Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
Index

  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsCelébrase el desposorio de María Santísima con el Santo y Castísimo José.

  INDICE            Libro  2   Capítulo  22    Versos:  755-771


755. Llegó el día señalado, en que dijimos cumplía
nuestra princesa María los catorce años de su edad,
capítulo precedente, y en él se juntaron los varones
descendientes del tribu de Judá y linaje de [Santo Rey]
David, de quien descendía la soberana Señora, que a la
sazón estaban en la ciudad de Jerusalén. Entre los
demás fue llamado José, natural de Nazaret y morador
de la misma ciudad santa, porque era uno de los del
linaje real de David. Era entonces de edad de treinta y
tres años, de persona bien dispuesta y agradable rostro,
pero de incomparable modestia y gravedad; y sobre todo
era castísimo de obras y pensamientos, con inclinaciones
santísimas, y que desde doce años de edad tenía hecho
voto de castidad; era deudo de la Virgen María en tercer
grado; y de vida purísima, santa e irreprensible en los
ojos de Dios y de los hombres.
756. Congregados todos estos varones libres en el
Templo, hicieron oración al Señor junto con los
Sacerdotes, para que todos fuesen gobernados por su
divino Espíritu en lo que debían hacer. El Altísimo habló
al corazón del Sumo Sacerdote, inspirándole que a cada
uno de los jóvenes allí congregados pusiese una vara
seca en las manos y todos pidiesen con fe viva a Su
Majestad declarase por aquel medio a quién había
elegido para esposo de María. Y como el buen olor de su
virtud y honestidad y la fama de su hermosura, hacienda
y calidad y ser primogénita y sola en su casa era
manifiesto a todos, cada cual codiciaba la dichosa suerte
de merecerla por esposa. Sólo el humilde y rectísimo José
entre los congregados se reputaba por indigno de tanto
bien; y acordándose del voto de castidad que tenía hecho
y proponiendo de nuevo su perpetua observancia, se
resignó en la Divina voluntad, dejándose a lo que de él
quisiera disponer, pero con mayor veneración y aprecio
que otro alguno de la honestísima doncella María.
757. Estando todos los congregados en esta oración se
vio florecer la vara sola que tenía José y al mismo tiempo
bajar de arriba una paloma candidísima, llena de
admirable resplandor, que se puso sobre la cabeza del
mismo Santo; juntamente habló Dios a su interior, y le
dijo: José, siervo mío, tu esposa será María, admítela con
atención y reverencia, porque en mis ojos es acepta,
justa y purísima en alma y cuerpo y tú harás todo lo que
ella te dijere.Con la declaración y señal del cielo los
sacerdotes dieron a San José por esposo elegido del
mismo Dios para la doncella María. Y llamándola para el
desposorio, salió la escogida como el sol, más hermosa
que la luna (Cant., 6, 9), y pareció en presencia de todos
con un semblante más que de Ángel de incomparable
hermosura, honestidad y gracia; y los Sacerdotes la
desposaron con el más casto y santo de los varones, José.
758. La divina Princesa, más pura que las estrellas del
firmamento, con semblante lloroso y grave, y como reina
de majestad humildísima, juntando todas estas
perfecciones, se despidió de los Sacerdotes, pidiéndoles
la bendición, y a la Maestra también, y a las doncellas
perdón, y a todos dando gracias por los beneficios
recibidos de sus manos en el Templo. Todo esto hizo en
parte con el semblante humildísimo y parte con muy
breves y prudentísimas razones; porque en todas
ocasiones hablaba pocas y de gran peso. Despidióse del
Templo, no sin grave dolor de dejarle contra inclinación y
deseo; y acompañándola algunos ministros de los que
servían al Templo en las cosas temporales, y eran legos y
de los más principales, con su mismo esposo José
caminaron a Nazaret, patria natural de los dos felicísimos
desposados. Y aunque San José había nacido en aquel
lugar, disponiéndolo el Altísimo por medio de algunos sucesos
de fortuna, había ido a vivir algún tiempo a
Jerusalén, para que allí la mejorase tan dichosamente
como llegando a ser esposo de la que había elegido el
mismo Dios para Madre suya.
759. Llegando a su lugar de Nazaret, donde la Princesa
del Cielo tenía la hacienda y casas de sus dichosos
padres, fueron recibidos y visitados de todos los amigos y
parientes con el regocijo y aplauso que en tales
ocasiones se acostumbra. Y habiendo cumplido con la
natural obligación y urbanidad santamente, satisfaciendo
a estas deudas temporales de la conversación y comercio
de los hombres, quedaron libres y desocupados los dos
Santos Esposos José y María en su casa. La costumbre
había introducido entre los hebreos que en algunos
primeros días del matrimonio hiciesen los esposos examen
y experiencia de las costumbres y condición de cada
uno, para ajustarse mejor recíprocamente el uno con la
del otro.
