Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsContinúase lo que el Altísimo concedió a María Santísima en el día tercero de los nueve antes de la Encarnación.

  INDICE            Libro  3   Capítulo  3    Versos:  27-37


27. La diestra del omnipotente Dios, que a María
Santísima hizo franca la entrada de su Divinidad, iba
enriqueciendo y adornando con las expensas de sus
infinitos atributos aquel purísimo espíritu y cuerpo
virginal que había escogido para tabernáculo, para
templo y ciudad santa de su habitación; y la divina
Señora engolfada en aquel océano de la divinidad se
alejaba cada día más del ser terreno y se transformaba
en otro celestial, descubriendo nuevos sacramentos
que la manifestaba el Altísimo; porque como es objeto
infinito y voluntario, aunque se sacie el apetito con lo que
recibe, queda más que desear y entender. Ninguna pura
criatura llegó ni llegará a donde María Santísima.
Penetró en el conocimiento de Dios y de las criaturas y,
en estos beneficios, grandes profundidades, sacramentos
y secretos, los cuales todas las jerarquías de los ángeles
ni hombres juntos no los alcanzarán, a lo menos lo que
recibió esta Princesa del Cielo para ser Madre del
Criador.
28. El día tercero de los nueve que voy declarando,
precediendo las mismas preparaciones que dije en el
capítulo primero, se le manifestó la Divinidad en visión
abstractiva como los otros dos días. Muy tarda y desigual
es nuestra capacidad para ir entendiendo los aumentos
que iban recibiendo estos dones y gracias que
acumulaba el Altísimo en la divina María, y a mí me
faltan nuevos términos para explicar algo de lo que se
me ha manifestado. Declararéme con decir que la
sabiduría y poder Divino iban proporcionando a la que
había de ser Madre del Verbo, para que, en cuanto era
posible, llegase a tener una pura criatura la similitud y
proporción conveniente con las Divinas Personas. Y quien
mejor entendiere la distancia de estos dos extremos, Dios
infinito y criatura humana limitada, podrá alcanzar más
de los medios necesarios para juntarlos y proporcionarlos.
29. Iba copiando la divina Señora de los originales de la
divinidad nuevos retratos de sus atributos infinitos y
virtudes; iba subiendo de punto su hermosura con los
retoques, baños y lumines que la daba el pincel de la
infinita sabiduría. Y este día tercero se le manifestaron
las obras de la creación en el tercero del mundo, como
entonces sucedieron (Gén., 1, 9-13). Conoció cuándo y
cómo las aguas, que estaban debajo los cielos, se
juntaron al Divino imperio en un lugar, despejando la
árida, a la que el Señor llamó tierra, y a las congregaciones
de las aguas llamó mares. Conoció cómo la
tierra germinó la yerba fresca que tuviese su semilla y
todo género de plantas y árboles fructíferos también con
sus semillas, cada uno en su propia especie. Conoció y
penetró la grandeza del mar, su profundidad y divisiones,
la correspondencia de los ríos y fuentes que de él se
originan y a él corren, las especies de plantas y yerbas,
flores, árboles, raíces, frutos y semillas, y que todas y
cada una sirven para algún efecto en servicio del
hombre. Todo esto lo entendió y penetró nuestra Reina,
más clara, distinta y latamente que el mismo Adán y
Salomón; y todos los médicos del mundo en esta
comparación fueron ignorantes, después de largos
estudios y experiencias. María Santísima lo deprendió
todo de improviso, como dice la Sabiduría (Sab., 7, 21), y
como lo deprendió sin ficción, lo comunicó también sin
envidia (Ib. 13); y cuanto dijo allí Salomón se verificó en
ella con eminencia incomparable.
