Apostolado del Trabajo de Dios
Mística Ciudad de Dios - Virgen María Por María de Agreda

Treasury of Prayers - Spiritual meditations, inspirations, reflections, great treasure - The Work of God - Index
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  - Treasury of Prayers, Catholic inspirations, meditations, reflexionsLas advertencias y doctrina que dio María santísima a Santa Isabel por petición suya; circuncidan y le ponen nombre a su hijo y profetiza Zacarías.

  INDICE            Libro  3   Capítulo  23    Versos:  283-303


283. Era inexcusable la vuelta de María santísima para
Nazaret, habiendo ya nacido el precursor de Cristo; y
aunque Santa Isabel como prudente y sabia se
conformaba en esto con la divina disposición, y con ella
moderaba en parte su dolor, con todo eso deseaba
recompensar en algo su soledad con la enseñanza y
doctrina de la Madre de la sabiduría. Con este intento la
habló, y la dijo: Señora mía y Madre de mi Criador, yo
conozco que ya disponéis vuestra partida y mi soledad,
en que me ha de faltar vuestra amable compañía,
amparo y protección. Suplicóos, prima mía, que en
ausencia vuestra merezca yo quedar con alguna
instrucción que me ayude a gobernar todas mis acciones
para mayor agrado del Altísimo. En vuestro virginal
tálamo tenéis al maestro que enmienda a los sabios (Sab
7, 15) y a la misma fuente de la luz y por él venís a
participarla para todos; comunicad a vuestra sierva
alguno de los rayos que reverberan en vuestro purísimo
espíritu, para que el mío sea ilustrado y encaminado por
las sendas rectas de la justicia (Sal 22, 3), hasta llegar a
ver el Dios de los dioses en Sión (Sal 83, 8).
284. Estas razones de Santa Isabel movieron en María
santísima alguna ternura y compasión, y con ella
respondió, dándole a su prima celestiales documentos
para gobernarse en lo que le restaba de vida y que sería
breve; pero que el Altísimo cuidaría del niño, y también
la misma Reina se lo pediría a Su Majestad. Y aunque no
es posible referir todo lo que la divina Señora advirtió y
aconsejó a Santa Isabel en estas dulcísimas pláticas
para despedirse, diré algo, como se me ha manifestado,
o como alcanzan mis cortos términos, de lo que entiendo.
Dijo María santísima: Prima y amiga mía, el Señor os
eligió para sus obras y sacramentos altísimos, de que se
dignó comunicaros tanta luz y que yo os manifestase mi
corazón. En él os llevo escrita para presentaros ante su
grandeza, y no me olvidaré de vuestra piedad humilde
que habéis mostrado con la más inútil de las criaturas;
pero de mi Hijo santísimo y mi Señor espero recibiréis
copiosa remuneración.
285. Levantad siempre vuestro espíritu y mente a las
alturas y con la luz de la gracia que tenéis no perdáis de
vista al inmutable ser de Dios eterno e infinito y la
dignación de su bondad inmensa con que se movió a
criar, hacer de nada las criaturas, para levantarlas a su
gloria y enriquecerlas con sus dones. Esta deuda común
de toda criatura la hizo más propia para nosotras la
misericordia del Altísimo, cuando nos adelantó en esta
noticia y luz, para que nos dilatemos hasta
recompensar con nuevo agradecimiento la ciega
ingratitud de los mortales, que con ella están más lejos
de conocer y magnificar a su Criador. Y éste ha de ser
nuestro oficio, desembarazando el corazón, porque libre
y suelto camine a su dichoso fin. Para esto, amiga mía, os
encargo mucho le alejéis y desviéis de todo lo terreno,
aunque sea de las cosas propias, para que desasida de
los impedimentos de la tierra os levantéis a los divinos
llamamientos y esperando la venida del Señor, y que
cuando llegue respondáis con alegría y sin violencia
dolorosa, que el alma siente cuando es tiempo de
dividirse del cuerpo y de todo lo demás que ama con
demasía. Ahora que es el tiempo de padecer y de
adquirir la corona, procuremos merecerla y caminar
con velocidad para llegar a la íntima unión de nuestro
verdadero y sumo bien.
