Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsManifiesta el Altísimo a María Santísima nuevos misterios y sacramentos con las obras del quinto día de la creación, y pide Su Alteza de nuevo la Encarnación del Verbo.

  INDICE            Libro  3   Capítulo  5    Versos:  47-58


47. Llegó el quinto día de la novena que la Beatísima
Trinidad celebraba en el templo de María Santísima,
para tomar en ella el Verbo Eterno nuestra forma de
hombre, y, corriendo más el velo de los ocultos secretos
de la infinita sabiduría, este día le descubrió otros de
nuevo, elevándola a la visión abstractiva de la Divinidad,
como en los días antecedentes que queda declarado;
pero siempre las disposiciones e iluminaciones se
renovaban con mayores rayos de luz y de carismas que
de los tesoros de la infinidad se derivaban en su alma
santísima y en sus potencias, con que la divina Señora se
iba allegando y asimilando más al ser de Dios y
transformándose más y más en él, para llegar a ser digna
Madre del mismo Dios.
48. En esta visión habló el Altísimo a la divina Reina
para manifestarla otros secretos, y mostrándosele con
increíble caricia la dijo: Esposa mía y paloma mía, en lo
escondido de mi pecho has conocido la inmensa
liberalidad a que me inclina el amor que tengo al linaje
humano y los tesoros ocultos que tengo prevenidos para
su felicidad; y puede tanto este amor conmigo, que
quiero darles a mi Unigénito para su enseñanza y
remedio. También has conocido algo de su mala
correspondencia y torpísima ingratitud y el desprecio que
hacen los hombres de mi clemencia y amor. Pero aunque
te he manifestado parte de su malicia, quiero, amiga mía,
que de nuevo conozcas en mi ser el pequeño número de
los que me han de conocer y amar como escogidos y cuán
dilatado y grande es el de los ingratos y réprobos. Estos
pecados sin número y las abominaciones de tantos
hombres inmundos y tenebrosos, que con mi ciencia infinita
tengo previstos, detienen mi liberal misericordia y
han echado candados fuertes por donde han de salir los
tesoros de mi Divinidad y hacen indigno al mundo para
recibirlos.
49. Conoció la princesa María en estas palabras del
Altísimo grandes sacramentos del número de los
predestinados y de los réprobos y también la resistencia
y óbice que causaban todos los pecados de los hombres
juntos en la mente Divina para que viniese al mundo el
Verbo Eterno Humanado; y admirada la prudentísima Señora
con la vista de la infinita bondad y equidad del
Criador y de la inmensa iniquidad y malicia de los
hombres, inflamada toda en la llama del Divino amor,
habló a Su Majestad y le dijo:
50. Señor mío y Dios infinito, de sabiduría y santidad
incomprensible, ¿qué misterio es éste, bien mío, que me
habéis manifestado? No tienen medida ni término las
maldades de los hombres, pues sola vuestra sabiduría las
comprende, pero todas ellas, y otras muchas y mayores,
¿pueden por ventura extinguir Vuestra bondad y amor o
competir con él? No, Señor y Dueño mío, no ha de ser así;
la malicia de los mortales no ha de detener vuestra
misericordia. Yo soy la más inútil de todo el linaje
humano, pero de su parte os pongo la demanda de
vuestra fidelidad. Verdad infalible es que faltará el cielo
y la tierra primero que la verdad de vuestras palabras
(Mt., 24, 35); y también es verdad que la tenéis dada al
mundo muchas veces por boca de vuestros profetas
santos y por la vuestra a ellos mismos que les daréis su
redentor y vuestra salud. Pues ¿cómo, Dios mío, se
dejarán dé cumplir esas promesas acreditadas con
vuestra infinita sabiduría para no ser engañado y
con vuestra bondad para no engañar al hombre? Para
hacerles esta promesa y ofrecerles su eterna felicidad
en vuestro Verbo Humanado, de parte de los mortales
no hubo merecimientos, ni os pudo obligar alguna
criatura; y si este bien se pudiera merecer, no quedara
tan engrandecida Vuestra infinita y liberal clemencia; de
solo Vos mismo Os disteis por obligado, que para hacerse
Dios hombre sólo en Dios puede haber razón que le
obligue; en solo Vos está la razón y motivo de habernos
criado, y de habernos de reparar después de caídos. No
busquéis, Dios mío y Rey Altísimo, para la Encarnación
más méritos ni más razón que Vuestra misericordia y la
exaltación de Vuestra gloria.