30. En algunas ocasiones usó nuestra Reina de esta
ciencia para ejercitar la caridad con los pobres y
necesitados, como se dirá en lo restante de esta Historia
(Cf. infra n. 668, 867, 868, 1048; p. III n. 159, 423); pero
teníala en su libertad, y le era tan fácil usar de ella como
lo es para un músico tocar un instrumento de su arte en
que es muy sabio; y lo mismo fuera de todas las demás
ciencias, si quisiera o fuera necesario su ejercicio para
servicio del Altísimo, que de todas pudiera usar como
maestra en quien estaban recopiladas mejor que en
ninguno de los mortales que ha tenido algún especial
arte o ciencia. Tenía también superioridad sobre las
virtudes, calidades y operaciones de las piedras, yerbas y
plantas; y lo que prometió Cristo nuestro Señor a sus
apóstoles y primeros fieles, que no les dañarían los
venenos aunque los bebiesen (Mc., 16, 18), este privilegio
tenía la Reina con imperio, para que ni el veneno ni otra
cosa alguna la pudiese dañar ni ofender sin su voluntad.
31. Estos privilegios y favores tuvo siempre ocultos la
prudentísima Princesa y Señora y no usaba de ellos para
sí misma, como queda dicho, por no negarse al padecer
que su Hijo Santísimo escogió; y antes de concebirle y ser
madre, era gobernada en esto por la Divina luz y noticia
que tenía de la pasibilidad que el Verbo Humanado
había de recibir. Y después que siendo Madre suya
vio y experimentó esta verdad en su mismo Hijo y Señor,
dio más licencia o, por decir mejor, mandaba a las
criaturas que la afligiesen con sus fuerzas y operaciones,
como lo hacían con su mismo Criador. Y porque no
siempre quería el Altísimo que su Esposa única y electa
fuese molestada de las criaturas, muchas veces las
detenía o impedía para que sin estas pasiones tuviese
algunos tiempos en que la divina Princesa gozase de las
delicias del sumo Rey.
32. Otro singular privilegio en favor de los mortales
recibió María Santísima en la visión de la Divinidad que
tuvo el tercero día; porque en ella le manifestó Dios por
especial modo la inclinación del amor Divino al remedio
de los nombres y a levantarlos de todas sus miserias. Y en
el conocimiento de esa infinita misericordia y lo que con
ella benignamente había de obrar, le dio el Altísimo a
María Purísima cierto género de participación más alta
de sus mismos atributos, para que después, como Madre
y abogada de los pecadores, intercediese por ellos. Esta
influencia en que participó María Santísima el amor de
Dios a los hombres y su inclinación a remediarlos fue tan
divina y poderosa, que si de allí adelante no la hubiera
asistido la virtud del Señor para corroborarla no pudiera
sufrir el impetuoso afecto de remediar y salvar a todos
los pecadores. Con este amor y caridad, si necesario
fuera o conveniente, se entregara infinitas veces a las
llamas, al cuchillo, a los exquisitos tormentos y a la
muerte, y todos los martirios, angustias, tribulaciones,
dolores, enfermedades las padeciera y no las
rehusara, antes le fueran grande gozo por la salud de
los mortales. Y cuanto han padecido todos, desde el
principio del mundo hasta ahora y padecerán hasta el fin,
todo fuera poco para el amor de esta misericordiosísima
Madre. Vean, pues, los mortales y pecadores lo que
deben a María Santísima.
33. De este día podemos decir que la divina Señora
quedó hecha Madre de piedad y de misericordia, y de
misericordia grande, por dos razones: la una, porque
desde entonces con especial afecto y deseo quiso
comunicar sin envidia los tesoros de la gracia que había
conocido y recibido; y así le resultó de este beneficio tan
admirable dulzura y benigno corazón, que le quisiera
dar a todos y depositarlos en él para que fueran
partícipes del amor divino que allí ardía. La segunda
razón es, porque este amor a la salud humana que
concibió María Purísima fue una de las mayores
disposiciones que la proporcionaron para concebir al
Verbo Eterno en sus virginales entrañas. Y era muy
conveniente que toda fuese misericordia, benignidad,
piedad y clemencia la que sola había de engendrar y
parir al Verbo Humanado, que por su misericordia,
clemencia y amor quiso humillarse hasta nuestra
naturaleza y nacer de ella pasible por los hombres. El
parto dicen que sigue al vientre, porque lleva sus
condiciones, como el agua de los minerales por donde
corre; y aunque este parto salió con ventajas de
Divinidad, pero también llevó las condiciones de la
Madre en el grado posible, y no fuera proporcionada
para concurrir con el Espíritu Santo a esta concepción, en
la que sólo faltó varón, si no tuviera correspondencia con
el Hijo en las calidades de la humanidad.
