Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
Index

  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsPide santa Isabel a la Reina del cielo la asista a su parto y tiene luz del nacimiento de San Juan Bautista.

  INDICE            Libro  3   Capítulo  21    Versos:  261-269


261. Corrían ya más de dos meses después de la venida
de la Princesa del cielo a casa de Santa Isabel, y la
discreta matrona prevenía ya su mismo dolor con la
partida y ausencia de la gran Señora del mundo. Temía,
con razón, perder la posesión de tanta dicha y conocía
que no podía caer debajo de merecimientos humanos, y
como humilde y santa ponderaba más en su corazón sus
propias culpas, recelándose si por ellas se le ausentaría
aquella hermosa luna con el Sol de Justicia que
encerraba en su tálamo virginal. Lloraba algunas veces a
solas con suspiros porque no hallaba medios para
detener el sol, que tan claro día de gracia y luz le había
causado. Suplicaba al Señor con muchas lágrimas
pusiera en el corazón de su prima y señora María
santísima no la dejase sola; a lo menos, que no la privase
tan presto de su amable compañía. Servíala con gran
veneración, asistencia y cuidado. Meditaba qué haría
para obligarla; y no era maravilla que tan grande Santa y
tan advertida y prudente mujer solicitase lo que pudieran
codiciar los mismos Ángeles, pues a más de la luz divina
que con grande plenitud había recibido del Espíritu
Santo, para conocer la suprema santidad y dignidad de
la Virgen Madre, ella por sí misma, con su dulcísima y
divina conversación y con los efectos que Santa Isabel
sentía de su trato, la había robado el corazón; de suerte
que sin especial favor no pudiera vivir, apartándose de
ella, después que la conoció y trató.
262. Para consolarse en esta pena, determinó Santa
Isabel manifestársela a la divina Señora, que no estaba
ignorante en ella, y con gran rendimiento y veneración la
dijo: Prima y Señora mía, por el respeto y atención con
que os debo servir, no me he atrevido hasta ahora a
manifestaros mi deseo y una pena que tiene poseído mi
corazón; dándome licencia para que yo busque el alivio
con manifestaros mis cuidados, los referiré, pues sólo vivo
con la esperanza de lo que deseo. El Señor por su divina
dignación me hizo singular misericordia de traeros a
donde yo tuviese la dicha, que no pude merecer, de
trataros y conocer los misterios que en vos, Señora mía,
tiene encerrados la Divina Providencia. Yo indigna, por
este beneficio le alabo eternamente. Vos sois el templo
vivo de la gloria del Altísimo, el arca del Testamento que
guardáis el maná con que viven los mismos Ángeles; Vos
sois las tablas de la ley verdadera, escrita con el mismo
ser de Dios. Considero mi bajeza y cuan rica me hizo Su
Majestad en un instante, hallándome, sin merecerlo, con
el tesoro de los cielos en mi casa y con la que eligió por
Madre suya entre las mujeres; temo ya con razón que
desobligada Vos y el fruto de vuestro vientre con mis
pecados, desamparéis esta pobre esclava, dejándome
desierta y sola de tan grande bien que ahora gozo.
Posible es para el Señor, si fuese también voluntad
vuestra, que yo alcanzase la felicidad de serviros y no
apartarme de Vos en lo que me resta de vida; y si el ir a
vuestra casa tiene más dificultad, más fácil será
quedaros en la mía y llamar a vuestro santo esposo José,
para que los dos viváis en ella como dueños y señores, a
quienes serviré como sierva y con el afecto que mueve mi
deseo. Y aunque no merezco lo que pido, os suplico no
despreciéis mi humilde petición, pues el Altísimo excedió
con sus favores a mis merecimientos y deseos.
263. Oyó María santísima con dulcísimo agrado la
proposición y súplica de su prima Santa Isabel, y
respondióla diciendo: Carísima amiga de mi alma,
vuestros afectos santos y piadosos serán aceptos al
Altísimo y vuestros deseos agradables a sus ojos. Yo los
agradezco de corazón, pero en todos nuestros cuidados y
