Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
Index

  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsManifiesta el Altísimo a María Señora nuestra otros misterios con las obras del día sexto de la creación.

  INDICE            Libro  3   Capítulo  6    Versos:  59-69


59. Perseveraba el Altísimo en disponer de próximo a
nuestra divina Princesa para recibir el Verbo Eterno en su
virginal vientre, y ella continuaba sin intervalo sus
fervientes afectos y oraciones para que viniese al mundo;
y llegando la noche del día sexto de los que voy
declarando, con la misma voz y fuerza que arriba dije (Cf.
supra n.6), fue llamada y llevada en espíritu y,
precediendo más intensos grados de iluminaciones, se le
manifestó la Divinidad con visión abstractiva con el orden
que otras veces, pero siempre con efectos más divinos y
conocimiento de los atributos del Altísimo más profundo.
Gastaba nueve horas en esta oración y salía de ella a la
hora de tercia. Y aunque cesaba entonces aquella
levantada visión del ser de Dios, no por eso se despedía
María Santísima de su vista y oración, antes quedaba en
otra, que si respecto de la que dejaba era inferior, pero
absolutamente era altísima y mayor que la suprema de
todos los santos y justos. Y todos estos favores y dones
eran más deificados en los días últimos y próximos a la
Encarnación, sin que para esto la impidiesen las
ocupaciones activas de su estado, porque allí no se
querellaba Marta que María la dejaba sola en sus ministerios
(Lc., 10, 40).
60. Habiendo conocido la Divinidad en aquella visión,
se le manifestaron luego las obras del día sexto de la
creación del mundo (Gén., 1, 24-31), como si se hallara
presente. Conoció en el mismo Señor cómo a su Divina
Palabra produjo la tierra el ánima viviente en su género,
según lo dice (Santo Profeta y Legislador) Moisés;
entendiendo por este nombre los animales terrestres que
por más perfectos que los peces y aves en las operaciones
y vida animal se llaman por la parte principal
ánima viviente. Conoció y penetró todos estos géneros y
especies de animales que fueron criados en este sexto
día; y cómo se llamaban unos jumentos, por lo que sirven
y ayudan a los hombres, otros bestias, como más fieros y
silvestres, otros reptiles, porque se levantan de la tierra
poco o nada, y de todos conoció y alcanzó las calidades,
iras, fuerzas, ministerios, fines y todas sus condiciones
distinta y singularmente. Sobre todos estos animales se le
dio imperio y dominio, y a ellos precepto que la
obedeciesen; y pudiera sin recelo hollar y pisar sobre el
áspid y basilisco, que todos se rindieran a sus plantas, y
muchas veces lo hicieron a su mandato algunos animales,
como sucedió en el nacimiento de su Hijo Santísimo, que
el buey y la jumentilla se postraron y calentaron con su
aliento al niño Dios, porque se lo mandó la divina Madre.
61. En esta plenitud de ciencia conoció y entendió
nuestra divina Reina con suma perfección el oculto modo
de encaminar Dios todo lo que criaba para servicio y
beneficio del género humano, y en la deuda en que por
este beneficio quedaba a su Hacedor. Y fue
convenientísimo que María Santísima tuviese este género
de sabiduría y comprensión, para que con ella diese el
retorno de agradecimiento digno de tales beneficios,
cuando ni los hombres ni los ángeles no lo dieron,
faltando a la debida correspondencia o no llegando a
todo lo que debían las criaturas. Todos estos vacíos llenó
la Reina de todas ellas y satisfizo por lo que nosotros no
podíamos o no quisimos. Y con la correspondencia que
ella dio, dejó como satisfecha a la equidad divina,
mediando entre ella y las criaturas, y por su inocencia y
agradecimiento se hizo más aceptable que todas ellas, y
el Altísimo se dio por más obligado de sola María
Santísima que de todo el resto de las demás criaturas.
Por este modo tan misterioso se iba disponiendo la
venida de Dios al mundo, porque se removía el óbice con
la santidad de la que había de ser su Madre.
62. Después de la creación de todas las criaturas