34. Salió de esta visión María Santísima, y todo lo
restante del día lo ocupó en las oraciones y peticiones
que el Señor la ordenaba, creciendo su fervor y
quedando más herido el corazón de su Esposo; de suerte
que a nuestro entender ya se le tardaba el día y la
hora de verse en los brazos y a los pechos de su querida.
Doctrina que me dio la Reina Santísima.
35. Hija mía carísima, grandes fueron los favores
que hizo conmigo el brazo del Altísimo en las visiones de
su Divinidad que me comunicó estos días antes de
concebirle en mis entrañas. Y aunque no se me
manifestaba inmediata y claramente sin velo, pero fue
por modo altísimo y con efectos reservados a su
sabiduría. Y cuando, renovando el conocimiento con las
especies que me habían quedado de lo que había visto,
me levantaba en espíritu y conocía quién era Dios para
los hombres y quiénes ellos para Su Majestad, aquí se
inflamaba mi corazón en amor y se dividía de dolor,
porque conocía juntamente el peso del amor inmenso con
los mortales y el ingratísimo olvido de tan incomprensible
bondad. En esta consideración muriera muchas veces, si
no me confortara y conservara el mismo Dios. Y este
sacrificio de su sierva fue gratísimo a Su Majestad y le
aceptó con más complacencia que todos los holocaustos
de la antigua ley, porque miró a mi humildad y se agradó
mucho de ella. Y cuando en estos actos me ejercitaba, me
hacía grandes misericordias para mí y para mi pueblo.
36. Estos sacramentos, carísima, te manifiesto para que
te levantes a imitarme, según tus flacas fuerzas,
ayudadas con la gracia, alcanzaren, mirando como a
dechado y ejemplar las obras que has conocido. Pondera
mucho y pesa repetidas veces con la luz y la razón cuánto
deben corresponder los mortales a tan inmensa piedad y
aquella inclinación que tiene Dios a socorrerles. Y a esta
verdad has de contraponer el pesado y duro corazón de
los mismos hijos de Adán. Y quiero que tu corazón se
resuelva y convierta en afectos de agradecimiento al
Señor y en compasión de esta desdicha de los hombres. Y
te aseguro, hija mía, que el día de la residencia general,
la mayor indignación del justo juez ha de ser por haber
olvidado los hombres ingratísimos esta verdad, y ella
será tan poderosa, que los argüirá aquel día con tal
confusión suya, que por ella se arrojaran en el abismo de
las penas cuando no hubiera ministros de justicia Divina
que lo ejecutaran.
37. Para que te desvíes de tan fea culpa, y prevengas
aquel horrendo castigo, renueva en la memoria los
beneficios que has recibido de aquel amor y clemencia
infinita, y advierte que se ha señalado contigo entre,
muchas generaciones. Y no entiendas que tantos favores
y singulares dones fían sido para ti sola, sino también
para tus hermanos, pues a todos se extiende la Divina
misericordia. Y por esto el retorno que debes al Señor ha
de ser por ti primero, y después por ellos. Y porque tú
eres pobre, presenta la vida y méritos de mi Hijo
santísimo, y con ellos juntamente todo lo que yo padecí
con la fuerza del amor, para ser agradecida a Dios y
asimismo por alguna recompensa de la ingratitud de los
mortales; y en todo esto te ejercitarás muchas veces,
acordándote de lo que yo sentía en los mismos actos y
ejercicios.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #76                                                 INDICE  Arriba ^^

 

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