51. Verdad es, Esposa mía respondió el Altísimo que
por mi bondad inmensa me obligué a prometer a los
hombres me vestiría de su naturaleza y habitaría con
ellos, y que nadie pudo merecer conmigo esta promesa;
pero desmerece la ejecución el ingratísimo proceder de
los mortales, tan odioso en mi equidad y presencia, pues
cuando yo sólo pretendo el interés de su felicidad eterna
en retorno de mi amor, conozco y hallo su dureza y que
con ella han de malograr y despreciar los tesoros de mi
gracia y gloria, y su correspondencia ha de ser dando
espinas en lugar de fruto, grandes ofensas por los
beneficios y torpe ingratitud por mis largas y liberales
misericordias, y el fin de todos estos males será para
ellos la privación de mi vista en tormentos eternos.
Atiende, amiga mía, a estas verdades escritas en el
secreto de mi sabiduría y pondera estos grandes
sacramentos; que para ti patente está mi corazón, donde
conoces la razón de mi justicia.
52. No es posible manifestar los ocultos misterios que
conoció María Santísima en el Señor, porque vio en él
todas las criaturas presentes, pasadas y futuras, con el
orden que habían de tener todas las almas, las obras
buenas y malas que habían de hacer, el fin que todas
habían de tener; y si no fuera confortada con la virtud
Divina, no pudiera conservar la vida entre los efectos y
afectos que causaban en ella esta ciencia y vista de tan
recónditos sacramentos y misterios. Pero como en estos
nuevos milagros y beneficios disponía Su Majestad tan
altos fines, no era escaso sino liberalísimo con su amada
y escogida para Madre suya. Y como esta ciencia la
deprendía nuestra Reina a los pechos del mismo Dios,
con ella se derivaba el fuego de la misma caridad eterna,
que la enardecía en amor del mismo Dios y de los
prójimos; y continuando sus peticiones, dijo:
53. Señor y Dios eterno, invisible e inmortal, confieso
Vuestra justicia, engrandezco Vuestras obras, adoro
Vuestro ser infinito, y reverencio Vuestros juicios. Mi
corazón se resuelve todo en afectos amorosos,
conociendo Vuestra bondad sin límite para los hombres y
su pesada ingratitud y grosería para vos. Para todos
queréis, Dios mío, la vida eterna, pero serán pocos los
que agradezcan este inestimable beneficio y muchos los
que le perderán por su malicia. Si por esta parte, bien
mío, os desobligáis, perdidos somos los mortales, pero si
con vuestra ciencia Divina tenéis previstas las culpas y
malicia de los hombres que tanto os desobligan, con la
misma ciencia estáis mirando a vuestro Unigénito
Humanado y sus obras de infinito valor y aprecio en
vuestra aceptación, y éstas sobreabundan a los pecados
y sin comparación los exceden. De este hombre y Dios se
debe obligar Vuestra equidad y por él mismo dárnosle
luego a él mismo; y para pedirle otra vez en nombre del
linaje humano, yo me visto del mismo espíritu del Verbo
hecho hombre en vuestra mente y pido su ejecución y la
vida eterna por su mano para todos los mortales.
54. Represéntesele al Eterno Padre en esta petición de
María Purísima a nuestro modo de hablar cómo su
Unigénito había de bajar al virginal vientre de esta gran
Reina, y rindiéronle sus amorosos y humildes ruegos. Y
aunque siempre se le mostraba indeciso, era industria de
su regalado amor para oír más la voz de su querida y que
sus labios dulces destilaran miel suavísima y sus emisiones
fuesen del paraíso (Cant., 4, 11-13). Y para más
alargar esta regalada contienda, la respondió el Señor:
Esposa mía dulcísima y mi paloma electa, mucho es lo
que me pides y muy poco lo que los hombres me obligan,
pues ¿cómo a los indignos se ha de conceder tan raro
beneficio? Déjame, amiga mía, que los trate conforme su
mala correspondencia.Respondía nuestra poderosa y
piadosa Abogada: No, Dueño mío, no os dejaré con mi
porfía; si mucho es lo que pido, a vos lo pido, que sois rico
en misericordias, poderoso en las obras, verdadero en las
palabras. Mi padre (Santo Rey) David dijo de Vos y del
Verbo eterno (Sal., 109, 4): Juró el Señor y no le pesará de
haber jurado; tú eres sacerdote según el orden de
Melquisedec. Venga, pues, este Sacerdote que
juntamente ha de ser sacrificio por nuestro rescate,
venga, pues no os puede pesar de la promesa, porque no
prometéis con ignorancia; dulce amor mío, vestida estoy
de la virtud de este Hombre-Dios, no cesará mi porfía si
no me dais la bendición como a mi padre Jacob (Gén., 32,
26).