760. En estos días habló el Santo José a su esposa
María, y la dijo: Esposa y Señora mía, yo doy gracias al
Altísimo Dios por la merced de haberme señalado sin
méritos por vuestro esposó, cuando me juzgaba indigno
de vuestra compañía; pero Su Majestad, que puede
cuando quiere levantar al pobre, hizo esta misericordia
conmigo, y deseo me ayudéis, como lo espero de vuestra
discreción y virtud, a dar el retorno que le debo,
sirviéndole con rectitud de corazón; para esto me
tendréis por vuestro siervo, y, con el verdadero afecto
que os estimo, os pido queráis suplir lo mucho que me
falta de hacienda y otras partes que para ser esposo
vuestro convenían; decidme, Señora, cuál es vuestra
voluntad, para que yo la cumpla.
761. Oyó estas razones la divina esposa con humilde
corazón y apacible severidad en el semblante, y
respondió al Santo: Señor mío, yo estoy gozosa de que el
Altísimo, para ponerme en este estado, se dignase de
señalaros para mi esposo y dueño y que el serviros fuese
con el testimonio de su voluntad Divina; pero si me dais
licencia diré los intentos y pensamientos que para esto os
deseo manifestar.Prevenía el Altísimo con su gracia el
sencillo y recto corazón de San José y por medio de las
razones de María Santísima le inflamó de nuevo en el
divino amor, y respondióla diciendo: Hablad, Señora, que
vuestro siervo oye.Asistían en esta ocasión a la Señora
del mundo los mil Ángeles de su guarda en forma visible,
como ella se lo había pedido. La causa de esta petición
fue porque el Altísimo, para que la Purísima Virgen en
todo obrase con mayor gracia y mérito, dio lugar a que
sintiese el respeto y cuidado con que había de hablar a
su esposo y la dejó en el natural encogimiento y temor
que siempre había tenido de hablar con hombre a solas,
que nunca hasta aquel día lo había hecho, sino es si
acaso sucedía con el Sumo Sacerdote.
762. Los Santos Ángeles obedecieron a su Reina, y
manifiestos a sólo su vista la asistieron; y con esta
compañía habló a su esposo san José, y díjole: Señor y
esposo mío, justo es que demos alabanza y gloria con
toda reverencia a nuestro Dios y Criador, que en bondad
es infinito y en sus juicios incomprensible y con nosotros
pobres ha manifestado su grandeza y misericordia,
escogiéndonos para su servicio. Yo me reconozco entre
todas las criaturas por más obligada y deudora a Su
Alteza que otra alguna y que todas juntas; porque
mereciendo menos, he recibido de su mano liberalísima
más que ellas. En mi tierna edad, compelida de la fuerza
de esta verdad que con desengaño de todo lo visible me
comunicó la Divina luz, me consagré a Dios con perpetuo
voto de ser casta en alma y cuerpo; suya soy y le
reconozco por Esposo y Dueño, con voluntad inmutable de
guardarle la fe de la castidad. Para cumplir esto, quiero,
señor mío, que me ayudéis, que en lo demás yo seré
vuestra fiel sierva para cuidar de vuestra vida, cuanto
durare la mía. Admitid, esposo mío, esta santa
determinación y confirmadla con la vuestra, para que
ofreciéndonos en sacrificio aceptable a nuestro Dios
eterno, nos reciba en olor de suavidad, y alcancemos los
bienes eternos que esperamos.
763. El castísimo esposo José, lleno de interior júbilo con
las razones de su divina esposa, la respondió: Señora
mía, declarándome vuestros pensamientos castos y
propósitos, habéis penetrado y desplegado mi corazón,
que no os manifesté antes de saber el vuestro. Yo
también me reconozco más obligado entre los hombres al
Señor de todo lo criado, porque muy temprano me llamó
con su verdadera luz para que le amase con rectitud de
corazón; y quiero, Señora, que entendáis cómo de doce
años hice también promesa de servir al Altísimo en
castidad perpetua; y ahora vuelvo a ratificar el mismo
voto, para no impedir el vuestro, antes en la presencia de
Su Alteza os prometo de ayudaros, cuanto en mí fuere,
para que en toda pureza le sirváis y améis según vuestro
deseo. Yo seré con la Divina gracia vuestro fidelísimo
siervo y compañero; yo os suplico recibáis mi casto afecto
y me tengáis por vuestro hermano, sin admitir jamás otro
peregrino amor, fuera del que debéis a Dios y después a
mí.En esta plática confirmó el Altísimo de nuevo en el
corazón de San José la virtud de la castidad y el amor
santo y puro que había de tener a su esposa Santísima
María, y así le tuvo el Santo en grado eminentísimo; y la
misma Señora con su prudentísima conversación se le
aumentaba dulcemente, llevándole el corazón.