286. A Zacarías, vuestro marido y cabeza, el tiempo que
tuviere de vida, procurad con especial rendimiento
obedecerle, amarle y servirle. A vuestro milagroso hijo
ofrecedle siempre a su Criador, y en Su Majestad y para
él, podéis amarle como madre, porque será gran profeta,
y con el celo de Elias (Lc 1, 17) que le dará el Altísimo
defenderá su ley y su honor, procurando la exaltación de
su santo nombre. Y mi Hijo santísimo, que le ha elegido
por su precursor y embajador de su venida y doctrina, le
favorecerá como a su privado y llenará de dones de su
diestra y le hará grande y admirable en las generaciones
y generaciones y manifestará al mundo su grandeza y
santidad.
287. En toda vuestra casa y familia procurad con
ardiente celo que sea temido, venerado y reverenciado el
santo nombre de nuestro Dios y Señor de San Abrahán,
Isaac y Jacob. Y sobre este cuidado le tendréis grande de
favorecer a los necesitados y pobres cuanto fuere
posible; enriquecedlos con los bienes temporales que con
abundante mano os concedió el Altísimo, para que con la
misma liberalidad los dispenséis con los menesterosos,
pues son más suyos que vuestros cuando todos somos
hijos de un Padre que está en los cielos, cuyo es todo lo
criado; y no es razón que siendo el padre rico, quiera un
hijo ser y estar sobrado para que su hermano viva pobre
y desvalido, y en eso seréis muy aceptable al Dios de las
misericordias inmortal. Continuad lo que hacéis y
ejecutad lo que tenéis pensado, pues San Zacarías lo
remite a vuestra disposición; con este permiso podéis ser
liberal. Con todos los trabajos que el Señor os diere
confirmaréis vuestra esperanza y con las criaturas seréis
benigna, mansa, humilde, apacible y muy paciente, con
interior júbilo del alma, aunque sean algunas
instrumento de vuestro ejercicio y corona. Por los
altísimos misterios que el Señor os ha manifestado, le
bendecid eternamente y pedidle la salud de las almas
con incesante amor y celo; y por mí rogaréis a su
grandeza me gobierne y encamine para que yo dispense
dignamente y con su agrado el sacramento que de tan
humilde y pobre sierva ha fiado su bondad inmensa.
Enviad por mi esposo que me acompañe, y en el ínterin
disponed la circuncisión de vuestro niño y ponedle por
nombre Juan; porque éste le ha dado el Altísimo y es
decreto de su inmutable voluntad.
288. Este razonamiento, con otras palabras de vida
eterna que habló María santísima, hicieron en el corazón
de Santa Isabel efectos tan divinos, que quedó la santa
matrona por un rato absorta y enmudecida con la fuerza
del espíritu que la iluminaba, enseñaba y la levantaba en
pensamientos y afectos de tan celestial doctrina; porque
el Altísimo, mediante las palabras de su Madre
purísima como instrumento vivo, vivificaba y renovaba el
corazón de su sierva. Y después de moderadas algo sus
lágrimas, habló y dijo: Señora mía y Reina de todo lo
criado, entre mi dolor y mi consuelo estoy enmudecida.
Oíd las palabras de lo íntimo de mi corazón, que allí se
forman las que no puedo manifestar. Mis afectos os dirán
lo que mi lengua no puede pronunciar. Al Todopoderoso
remito el retorno de lo que me favorecéis, que es el
remunerador de lo que los pobres recibimos. Sólo os pido
que, pues en todo sois mi amparo y causa de mi bien, me
alcancéis gracia y fuerzas para ejecutar vuestra doctrina
y tolerar La ausencia de vuestra dulce compañía, que es
grande mi dolor.
289. Trataron luego de la circuncisión del niño de
Isabel, porque ya se llegaba el tiempo determinado por
la ley. Y conforme a la costumbre de los judíos, en
especial de los nobles, se juntaron en casa de Zacarías
muchos deudos de su linaje y otros conocidos y llegaron a
conferir qué nombre se le daría al infante; porque a más
de que en esto solían hacer grandes reparos y consultas y
era costumbre en ellos ventilar el nombre que se había
de poner a los hijos, en esta ocasión la razón era
extraordinaria, por la calidad de Zacarías y Santa Isabel
y porque todos ponderaban mucho la maravilla de haber
concebido y parido siendo vieja y estéril y en ello
suponían algún misterio grande. Estaba mudo San
Zacarías, y así fue necesario que su mujer Santa Isabel
presidiese en aquella junta; y sobre el concepto y
veneración que de ella todos hacían, estaba tan
renovada y realzada en santidad, después de la visita y
conocimiento de la Reina del cielo y de sus misterios y
larga conversación, que todos los deudos y vecinos y
otros muchos conocieron esta mudanza; porque hasta en
el rostro manifestaba un linaje de resplandor que la
hacía venerable y admirable, y se conoció en ella la
reverberación de los rayos de la divinidad, en cuya
vecindad vivía.