incapaces de razón, conoció en la misma visión cómo
para complemento y perfección del mundo dijo la
beatísima Trinidad: Hagamos al hombre a imagen y
semejanza nuestra (Gén, 1, 26); y cómo con la virtud de
este divino decreto fue formado el primer hombre de
tierra para origen de los demás. Conoció profundamente
la armonía del cuerpo humano y el alma y sus potencias,
creación e infusión en el cuerpo, la unión que con él tiene
para componer el todo; y en la fábrica del cuerpo humano
conoció todas las partes singularmente, el número
de los huesos, venas, arterias, nervios y ligación con el
concurso de los cuatro humores en el temperamento
conveniente, la facultad de alimentarse, alterarse,
nutrirse y moverse localmente y cómo por la desigualdad
o mutación de toda esta armonía se causaban las
enfermedades y cómo se reparaban. Todo lo entendió y
penetró sin engaño nuestra prudentísima Virgen más que
todos los filósofos del mundo y más que los mismos
ángeles.
63. Manifestóle asimismo el Señor el feliz estado de la
justicia original en que puso a nuestros primeros padres
Adán y Eva, y conoció las condiciones, hermosura y
perfección de la inocencia y de la gracia, y lo poco que
perseveraron en ella; entendió el modo cómo fueron
tentados y vencidos con la astucia de la serpiente y los
efectos que hizo el pecado, el furor y el odio de los
demonios contra el linaje humano. A la vista de todos
estos objetos hizo nuestra Reina grandes y heroicos actos
de sumo agrado para el Altísimo: reconoció ser hija de
aquellos primeros padres, descendiente de una
naturaleza tan ingrata a su Criador y en este
conocimiento se humilló en la divina presencia, hiriendo
el corazón de Dios y obligándole a que la levantase sobre
todo lo criado. Tomó por su cuenta llorar aquella primera
culpa con todas las demás que de ella resultaron, como si
de todas fuera ella la delincuente. Por esto se pudo ya
llamar "feliz culpa" (Pregón pascual de la liturgia del
Sábado Santo) a aquella que mereció ser llorada con tan
preciosas lágrimas en la estimación del Señor, que
comenzaron a ser fiadoras y prenda cierta de nuestra
redención.
64. Rindió dignas gracias al Criador por la ostentosa
obra de la creación del hombre. Consideró atentamente
su desobediencia y la seducción y engaño de Eva, y en su
mente propuso la perpetua obediencia que aquellos
primeros padres negaron a su Dios y Señor; y fue tan
acepto en sus ojos este rendimiento, que ordenó Su Majestad
se cumpliese y ejecutase este día en presencia de
los cortesanos del cielo la verdad figurada en la historia
del rey Asuero, de quien fue reprobada la reina Vasti y
privada de la dignidad real por su desobediencia, y en su
lugar fue levantada por reina la humilde y graciosa Ester
(Est., 2, 1ss.).
65. Correspondíanse en todo estos misterios con
admirable consonancia. Porque el sumo y verdadero Rey,
para ostentar la grandeza de su poder y tesoros de su
divinidad, hizo el gran convite de la creación y, prevenida
la mesa franca de todas las criaturas, llamó al convidado,
el linaje humano, en la creación de sus primeros padres.
Desobedeció Vasti, nuestra madre Eva, mal rendida al
divino precepto, y con aprobación y admirable alabanza
de los ángeles mandó el verdadero Asuero en este día
que fuese levantada a la dignidad de Reina de todo lo
criado la humildísima Ester, María Santísima, llena de
gracia y hermosura, escogida entre todas las hijas del
linaje humano para su Restauradora y Madre de su
Criador.
66. Y para la plenitud de este misterio infundió el
Altísimo en el corazón de nuestra Reina en esta visión
nuevo aborrecimiento con el demonio, como le tuvo Ester
con Aman, y así sucedió que le derribó de su privanza,
digo, del imperio y mando que tenía en el mundo, y le
quebrantó la cabeza de su soberbia, llevándole hasta el
patíbulo de la cruz, donde él pretendió destruir y vencer
al Hombre-Dios, para que allí fuese castigado y vencido;
que en todo intervino María Santísima, como diremos en
su lugar (Cf. infra n. 1364). Y así como la enemiga de este
gran dragón comenzó desde el cielo contra la mujer que