764. Con la virtud Divina que el brazo poderoso obraba
en los dos santísimos y castísimos esposos sintieron
incomparable júbilo y consolación; y la divina Princesa
ofreció a San José corresponderle a su deseo, como la
que era Señora de las virtudes y sin contradicción obraba
en todas lo más alto y excelente de ellas. Diole también
el Altísimo a San José nueva pureza y dominio sobre la
naturaleza y sus pasiones, para que sin rebelión ni fomes,
pero con admirable y nueva gracia, sirviese a su esposa
María, y en ella a la voluntad y beneplácito del mismo
Señor. Luego distribuyeron la hacienda heredada de San
Joaquín y Santa Ana, padres de la santísima Señora; y
una parte ofreció al Templo donde había estado, otra se
aplicó a los pobres y la tercera quedó a cuenta del Santo
esposo José para que la gobernase. Sólo reservó nuestra
Reina para sí el cuidado de servirle y trabajar dentro de
casa; porque del comercio de fuera y manejo de
hacienda, comprando ni vendiendo, se eximió siempre la
Virgen Prudentísima, como dije (Cf. supra n. 555, 556) en
otra parte.
765. En sus primeros años había deprendido san José el
oficio de carpintero por más honesto y acomodado para
adquirir el sustento de la vida; porque era pobre de
fortuna, como arriba dije; y preguntóle a la Santísima
Esposa si gustaría que ejercitase aquel oficio para
servirla y granjear algo para los pobres; pues era forzoso
trabajar y no vivir ocioso. Aprobólo la Virgen
Prudentísima, advirtiendo a San José que el Señor no los
quería ricos, sino pobres y amadores de los pobres y para
su amparo en lo que su caudal se extendiese. Luego
tuvieron los dos Santos Esposos una santa contienda
sobre cuál de los dos había de dar la obediencia al otro
como superior. Pero la que entre los humildes era
humildísima, venció en humildad María Santísima y no
consintió que siendo el varón la cabeza se pervirtiese el
orden de la misma naturaleza; y quiso en todo obedecer
a su esposo José, pidiéndole consentimiento sólo para
dar limosna a los pobres del Señor; y el santo le dio
licencia para hacerlo.
766. Reconociendo el Santo José en estos días con nueva
luz del cielo las condiciones de su esposa María, su rara
prudencia, humildad, pureza y todas las virtudes sobre su
pensamiento y ponderación, quedó admirado de nuevo y
con gran júbilo de su espíritu no cesaba con ardientes
afectos de alabar al Señor y darle nuevas gracias por
haberle dado tal compañía y esposa sobre sus
merecimientos. Y para que esta obra fuese del todo
perfectísima porque era principio de la mayor que Dios
había de obrar con toda su omnipotencia hizo que la
Princesa del cielo infundiese con su presencia y vista en
el corazón de su mismo esposo un temor y reverencia tan
grande, que con ningún linaje de palabras se puede
explicar. Y esto le resultaba a San José de una
refulgencia o rayos de divina luz que despedía de su
rostro nuestra Reina, junto con una majestad inefable
que siempre la acompañaba, con tanto mayor causa que
a Moisés cuando bajó del monte (Ex., 34, 29) cuanto
había sido más largo y más íntimo el trato y conversación
con Dios.
767. Luego tuvo María Santísima una visión Divina del
Señor, en que la habló Su Majestad y la dijo: Esposa mía
dilectísima y escogida, atiende cómo soy fiel en mis
palabras con los que me aman y temen; corresponde,
pues, ahora a mi fidelidad, guardando las leyes de
esposa mía en santidad, pureza y toda perfección; para
esto te ayudará la compañía de mi siervo José que te he
dado; obedécele como debes y atiende a su consuelo,
que así es mi voluntad.Respondió María Santísima:
Altísimo Señor, yo os alabo y magnifico por vuestro
admirable consejo y providencia conmigo, indigna y
pobre criatura; mi deseo es obedeceros y daros gusto
como vuestra sierva, más obligada que ninguna otra
criatura. Dadme, Señor mío, vuestro favor Divino, para
que en todo me asista y me gobierne con mayor agrado
vuestro; y para que también atienda a las obligaciones
del estado en que me ponéis, para que como esclava
vuestra no salga de vuestros órdenes y beneplácito.