290. Hallóse presente a esta junta la divina Señora
María santísima, porque Santa Isabel se lo pidió con
mucha instancia, y la venció para esto, interponiendo un
género de mandato muy reverencial y humilde. Obedeció
la gran Señora, pero alcanzando primero del Altísimo que
no la diese a conocer ni manifestase cosa alguna de sus
ocultos beneficios por donde fuese aplaudida y
celebrada. Consiguió su deseo la humildísima entre los
humildes. Y como los del mundo dejan humillar a los que
con ostentación no se manifiestan y señalan, no hubo
quien reparase en ella con atención particular, más que
sola Santa Isabel, que la miraba con interior y exterior
veneración y reconocía que por su dirección se
gobernaba el acierto de aquella determinación. Sucedió
luego lo que se refiere en el Evangelio de San Lucas (Lc 1,
59-63), que unos llamaban al niño Zacarías como a su
padre, pero la prudente madre, asistida de la Maestra
santísima, dijo: Mi hijo se ha de llamar Juan.—
Replicaron los deudos que nadie de su linaje había
tenido tal nombre; porque siempre se ha hecho grande
estimación de los nombres de los más ilustres antecesores
para imitarlos en algo. Santa Isabel hizo nueva
instancia que el niño se llamase Juan.
291. Aunque estaba mudo San Zacarías, desearon los
parientes saber por señas lo que sentía sobre esto, y
pidiendo con ellas la pluma escribió: Joannes est nomen
ejus (Lc 1, 63). Al mismo tiempo que lo escribía, usando
María santísima de la potestad que tenía de Reina, concedida
por Dios sobre las cosas naturales criadas, mandó
a la mudez de San Zacarías que le dejase libre y a su
lengua que se desatase y bendijese al Señor, que era ya
tiempo. Y a este divino imperio se halló libre y comenzó a
hablar con admiración y temor de todos los presentes,
como el Evangelio dice (Lc 1, 64-65). Y aunque es verdad
que el Santo Arcángel Gabriel, como parece del mismo
Evangelio, le dijo a San Zacarías que por su incredulidad
quedaría mudo hasta que se cumpliese lo que le
anunciaba, pero esto no es contrario de lo que aquí digo;
porque el Señor, cuando revela algún decreto de su
divina voluntad, aunque sea eficaz y absoluto, no siempre
declara los medios por donde lo ha de ejecutar como los
tiene previstos en su ciencia infinita; y así el Ángel
declaró a Zacarías la pena de su incredulidad en la
mudez, mas no le dijo que se la quitaría por intercesión
de María santísima, aunque así lo tenía previsto y
determinado.
292. Pues así como la voz de María Señora nuestra fue
instrumento para santificar al niño San Juan Bautista y a
su madre Santa Isabel, también su imperio oculto y su
oración fueron instrumentos del beneficio de San
Zacarías en soltarse su lengua, y que fuese también lleno
de Espíritu Santo y del don de la profecía con que habló,
y dijo (Lc 1, 68-79):
68 Bendito sea el Señor Dios de Israel, porque ha
visitado * y redimido a su pueblo: 69) y nos ha suscitado
un poderoso salvador en la casa de David, su siervo; 70)
según lo tenía anunciado por boca de sus santos
profetas, que han florecido en todos los siglos pasados:
71) para librarnos de nuestros enemigos, y de las manos
de todos aquellos que nos aborrecen: 72) ejerciendo su
misericordia con nuestros padres, y teniendo presente su
alianza santa, 73) conforme al juramento * con que juró a
nuestro padre Abraham que nos otorgaría la gracia 74)
de que libertados de las manos de nuestros enemigos, le
sirvamos sin temor *, 75) con verdadera santidad y
justicia ante su acatamiento, todos los días de nuestra
vida. 76) Y tú, ¡oh niño!, serás llamado el profeta del
Altísimo: porque irás delante del Señor a preparar sus
caminos, 77) enseñando la ciencia de la salvación a su
pueblo, para que obtenga el perdón de sus pecados, 78)
por las entrañas misericordiosas de nuestro Dios, que ha
hecho que ese sol naciente haya venido a visitarme de lo
alto del cielo *, 79) para alumbrar a los que yacen en las
tinieblas y en la sombra de la muerte: para enderezar
nuestros pasos por el camino de la paz.