vio en él vestida del sol, que dijimos era esta divina
Señora (Cf. supra p. 1 n. 95), así también duró la
contienda hasta que por ella fue privado de su tirano
dominio; y como en lugar de Amán soberbio fue honrado
el fidelísimo Mardoqueo, así fue puesto el castísimo y
fidelísimo José que cuidaba de la salud de nuestra
divina Ester y continuamente la pedía rogase por la
libertad de su pueblo que éstas eran las continuas
pláticas del Santo José y de su esposa purísima y por
ella fue levantado a la grandeza de santidad que alcanzó
y a tan excelente dignidad, que le dio el supremo Rey el
anillo de su sello, para que con él mandase al mismo Dios
humanado, que le estaba sujeto, como dice el Evangelio
(Lc., 2, 51). Con esto, salió de esta visión nuestra Reina.
Doctrina que me dio la divina Señora.
67. Admirable fue, hija mía, este don de la humildad
que me concedió el Altísimo en este suceso que has
escrito; y pues no desecha Su Majestad a quien le llama,
ni su favor se niega al que se dispone a recibirlo, quiero
que tú me imites y seas mi compañera en el ejercicio de
esta virtud. Yo no tenía parte en la culpa de Adán, que fui
exenta de su inobediencia, mas porque tuve parte de su
naturaleza, y por sola ella era hija suya, me humillé hasta
aniquilarme en mi estimación. Pues con este ejemplo
¿hasta dónde se debe humillar quien tuvo parte no sólo
en la primera culpa, pero después ha cometido otras sin
número? Y el motivo y fin de este humilde conocimiento,
no ha de ser tanto remover la pena de estas culpas,
cuanto restaurar y recompensar la honra que en ellas se
le quitó y negó al Criador y Señor de todos.
68. Si un hermano tuyo ofendiera gravemente a tu padre
natural, no fueras tú hija agradecida y leal de tu padre,
ni hermana verdadera de tu hermano, si no te dolieras de
la ofensa y lloraras como propia la ruina, porque al padre
se debe toda reverencia y al hermano debes el amor
como a ti misma; pues considera, carísima, y examina con
la luz verdadera cuánta diferencia hay de vuestro Padre
que está en los cielos al padre natural y que todos sois
hijos suyos y unidos con vínculo de estrecha
obligación de hermanos y siervos de un Señor
verdadero; y como te humillarías y llorarías con grande
confusión y vergüenza, si tus hermanos naturales cometieran
alguna culpa afrentosa, así quiero que lo hagas
por las que cometen los mortales contra Dios, doliéndote
con vergüenza como si a ti te las atribuyeras. Esto fue lo
que yo hice conociendo la inobediencia de Adán y Eva y
los males que de ella se siguieron al linaje humano; y se
complació el Altísimo de mi reconocimiento y caridad,
porque es muy agradable a sus ojos el que llora los pecados
de que se olvida quien los comete.
69. Junto con esto, estarás advertida que por grandes y
levantados que sean los favores que recibes del Altísimo,
no por esto te descuides del peligro, ni tampoco
desprecies el acudir y descender a las obras de
obligación y de caridad. Y esto no es dejar a Dios; pues la
fe te enseña y la luz te gobierna para que le lleves
contigo en toda ocupación y lugar y sólo te dejes a ti
misma y a tu gusto por cumplir el de tu Señor y esposo.
No te dejes llevar en estos afectos del peso de la
inclinación, ni de la buena intención y gusto interior, que
muchas veces se encubre con esta capa el mayor peligro;
y en estas dudas o ignorancias siempre sirve de contraste
y de maestro la obediencia santa, por la que gobernarás
tus acciones seguramente sin hacer otra elección, porque
están vinculadas grandes victorias y progresos de
merecimientos al verdadero rendimiento y sujeción del
dictamen propio al ajeno. No has de tener jamás querer o
no querer, y con eso cantarás victorias (Prov., 21, 28) y
vencerás los enemigos.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #79                                                 INDICE  Arriba ^^

 

 El Trabajo de Dios
www.theworkofgod.org/Spanish

 Mística Ciudad de Dios, Virgen María - Manifiesta el Altísimo a María Señora nuestra otros misterios con las obras del día sexto de la creación.