Dadme vuestra licencia y bendición, que con ella
acertaré a obedecer y servir a vuestro siervo José, como
vos, mi Dueño y mi Hacedor, me lo mandáis.
768. Con estos divinos apoyos se fundó la casa y
matrimonio de María Santísima y de San José; y desde 8
de septiembre, que se hizo el desposorio, hasta 25 de
marzo siguiente, que sucedió la Encarnación del Verbo
Divino, como diré en la segunda parte (Cf. infra p.II n.
138), vivieron los dos esposos, disponiéndolos el Altísimo
respectivamente para la obra que los había elegido; y la
divina Señora ordenó las cosas de su persona y las de su
casa, como diré en los capítulos siguientes.
769. Pero no puedo antes contener mi afecto en
gratificar la buena dicha del más feliz de los nacidos, San
José. ¿De dónde, oh varón de Dios, os vino tanta felicidad
y dicha, que entre los hijos de Adán sólo de vos se dijese
que el mismo Dios era vuestro, y tan sólo vuestro que se
tuviese y reputase por vuestro único hijo? El Eterno Padre
os da su Hija, y el Hijo os da su verdadera y real Madre,
el Espíritu Santo os entrega y fía su Esposa y da sus
veces, y toda la Beatísima Trinidad a su electa, única y
escogida como el sol, os la concede y entrega por vuesta
legítima mujer. ¿Conocéis, santo mío, vuestra dignidad?
¿Sabéis vuestra excelencia? ¿Entendéis que vuestra
esposa es Reina y Señora del cielo y tierra, y vos
depositario de los tesoros inestimables del mismo Dios?
Atended, varón divino, a vuestro empeño, y sabed que si
no tenéis envidiosos a los Ángeles y Serafines los tenéis
admirados y suspensos de vuestra suerte y el sacramento
que contiene vuestro matrimonio. Recibid la enhorabuena
de tanta felicidad en nombre de todo el linaje humano.
Archivo sois del registro de las Divinas misericordias,
dueño y esposo de la que sólo el mismo Dios es mayor
que ella; rico y próspero os hallaréis entre los hombres y
entre los mismos Ángeles. Acordaos de nuestra pobreza y
miseria, y de mí el más vil gusano de la tierra, que deseo
ser vuestra fiel devota y beneficiada y favorecida de
vuestra poderosa intercesión.
Doctrina de la Reina del cielo.
770. Hija mía, con el ejemplo de mi vida en el estado del
matrimonio en que el Altísimo me puso, hallarás
reprendida la disculpa que alegan, para no ser perfectas,
las almas que le tienen en el mundo. Para Dios nada es
imposible, y tampoco lo es para quien con viva fe espera
en él y se remite en todo a su Divina disposición. Yo vivía
en casa de mi esposo con la misma perfección que en el
templo; porque no mudé con el estado el afecto, ni el
deseo y cuidado de amarle y de servirle, antes lo
aumenté para que nada me impidiese de las
obligaciones de esposa; y por eso me asistió más el favor
Divino y me disponía y acomodaba su maño poderosa
todas las cosas conforme a mi deseo. Esto mismo haría el
Señor con todas las criaturas si de su parte
correspondiesen, pero culpan al estado del matrimonio
engañándose a sí mismas; porque el impedimento para
no ser perfectas y santas no es el estado, sino los
cuidados y solicitud vana y superflua a que se entregan,
olvidando el gusto del Señor y buscando y anteponiendo
el suyo propio.
771. Y si en el mundo no hay excusa para no seguir la
perfección de la virtud, menos se admitirá en la religión
por los oficios y ocupaciones que ella tiene. Nunca te
imagines impedida por el que tienes de Prelada; pues
habiéndote puesto Dios en él por mano de la obediencia,
no debes desconfiar de su asistencia y amparo, que ese
mismo día tomó por cuenta suya el darte fuerzas y auxi84
lios para que atendieses a la obligación de Prelada y a la
particular de la perfección con que debes amar a tu Dios
y Señor. Oblígale con el sacrificio de tu voluntad,
humillándote con paciencia a todo lo que su Divina
providencia ordena, que, si no le impidieres, yo te
aseguro de su protección y que por la experiencia
conocerás siempre el poder de su brazo en gobernarte y
encaminar todas tus acciones perfectamente.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #70                                                 INDICE  Arriba ^^

 

 El Trabajo de Dios
www.theworkofgod.org/Spanish

 Mística Ciudad de Dios, Virgen María - Celébrase el desposorio de María Santísima con el Santo y Castísimo José.