293. En este divino cántico recopiló Zacarías los
altísimos misterios que los antiguos profetas habían dicho
por más extenso de la divinidad, humanidad y redención
de Cristo, que todos profetizaron; y en pocas palabras
encerró muchos y grandes sacramentos y los entendió
con la copiosa gracia que iluminó su espíritu y le levantó
con ardentísimo fervor en presencia de todos los que
habían concurrido a este acto de la circuncisión de su
hijo; porque todos vieron el milagro de desatársele la
lengua y profetizar tan divinos misterios; cuya
inteligencia, como la tuvo el Santo Sacerdote, no
fácilmente puedo yo explicar.
294. Bendito sea el Señor Dios de Israel, dice,
conociendo que pudo el Altísimo con solo su querer o su
palabra hacer la redención de su pueblo y darle la salud
eterna; pero no se valió de solo su poder, sino también de
su inmensa bondad y misericordia, bajando el mismo Hijo
del eterno Padre a visitar su pueblo y hacer oficio de
Hermano en la naturaleza humana, de Maestro en la
doctrina y ejemplo y de Redentor en la vida, pasión y
muerte de cruz. Conoció entonces Zacarías la unión de
las dos naturalezas en la persona del Verbo y con
claridad sobrenatural vio este gran misterio ejecutado en
el tálamo virginal de María santísima. Entendió asimismo
la exaltación de la humanidad del Verbo con el triunfo
que había de alcanzar Cristo Dios y hombre, dando salud
eterna al linaje humano, conforme a las promesas divinas
hechas a Santo Rey David, su padre y ascendiente. Y que
esta misma promesa estaba hecha al mundo por las
profecías de los Santos y Profetas, desde su principio y
primero ser; porque desde la creación y primera
formación comenzó Dios a encaminar la naturaleza y la
gracia para su venida al mundo, encaminando desde
Adán todas sus obras para este dichoso fin.
295. Entendió cómo el Altísimo ordenó que por estos
medios alcanzásemos la salud de la gracia y vida eterna,
que nuestros enemigos perdieron por su soberbia y
pertinaz inobediencia, por lo cual fueron derribados al
profundo; y los solios que les tocaran, si fueran
obedientes, quedaron destinadas para los que lo fuesen
entre los mortales. Y desde entonces se convirtió contra
ellos la enemistad y odio de la antigua serpiente
concebida contra el mismo Dios, en cuya mente divina
estábamos entonces encerrados y decretados por su
eterna y santa voluntad; y que habiendo caído de su
amistad y gracia nuestros primeros padres Adán y Eva,
los levantó y puso en lugar y estado de esperanza y no
los dejó ni castigó como a los rebeldes Ángeles, antes
para asegurar a sus descendientes de la misericordia
que con ellos tenía, envió y destinó los vaticinios y figuras
en que dispuso el Antiguo Testamento que había de
ratificar y cumplir en el Nuevo con la venida del
Reparador y Redentor. Y para que tuviese mayor firmeza
esta esperanza, se lo prometió a nuestro padre Abrahán
con la fuerza de su juramento que hizo de hacerle padre
de su pueblo y de la fe. Y para que asegurados de tan
admirable y poderoso beneficio, como prometernos y
darnos a su mismo Hijo hecho hombre, con la libertad de
hijos de adopción en que por él éramos reengendrados,
sirviésemos al mismo Dios sin temor de nuestros
enemigos, que ya por nuestro Redentor estaban rendidos
y vencidos.
296. Y para que entendiésemos lo que nos había
granjeado con su venida el Verbo eterno para servir con
libertad al Altísimo, dice que fue la justicia y santidad
con que renovó al mundo y fundó su nueva ley de gracia
por todos los días del siglo presente y por los de cada
uno de los hijos de la Iglesia, en donde han de vivir en
santidad y justicia, si como todos pueden, todos lo
hicieran. Y porque conoció San Zacarías en su hijo San
Juan Bautista el principio de la ejecución de tantos
sacramentos como le mostraba la divina luz,
convirtiéndose a él le dio la enhorabuena y le intimó y
profetizó su dignidad, santidad y ministerio, diciendo: Y
tú, niño, te llamarás profeta del Altísimo, porque irás
delante de su cara, que es su divinidad, aparejando sus
caminos con la luz que darás a su pueblo de la venida de
su Reparador, para que con su predicación tengan los
judíos noticia y ciencia de su salud eterna, que es Cristo
nuestro Señor su prometido Mesías; y le reciban
disponiéndose con el bautismo de la penitencia y
remisión de los pecados y conozcan que viene a perdonar
a los suyos y los de todo el mundo; pues a todo esto le
movieron las entrañas de su misericordia, por la cual, y
no por nuestros merecimientos, se dignó de visitarnos,
naciendo y descendiendo de lo alto del seno de su eterno
Padre para dar luz a los que, ignorando la verdad por tan
largos siglos, han estado y están como asentados en las
tinieblas y sombra de la eterna muerte, y enderezando
sus pasos y los nuestros en el camino de la verdadera paz
que aguardamos.
