El Purgatorio

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Después del Juicio particular, el alma siente esa necesidad de purificarse para poder estar en la Presencia de Dios para toda la eternidad. Ese gozo de haber estado en su Presencia por tan solo un instante le causa hambre insaciable de Dios y deseo de sentirse totalmente purificada para disfrutar de la visión beatífica.

Aunque el pecado haya sido perdonado en la tierra, si no se hizo reparación por sus culpa, el alma deberá purificarse así como el oro es purificado en el fuego hasta que cualquier mancha que no se limpió con la sangre de Cristo aquí en la tierra sea purificada con el fuego de la Justicia Divina. De ahí la importancia de la reparación que todos debemos hacer constantemente con la caridad hacia el prójimo, y con virtudes que remplacen los vicios y pecados que el alma ha tenido en la vida mortal. En el Purgatorio el alma no puede rezar por ella misma, pues lo que no se hizo en vida, no se puede hacer después de la muerte, así que el alma queda a la merced de la misericordia de las personas en la tierra que recen por ella. El amor de Dios es un fuego consumidor, y el alma debe ser purificada en el amor. Esta purificación se puede encontrar aquí en la tierra si vivimos la voluntad divina y practicamos la misericordia, si no lo logramos encontraremos en la Justicia Divina el amor de Dios que no nos rechaza pero nos espera en su fuego para purificarnos.

Muchos niegan el Purgatorio, juzgando imperfectamente la misericordia de Dios. Si nada puede entrar al cielo impuro, como entonces podríamos entrar?
Si Pedro se sintió impuro ante la santidad del Señor y le dijo: Apártate de mi Señor que soy pecador, así mismo el alma verá su impureza y reconocerá que no es digno de estar en la presencia de Dios que es un fuego consumidor.

Solo se puede entrar al fuego sin quemarse cuando el alma arde con amor igual que el fuego, y en esto consiste la purificación del alma, en el amor. Amor a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a si mismo. La purificación del amor ha sido alcanzada por muchas almas buenas que vivieron en la tierra para hacer la voluntad de Dios. La Iglesia nos ha dado su testimonio en las vidas de los santos y estos han relatado sus experiencias con almas del Purgatorio, de ahí el conocimiento que nos lleva a hablar del Purgatorio como una realidad que existe después de la muerte. 

El Purgatorio se puede evitar si vivimos una vida santa, que consiste en aceptar la Voluntad de Dios en todas las circunstancias, durante nuestros sufrimientos y especialmente en el momento de la muerte. Podemos demostrar nuestro amor a Dios cuando deseamos vivir en su Presencia y hacemos todas las cosas para Él, con Él, en Él y por Él.

Debemos conocer, amar y servir a Dios. Puesto que Jesús nos ha salvado a través de su sufrimiento en la cruz, debemos de familiarizarnos con su pasión, agonía y muerte. Debemos reconocer que Él está con nosotros (Emanuel) verdaderamente presente en el Santísimo Sacramento del Altar. Debemos de vivir con mucho respeto y agradecimiento la Santa misa, la cual es una reconstrucción no sangrienta del sacrificio del Calvario de la manera que Cristo mismo lo pidió que se hiciera en memoria suya. Debemos recibir la Sagrada Eucaristía, su cuerpo y su sangre en estado de gracia, esto es, habiéndonos confesado de nuestros pecados. Si demostramos ese amor por Cristo en su Presencia Eucarística, tenemos asegurada nuestra salvación, y si hacemos reparación por nuestros pecados, evitamos tener que hacer expiación de ellos en el Purgatorio.

La limosna tiene un valor muy grande ante Dios, la caridad cubre muchos pecados. Una caridad muy grande es ofrecer nuestras buenas obras en expiación de los pecados de las almas del Purgatorio, puesto que ellas no pueden rezar por ellas ni hacer nada aparte de espera nuestra limosna y la misericordia divina.

Ver varios autores sobre el Purgatorio, incluye varias santas.

Realidad del Cielo, Infierno y Purgatorio 

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