El Trabajo de Dios

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Autor: José de Jesús y María
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Séptima palabra en la cruz
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Señor Jesús, tu vida en la tierra está a punto de expirar, tu corazón va a dar su último latido, has agotado el tesoro de tu santa humanidad en la cruz, y con tu último aliento, le dices al Padre:
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu

Padre, en tus manos Yo coloco mi alma que contiene todas las almas; coloco a todos mis hijos ahora en tus manos porque mi vida como ser humano en esta tierra ha llegado al final. Yo los he redimido y ahora voy a tu Gloria. Les he dado el tesoro de mi humanidad para que puedan entrar en nuestra divinidad, he hecho el puente entre el polvo de esta tierra y la luz del Cielo, mi muerte ahora abre las puertas del Cielo a todos.

Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu, y ahora digo mi última palabra a todas las almas.
Mi querida alma, has sido exonerada de todos tus pecados con mi ofrenda sacrificial en la cruz, ahora debes responder a la Divina Misericordia de Dios que te ha ofrecido sangre divina para limpiar la suciedad de tu alma. Todo lo que tienes que hacer es mirar mi sufrimiento y aceptar mi sacrificio en la cruz por ti, abandonar tu orgullo y arrepentirte de tus pecados, venir humildemente a mi Trono de Misericordia y ser restaurado para la Vida Eterna, porque por mi Santas llagas Yo te sano. Además, a medida que experimentas mi perdón, piensa en tu culpabilidad y has reparación constantemente, para que puedas purificar tu alma por completo; deja que mi sangre sacramental te purifique, sepárate de las cosas de este mundo, se generoso, da limosna, y ten tu alma lista para encontrarme en la puerta de la eternidad.

No tengas miedo de poner tu existencia en las manos de tu Padre, después de todo, lo que recibirás es una bendición por rendirte a la Voluntad Divina. Entonces, di cada día a mí y al Padre, Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.
Di, Padre, en tus manos encomiendo mi alma, purifícala con tu luz y déjame experimentar tu bendición. Elimina la nube oscura de mi indiferencia, mi resistencia a tu Voluntad, mi pecaminosidad y mi culpa.

Di, Padre, en tus manos, encomiendo mi vida, déjame experimentar la muerte de todos mis apegos humanos, e incluso de mi propia individualidad, para poder entrar en Ti y volverme Uno contigo. Yo en Ti y Tú en mí.

Di, Padre, en tus manos encomiendo mi corazón, límpialo y purifícalo para que te sirva como tu Trono, tu altar, tu morada terrenal, para que estés complacido de entrar a este pequeño templo hecho con tus manos para el propósito de tu Gloria. Ayúdame a expulsar fuera a todos esos demonios e ídolos falsos que una vez entroné en tu altar sagrado, cuando era un prisionero del pecado. Fortalece tu templo con la Gracia, para que yo pueda estar siempre alerta y nunca deje que ninguna tentación del demonio, el mundo o la carne posea lo que te pertenece. Soy tuyo Padre, me entrego totalmente a Ti, te entrego mi vida, unida a la vida de Jesús en la cruz en su último momento.
Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

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Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.

Apostolado del Trabajo de Dios - tdo©#101


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