297. Todos estos misterios con mayor plenitud y
profundidad entendió San Zacarías por divina revelación,
y los comprendió en su profecía. Y algunos de los que
presentes le oyeron, fueron también ilustrados con los
rayos de la luz del Altísimo, para conocer cómo era ya
llegado el tiempo del Mesías y cumplimiento de las
profecías antiguas. Y con la noticia y vista de tan nuevas
maravillas y prodigios, admirados decían (Lc 1, 66):
¿Quién será este niño con quien la mano del Señor se
manifiesta tan poderosa y admirable? El infante fue circuncidado
y le pusieron Juan por nombre, en que su
padre y madre milagrosamente concurrieron, y
cumplieron en todo con la ley; y en las montañas de
Judea se divulgaron estas maravillas.
298. Reina y Señora de todo lo criado, admirada de
estas maravillosas obras que por vuestra intervención
hizo el brazo poderoso en vuestros siervos Isabel, Juan y
Zacarías, considero el diferente modo que tuvo en ellas
la divina Providencia y Vuestra rara discreción. Porque al
hijo y a la madre sirvió de instrumento Vuestra dulcísima
palabra, para ser santificados con plenitud del Espíritu
Santo, y esta obra fue oculta y en secreto; y para que
hablase Zacarías y fuese asimismo ilustrado, sólo
intervino Vuestra oración e imperio oculto, y este
beneficio fue manifiesto a los circunstantes, que conocieron
la gracia del Señor en el Santo Sacerdote. Ignoro
la razón de estos prodigios, y presento a vuestra
dignación todas mis ignorancias, para que como maestra
mía me gobernéis.
Respuesta y doctrina de la Reina y Señora del mundo.
299. Hija mía, por dos razones fueron ocultos los efectos
divinos que mi Hijo santísimo obró por mí en San Juan y
en su madre Santa Isabel, y no los de San Zacarías. La
una, porque Santa Isabel mi sierva exclamó y habló con
claridad en alabanza del Verbo humanado en mis entrañas
y mía, y convenía que entonces no se manifestase
tan expresamente el misterio ni mi dignidad, porque la
venida del Mesías se había de manifestar por otros
medios más convenientes. La otra razón fue, porque no
todos los corazones estaban dispuestos como el de Santa
Isabel para recibir tan preciosa y nueva semilla, ni
percibieran sacramentos tan altos con la veneración
debida. Y fuera de esto, para manifestar entonces lo que
convenía, era más a propósito el Sacerdote San Zacarías
por su dignidad, de quien se pudiera recibir el principio
de la luz con más aceptación que de Santa Isabel en presencia
de su marido; y lo que dijo ella se reservó para su
tiempo. Y aunque las palabras del Señor ellas se llevan
consigo la fuerza, con todo eso era más suave y
acomodado modo aquel medio del Sacerdote para los
ignorantes y poco ejercitados en los misterios divinos.
300. Convenía asimismo acreditar y honrar la dignidad
del Sacerdote, de quien hace tanta estimación el
Altísimo, que si en ellos halla la disposición debida
siempre los engrandece y comunica su espíritu, para que
el mundo los tenga en veneración como a sus escogidos y
ungidos; y en ellos tienen menos peligros las maravillas
del Señor, por mucho que se manifiesten; y si
correspondieran a su dignidad, habían de ser sus obras
de serafines y sus semblantes de ángeles entre las
demás criaturas, su rostro había de resplandecer como el
de Moisés cuando salió de la presencia y trato del Señor
(Ex 34, 29) y por lo menos deben de comunicar con los
demás hombres de manera que se hagan respetar y
venerar después del mismo Dios. Y quiero, carísima, que
entiendas está hoy el Altísimo muy indignado con el
mundo, entre otras ofensas por las que recibe sobre esto,
así de los Sacerdotes como de los legos. Con los
Sacerdotes, porque olvidados de su altísima dignidad, la
ultrajan con hacerse viles y contentibles y manuales, y
escandalosos muchos, dando mal ejemplo al mundo, que
ocasionan con el desprecio de su santificación. Y con los
legos, porque son temerarios y atrevidos contra los
cristos del Señor, a los cuales, aunque sean imperfectos y
no de loable conversación, con todo eso los deben honrar
y reverenciar en lugar de Cristo mi Hijo santísimo en la
tierra.
