísima Virgen, lleno el rostro de virginal
pudor, respondió al Sacerdote con gran modestia y
humildad, y le dijo: Yo, señor mío, cuanto es de mi
voluntad he deseado toda mi vida guardar castidad
perpetua, dedicándome a Dios en el servicio de este
Santo Templo, en retorno de los bienes grandes que en él
he recibido, y jamás tuve intento, ni me incliné al estado
del matrimonio, juzgándome por inhábil para los
cuidados que trae consigo. Esta es mi inclinación, pero
vos, señor, que estáis en lugar de Dios, me enseñaréis lo
que fuere de su santa voluntad.Hija mía replicó el
sacerdote, vuestros deseos santos recibirá el Señor,
pero advertid que ninguna de las doncellas de Israel se
abstiene ahora del matrimonio, mientras aguardamos
conforme a las Divinas Profecías la venida del Mesías, y
por esto se juzga por feliz y bendita la que tiene sucesión
de hijos en nuestro pueblo. En el estado del matrimonio
podéis servir a Dios con muchas veras y perfección; y
para que tengáis en él quien os acompañe y a vuestros
intentos se conforme, haremos oración, pidiendo al Señor,
como os he dicho, señale de su mano esposo que sea más
conforme a su Divina voluntad, entre los del linaje de
[Santo Rey] David; y vos pedid lo mismo con oración
continua, para que el Altísimo os mire y nos encamine a
todos.
749. Esto sucedió nueve días antes del que estaba
señalado para la última resolución y ejecución del
acuerdo. Y en este tiempo la Santísima Virgen multiplicó
sus peticiones al Señor con incesantes lágrimas y
suspiros, pidiendo el cumplimiento de su Divina voluntad,
en lo que tanto según sus cuidados le importaba. Un día
de estos nueve se le apareció el Señor, y la dijo: Esposa y
paloma mía, dilata tu afligido corazón y no se turbe ni
contriste; yo estoy atento a tus deseos y ruegos y lo
gobierno todo y por mi luz va regido el sacerdote; yo te
daré esposo de mi mano, que no impida tus santos
deseos, pero que con mi gracia te ayude en ellos; yo te
buscaré varón perfecto conforme a mi corazón y le
elegiré entre mis siervos; mi poder es infinito, y no te
faltará mi protección y amparo.
750. Respondió María Santísima, y dijo al Señor: Sumo
Bien y amor de mi alma, bien sabéis el secreto de mi
pecho y los deseos que en él habéis depositado desde el
instante que de vos recibí todo el ser que tengo;
conservadme, pues, Esposo mío, casta y pura, como por
vos mismo y para vos lo he deseado. No despreciéis mis
suspiros, ni me apartéis de vuestro Divino rostro.
Atended, Señor y Dueño mío, que soy un gusanillo vil y
flaco y despreciable por mi bajeza; y si en el estado del
matrimonio desfallezco, faltaré a vos y a mis deseos;
determinad mi seguro acierto y no os desobliguéis de que
no lo he merecido; aunque soy polvo inútil, clamaré a los
pies de vuestra grandeza, esperando, Señor, vuestras
misericordias infinitas.
751. Acudía también la castísima doncella a sus Ángeles
Santos, a quienes excedía en la santidad y pureza, y
confería con ellos muchas veces el cuidado de su corazón
sobre el nuevo estado que esperaba. Dijéronla un día los
santos espíritus: Esposa del Altísimo, pues no podéis
ignorar ni olvidar este título, ni menos el amor que os
tiene, y que es todopoderoso y verdadero, sosegad,
Señora, vuestro corazón; pues faltarán primero los cielos
y la tierra que falte la verdad y cumplimiento de sus
promesas (Mt., 24, 35). Por cuenta de vuestro Esposo
corren vuestros sucesos; y su brazo poderoso, que impera
sobre los elementos y criaturas, puede suspender la
fuerza de las impetuosas olas e impedir la vehemencia
de sus operaciones, para que ni el fuego queme, ni la
tierra sea grave. Sus altos juicios son ocultos y santos, sus
decretos rectísimos y admirables, y no pueden las criaturas
comprenderlos; pero deben reverenciarlos. Si
quiere su grandeza que le sirváis en el matrimonio, mejor
será para vos obligarle con él que disgustarle en otro
estado; Su Majestad sin duda hará con vos lo mejor y más
perfecto y santo; estad segura de sus promesas.Con
esta exhortación angélica sosegó nuestra Princesa algo
de sus cuidados y de nuevo les pidió la asistiesen y
guardasen y representasen al Señor su rendimiento,
aguardando lo que de ella ordenase su Divino
beneplácito.
Doctrina que me dio la Princesa del Cielo.
752. Hija mía carísima, altísimos y venerables son los
juicios del Señor y no deben investigarlos las criaturas,
pues no pueden penetrarlos. Mandóme Su Alteza tomar
estado de casada y encubrióme entonces el sacramento,
pero convenía así que le tomase para que mi parto se
honestase al mundo, reputando al Verbo Humanado en
mis entrañas por hijo de mi esposo, porque ignoraba entonces
el misterio. Fue también oportuno medio para
ocultarle de Lucifer y sus demonios, que estaban muy
feroces contra mí, procurando ejecutar su indignado furor
conmigo. Y cuando me vio tomar el común estado de las
mujeres casadas, se deslumbró creyendo no fuera
compatible tener esposo varón y ser Madre del mismo
Dios; y con esto sosegó un poco y dio treguas a su
malicia. Otros fines tuvo el Altísimo en mi estado que han
sido manifiestos, aunque entonces a mí se me ocultaron,
porque así convenía.
753. Y quiero que entiendas, hija mía, que fue para mí
el mayor dolor y aflicción que hasta aquel día había
padecido, saber que había de tener por esposo a ninguno
de los hombres, no declarándome el Señor entonces el
misterio; y si en esta pena no me confortara su virtud
Divina y me dejara alguna confianza, aunque oscura y sin
determinación, con el dolor hubiera perdido la vida. Pero
de este suceso quedarás enseñada, cuál ha de ser el
rendimiento de la criatura a la voluntad del Altísimo y
cómo ha de cautivar su corto entendimiento, sin
escudriñar los secretos de la majestad tan levantados y
ocultos. Y cuando a la criatura se le representa alguna
dificultad o peligro en lo que el Señor dispone o manda,
sepa confiar en él y crea que no la pone en ellos para
dejarla, mas para sacarla victoriosa y con triunfo, si de su
parte coopera con el auxilio del mismo Señor; y cuando
quiere el alma escudriñar los juicios de su sabiduría y
satisfacerse primero que obedezca y crea, sepa que defrauda
la gloria y grandeza de su Criador y pierde
juntamente el propio merecimiento.
754. Yo reconocía que el Altísimo es superior a todas las
criaturas y que no ha menester nuestro discurso y sólo
quiere el rendimiento de la voluntad, pues la criatura no
le puede dar consejo, sino obediencia y alabanza. Y
aunque, por no saber lo que me mandaría y ordenaría en
el estado del matrimonio, me afligía mucho por el amor
de la castidad, pero este dolor y pena no me hicieron
curiosa en escudriñar, antes sirvieron para que mi
obediencia fuese más excelente y agradable en sus ojos.
Con este ejemplo debes tú regular el rendimiento que
has de tener a todo lo que entendieres del gusto de tu
Esposo y Señor, dejándote en su protección y en la
firmeza de sus promesas infalibles; y en lo que tuvieres
aprobación de sus Sacerdotes y tus Prelados, déjate
gobernar sin resistir a sus mandatos, ni a las Divinas
inspiraciones.
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