55. Fuele preguntado a nuestra Reina y Señora en esta
lucha divina, como a Jacob, cuál era su nombre. Dijo:
Hija soy de Adán, fabricada por Vuestras manos de la
materia humilde del polvo. Y el Altísimo la respondió:
De hoy más será tu nombre la escogida para Madre del
Unigénito.Pero estas últimas palabras entendiéronlas
los cortesanos del Cielo, y a ella se le ocultaron hasta su
tiempo, percibiendo sola la razón de escogida. Y
habiendo perseverado esta contienda amorosa el tiempo
que disponía la sabiduría Divina y que convenía para
enardecer el fervoroso corazón de la escogida, toda la
Santísima Trinidad dio su real palabra a María Purísima
nuestra Reina que luego enviaría al mundo el Verbo
Eterno hecho hombre. Con este fíat, alegre y llena de
incomparable júbilo, pidió la bendición y se la dio el
Altísimo. Salió esta mujer fuerte victoriosa más que Jacob
de luchar con Dios, porque ella quedó rica, fuerte y llena
de despojos y el herido y enflaquecido a nuestro modo
de entender fue el mismo Dios, quedando ya rendido
del amor de esta Señora para vestirse en su sagrado
tálamo de la flaqueza humana de nuestra carne pasible,
en que disimulase y encubriese la fortaleza de su
divinidad para vencer siendo vencido y darnos la vida
con su muerte. Vean y conozcan los mortales cómo María
Santísima es la causa de su salud después de su
benditísimo Hijo.
56. Luego en esta misma visión se le manifestaron a
nuestra gran Reina las obras del quinto día (Gén., 1, 20-
23) de la creación del mundo en la misma forma que
sucedieron; y conoció cómo con la fuerza de la Divina
palabra fueron engendrados y producidos de las aguas
de de debajo del firmamento los imperfectos animales
reptiles que andan sobre la tierra, volátiles que corren
por el aire y los natátiles que discurren y habitan en las
aguas; y de todas estas criaturas conoció el principio,
materia, forma y figura en su género, todas las especies
de estos animales silvestres, sus condiciones,
calidades, utilidades y armonía; las aves del cielo que
así llamamos el aire con la variedad y forma de cada
especie, su adorno, sus plumas, su ligereza; los
innumerables peces del mar y de los ríos, la diferencia de
ballenas, su compostura, calidades, cavernas, alimento
que les administra el mar, los fines para que sirven, la
forma y utilidad que cada una tiene en el mundo. Y Su
Majestad mandó singularmente a todo este ejército de
criaturas que reconociesen y obedeciesen a María
Santísima, dándola potestad para que a todas las
mandase y de ellas se sirviese; como sucedió en muchas
ocasiones, de que diré algunas en sus lugares (Cf. infla n.
185, 431, 636; p. III n. 372). Y con esto salió de la visión de
este día, y le ocupó en los ejercicios y peticiones que la
mandó el Señor.
Doctrina que me dio la divina Señora.
57. Hija mía, el más copioso conocimiento de las obras
maravillosas que hizo conmigo el brazo del Altísimo,
para levantarme con las visiones de la Divinidad
abstractivas a la dignidad de Madre, está reservado para
que los predestinados lo conozcan en la celestial
Jerusalén. Allí lo entenderán y verán en el mismo Señor
con especial gozo y admiración, como la tuvieron los
ángeles cuando el Altísimo se lo manifestaba, por lo que
le magnificaban y alababan. Y porque en este beneficio
se ha mostrado Su Majestad contigo entre todas las
generaciones tan liberal y amoroso, dándote la noticia y
luz que de estos sacramentos tan ocultos recibes, quiero,
amiga mía, que sobre todas las criaturas te señales en
alabar y engrandecer su Santo Nombre por lo que la
potencia de su brazo obró conmigo.
58. Y luego debes atender con todo tu cuidado a
imitarme en las obras que yo hacía con estos grandes y
admirables favores. Pide y clama por la salud eterna de
tus hermanos y para que el hombre de mi Hijo sea
engrandecido y conocido de todo el mundo. Y para estas
peticiones has de llegar con una constante
determinación, fundada en fe viva y en segura confianza,
sin perder de vista tu miseria, con profunda humildad y
abatimiento. Con esta prevención has de pelear con el
mismo amor divino por el bien de tu pueblo, advirtiendo
que sus victorias más gloriosas es dejarse vencer de los
humildes que con rectitud le aman; levántate a ti sobre ti
y dale gracias por tus especiales beneficios y por los del
linaje humano y convertida a este divino amor merecerás
recibir otros de nuevo para ti y tus hermanos; y pide al
Señor su bendición siempre que te hallares en su Divina
presencia.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #78                                                 INDICE  Arriba ^^

 

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