301. Por esta veneración del Sacerdote procedí yo
también diferentemente que con Santa Isabel. Porque si
bien el Altísimo ordenó que fuese yo el conducto o
instrumento para comunicarles su divino Espíritu, pero a
Santa Isabel de tal suerte la saludé que con la voz de mi
salutación mostré alguna superioridad, para mandar al
pecado original que su hijo tenía, y desde entonces se le
había de perdonar por medio de mis palabras, dejando
llenos de Espíritu Santo a hijo y madre. Y como yo no
había contraído el pecado original, sino que fui libre y
exenta de él, tuve imperio y dominio en aquella ocasión,
mandándole como Señora que había triunfado de él por
la preservación del Altísimo, y no como esclava, como lo
quedan todos los hijos de Adán que en él pecaron. Pues
para librar a mi siervo San Juan Bautista de esta
servidumbre y prisiones del pecado, quiso el Señor que
imperase como quien jamás había estado sujeta a él. A
San Zacarías no le saludé por este modo de dominio, mas
rogué por él, guardándole la reverencia y decoro que
pedía su dignidad y mi recato. Y aun el mandar a su
lengua que se desatase, aunque fue mental y ocultamente,
no lo hiciera yo por el respeto del Sacerdote, si no
me lo mandara el Altísimo, dándome también a conocer
que la persona del Sacerdote no estaba bien dispuesta
con la imperfección y defecto de la mudez; porque con
todas sus potencias ha de estar expedito y dispuesto
para el servicio y alabanza del Señor. Y porque en esta
materia de respetar a los Sacerdotes te diré más en otra
ocasión, baste ahora esto para responderte a la duda
que tenías.
302. La doctrina que ahora te doy sea, que con todas
las personas que tratares, superiores o inferiores, de
todas procures ser enseñada en el camino de la virtud y
vida eterna. Y en esto imitarás lo que hizo conmigo mi
sierva Santa Isabel, pidiendo a todos, con el modo y
prudencia que debes, te adiestren y encaminen; que por
esta humildad dispone tal vez el Señor la buena dirección
y acierto y envía su luz divina; y lo hará contigo, si
procedes con sencilla discreción y celo de la virtud.
Procura también arrojar de ti o no admitir ningún linaje o
asomo de lisonjas de criaturas y las conversaciones
donde las puedes oír, porque esta fascinación oscurece
la luz y pervierte el sentido inadvertido. Y el Señor es tan
celoso con las almas que mucho ama, que al punto se
retira si ellas admiten alabanzas humanas y se pagan de
sus lisonjas, porque con esta liviandad se hacen indignas
de sus favores. Y no es posible concurrir juntos en un
alma la adulación del mundo y los regalos del Altísimo,
los cuales son verdaderos, santos, puros, estables, que
humillan, limpian, pacifican e ilustran el corazón: y por el
contrario las caricias, lisonjas de las criaturas son vanas,
inconstantes, falaces, impuras y mentirosas, como salidas
de la boca de aquellos que ninguno deja de mentir; y
todo lo que es mentira es obra del enemigo.
303. Tu Esposo, hija mía carísima, no quiere que tus
orejas se apliquen a oír ni admitir fabulaciones falsas y
terrenas, ni que las adulaciones del mundo las inficionen
ni manchen, y así quiero que para todos estos engaños
venenosos las tengas cerradas y defendidas con fuerte
custodia para que no los percibas. Y si tu Dueño y Señor
se deleita de hablarte al corazón palabras de vida
eterna, razón será que para oír sus caricias y atender a
su amor te hagas insensible, sorda y muerta a todo lo
terreno, y que todo sea tormento y muerte para ti. Mira
que le debes grande fineza y que todo el infierno junto,
valiéndose de la blandura de tu natural, quiere
pervertírtele, para que le tengas suave para las criaturas
e ingrato a Dios eterno. Vela y cuida de resistirle fuerte
en la fe (1 Pe 5, 9) de tu amado Dueño y Esposo.
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