propósitos es debido que acudamos a la voluntad divina y
a ella subordinemos con todo rendimiento la nuestra. Y
aunque ésta es obligación de todos los nacidos, bien
sabéis, amiga mía, que yo le debo más que todos, pues
con el poder de su brazo me levantó del polvo y con
piedad inmensa miró a mi bajeza (Lc 1, 48; 51). Todas mis
palabras y movimientos se han de gobernar por la
voluntad de mi Señor e Hijo, no he de tener querer ni no
querer, más de su divina disposición. Presentaremos a Su
Majestad vuestros deseos, y aquello que ordenare de su
mayor beneplácito eso ejecutaremos. A mi esposo José
debo también obedecer, y sin su orden y disposición no
puedo yo, carísima, elegir mis ocupaciones, ni lugar y
casa para vivir, y es razón estemos a la obediencia (Ef 5,
12) de los que son nuestras cabezas y superiores.
264. A estas razones tan eficaces de la Princesa del
cielo sujetó Santa Isabel su dictamen y deseos, y con
humilde rendimiento dijo: Señora mía, yo quiero
obedecer a vuestra voluntad y reverencio vuestra
doctrina. Sólo os represento de nuevo el amor íntimo de
mi corazón rendido a vuestro servicio; y si lo que de mis
deseos he propuesto no puedo conseguirlo, ni es
conforme a la divina voluntad, a lo menos, si posible
fuese, deseo. Reina mía, que no me desamparéis antes
que salga a luz el hijo que tengo en mis entrañas, para
que así como en ellas ha conocido y adorado a su
Redentor en las vuestras, goce de su divina presencia y
luz antes que de ninguna otra criatura, y reciba vuestra
bendición, que dé principio a los pasos de su vida (Prov
16, 9), a la vista del que se los ha de encaminar
rectamente. Y vos, que sois la Madre de la gracia, le
presentéis a su Criador y le alcancéis de su bondad
inmensa la perseverancia de la que por medio de vuestra
voz dulcísima recibió, cuando yo sin merecerlo la sentí en
mis oídos. Permitidme, pues, amparo mío, que yo vea a mi
hijo en vuestros brazos, donde se ha de reclinar el mismo
Dios que crió y formó el cielo y tierra y por su mandato
permanecen. No se estreche ni coarte por mis culpas la
grandeza de vuestra maternal piedad, ni a mí me neguéis
este consuelo y a mi hijo tan gran dicha, que como madre
se la solicito y la deseo sin merecerla.
265. No quiso María santísima negar esta última
petición a su santa prima y ofreció pedir al Señor el
cumplimiento de su deseo; y a ella le encargó lo hiciese,
para saber su santísima voluntad. Con este acuerdo las
dos madres de los mejores dos hijos que han nacido en el
mundo se retiraron al oratorio de la divina Princesa y
puestas en oración presentaron al Altísimo sus
peticiones. María purísima tuvo un éxtasis, donde conoció
con nueva luz divina el misterio, vida y méritos del
precursor San Juan Bautista y lo que había de obrar,
preparando con su predicación los caminos de los
corazones humanos para recibir a su Redentor y Maestro;
y de estos grandes sacramentos sola a Santa Isabel
manifestó aquello que convenía entendiese. Conoció
también la gran santidad de la misma Santa su prima, y
que su muerte sería breve, y antes la de San Zacarías. Y
con el amor que tenía nuestra piadosa Madre a su deuda,
la presentó al Señor y le pidió la asistiese en su muerte, y
también presentó sus deseos en lo que había pedido del
parto de su hijo. En lo demás de quedarse Su Alteza en
casa de San Zacarías, nada pidió la prudentísima Virgen,
porque con la divina ciencia que tenía conoció luego no
era conveniente, ni voluntad del Altísimo, que viviese
siempre en casa de su prima, como ella lo deseaba.
266. Respondióla Su Majestad a estas peticiones:
Esposa y paloma mía, mi beneplácito es que asistas y
consueles a mi sierva Isabel, acudiéndola en su parto,
que ya está muy vecino, porque sólo le faltan ocho días; y
después que se haya circuncidado el hijo que pariere, te
volverás a tu casa con José tu esposo. Y me presentarás a
mi siervo Juan después que haya nacido, que para mí
será aceptable sacrificio; y persevera, amiga mía, en
pedirme la salud eterna para las almas.—Al mismo
tiempo acompañaba Santa Isabel con sus peticiones a las
de la Reina del cielo y tierra, y suplicaba al Señor
mandase a su santísima Madre y Esposa que no la
desamparase en su parto; y le fue revelado cómo ya
estaba muy cerca, y otras cosas de gran alivio y consuelo
en sus cuidados.
267. Volvió María santísima de su rapto y acabada la
oración confirieron las dos madres cómo ya se acercaba
el parto de Santa Isabel, según el aviso del Señor que
entrambas habían tenido; y con el ardiente deseo de su
buena dicha preguntóle luego la santa matrona a nuestra
Reina: Señora mía, decidme, os suplico, si mereceré el
bien que os he pedido de teneros conmigo al suceso de
mi parto, ya tan inmediato.—Respondió Su Majestad:
Amiga y prima mía, el Altísimo ha oído y admitido
nuestras peticiones y se ha dignado mandarme que
cumpla vuestro deseo y os sirva en esta ocasión, como lo
haré, aguardando no sólo a vuestro parto, pero también a
que vuestro infante quede circuncidado según la ley; que
todo se ejecutará en quince días.—Con esta
determinación de María santísima se renovó el júbilo de
su santa prima Isabel, y reconociendo este gran
beneficio, dio por él humildes gracias al Señor y también
a la Reina santísima. Y habiéndose recreado y vivificado
con sus avisos y advertencias, trató la santa matrona de
prevenirse para el parto y para la partida de su soberana
prima.
Doctrina que me dio la divina Reina y Señora María
santísima.
268. Hija mía, cuando el deseo de la criatura nace de
afecto pío y devoto, encaminado con intención recta a
santos fines, no se desagrada el Altísimo de que se le
proponga, como sea con rendimiento a su mayor agrado
y con resignación, para ejecutar lo que su divina
Providencia dispusiere de todo. Y cuando las almas se
ponen en presencia del Señor con esta conformidad e
igualdad de ánimo, como piadoso padre las mira y
siempre las concede lo que es justo y las niega y desvía
lo que no lo es, o no les conviene para su salud verdadera.
De celo piadoso y bueno nació el deseo que mi
prima Isabel tenía, de acompañarme toda su vida y no
alejarse de mí, pero no era esto conveniente, conforme a
la determinación del Altísimo que tenía de todas mis
operaciones, peregrinaciones y sucesos que me
esperaban. Y aunque se le negó esta petición, no
desagradó al Señor en ella, pero se le concedió lo que no
impedía a los decretos de su santa voluntad y sabiduría
infinita, y resultaba en beneficio suyo y de su hijo San
Juan Bautista. Y por el amor que a mí me tuvieron hijo y
madre y por mi intercesión, los enriqueció el
Todopoderoso de grandes bienes y favores. Siempre es
medio eficacísimo con Su Majestad pedirle con buena
voluntad e intención por medio de mi intercesión y
devoción.
269. Todas tus peticiones y ruegos quiero que los
ofrezcas en nombre de mi Hijo santísimo y en el mío, y
confía sin recelo que serán admitidos, si con rectísima
intención del agrado de Dios los encaminares. Mírame
con afecto amoroso como a Madre, amparo y refugio tuyo
y entrégate a mi devoción y amor; y advierte, carísima,
que el deseo que tengo de tu mayor bien me obliga a
enseñarte el medio más poderoso y eficaz por donde con
la divina gracia llegues a conseguir grandes tesoros y
beneficios de la liberalísima mano del Señor. No te
indispongas para ellos, ni los retardes por tu remisión
temerosa. Y si deseas granjearme para que te ame como
a hija muy querida, desvélate en imitar lo que de mí te
manifiesto y enseño; y en esto emplea tus fuerzas y
cuidado, dando por bien empleado cuanto trabajares por
conseguir el efecto de mi enseñanza y doctrina.
Apostolado del Trabajo de Dios - mcdd #94                                                 INDICE  Arriba ^^

 

 El Trabajo de Dios
www.theworkofgod.org/Spanish

 Mística Ciudad de Dios, Virgen María - Pide santa Isabel a la Reina del cielo la asista a su parto y tiene luz del nacimiento de San Juan Bautista.